Disciplina y Conocimiento

Ir al gimnasio, ponerse a dieta, dejar de fumar… Todos lo hemos hecho alguna vez. Hacerlo es fácil, perseverar en el hábito muy complicado.

De ahí el valor de la disciplina. Estoy ahora trabajando con un cliente japonés y ha hecho enriquecerme en cuanto a la trascendencia del valor de la disciplina que, como todo valor, al encarnarse en uno mismo se convierte en virtud.

Dicen los japoneses que la disciplina acaba venciendo al conocimiento. La disciplina te hace ser persistente, perseverante y exige un orden y una actitud para poder lograr más rápidamente los objetivos deseados, soportando las molestias que ocasiona, que las hay.

Ellos, los japoneses, no han inventado ni descubierto apenas nada. Pero gracias a su disciplina copian las excelencias de los otros, las mejoran, y en ocasiones hasta abaratan los precios. El 10 de los demás, la excelencia, es su 0, y de esa forma cualquier nueva mejora que logren habrá superado ya a la antigua excelencia.

Y sin haber sido pioneros ni en coches, motos ni tecnología hoy vemos como Toyota, Honda, Mitsubishi, Nissan, Suzuki, Kawasaki, Nikon, Yamaha, Panasonic, Toshiba, Hitachi … son líderes en su sector. No inventaron nada, pero su disciplina les llevo al éxito.

Y tres son los aspectos que con respecto a los latinos nos superan ampliamente. Procesos, limpieza y puntualidad.

Procesos en cuanto a que ninguna visión puede hacerse realidad si no va sumada a una metodología en los procedimientos a seguir. A ningún latino se le ocurre leer un manual de un televisor. Presumimos de nuestra intuición que no es sino deseo que las cosas empiecen a dar resultados sin previamente haber hecho un esfuerzo por saber cómo y qué cauces son los correctos para que las cosas funcionen. Y somos capaces de invertir más tiempo del necesario en improvisar que en seguir las pautas que nos establecen los que saben para que en realidad sean efectivas en menor plazo. Pero eso requiere esfuerzo en contra de la improvisación.

Me explicaban los colegas japoneses que en las clases de los niños, al finalizar la jornada, a aquel que había tenido el mejor comportamiento se le honraba con limpiar el aula de los compañeros. Aquí se hace lo mismo con el niño que se porta mal. Para ellos la limpieza es el primer requisito para un trabajo efectivo. Para nosotros un castigo. Por ello, es impensable ver una empresa sucia en el país del sol naciente. Mire aquí a ver qué pasa. Eso al final es cultura de vida y de trabajo. Y la disciplina llevada a la limpieza implica también desechar aquello que ya no hace falta. Cuando entro en un despacho y veo esas montañas de papeles en las mesas sigo recordando cuando empezaba a formarme en aquella filosofía de “cero papeles”. Limpieza física y mental. Ambas nos hacen falta.

Y qué decir del respeto al tiempo, del propio y del ajeno. Cuantas veces decimos “en un segundo estoy” o “ya estoy en nada” cuando aún quizá nos queden varios semáforos por llegar o estemos en la ducha todavía. Valore el tiempo como un bien sagrado.

Procesos, limpieza y puntualidad. Va siendo hora de incorporarlas en nuestra disciplina diaria.

No seré yo quien niegue la visión y la creatividad del latino. Y por ende también sus beneficios. El problema no está en tener esa visión sino en cómo la trasmitimos.

Hay tres formas de poder ejercerla y desde niño nos inculcan esa pedagogía que luego la llevamos a nuestras empresas.

La pedagogía del terror ¿Les suena eso de que la letra con sangre entra? Es cierto que acabamos aprendiendo, más nos vale, que 7×5 son 35. Pero como es aprender con temor, bloqueando nuestra capacidad de creatividad, el problema es si nos preguntan 5×7. El orden de los factores nos altera el resultado. Porque nos enseñan mediante el temor y el castigo. Y el castigo lo único que enseña es lo que no se debe hacer, no cómo hacer bien las cosas. Y cuántos trabajadores tenemos bloqueados por el temor y el miedo. El miedo siempre tapa y calla. Y así es imposible llegar a la excelencia

La pedagogía de la manipulación. Como ya dije en otro artículo, no se trata de querer que nuestros hijos lean. Eso es muy sencillo. Denles 20 € por cada página que lean y lo habrán conseguido. Pero lo habrán educado en la codicia y el chantaje. Igual que nombrar al empleado del mes,. Muy bonito, pero… No. No es lograr que mis hijos lean más, sino que quieran leer. No es que el trabajador trabaje más, sino que quiera trabajar. Del otro modo solo se trabajará por la recompensa, no porque sea algo beneficioso para mí y en consecuencia mi desarrollo personal y profesional.

Llevemos a nuestras empresas la pedagogía de la provocación. Hagamos las cosas porque son buenas para nosotros y nuestros clientes. Provoquemos en nosotros la pasión de saber que nos jugamos el 80% de nuestra vida en nuestro lugar de trabajo y que no podemos vivirlo amargado. No es mover a nuestra gente, es promover en ellos la ilusión y la satisfacción del trabajo bien hecho.

¿Cómo? Como todo en la vida. Entrenando. Y hay buenos entrenadores. Se lo aseguro.

Fuente: José Pomares.

C. Marco

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