No son Recursos, son Humanos

Para un líder es más importante ser que hacer, la emoción que el intelecto, el espíritu que la materia.

Ante todo, los valores y atributos que definen su carácter es lo que transmitirá a sus empleados. Enseñamos lo que sabemos, pero contagiamos nuestra forma de vivir.

La consciencia nos permite enfrentar nuestras circunstancias y dedicarnos a concretar nuestros objetivos actuando de acuerdo a nuestros valores.

Y en ocasiones confundimos el conocimiento con la consciencia. Yo puedo conocer mi cuerpo (lo que me hace bien o mal) pero no siempre actúo conscientemente con el mismo (véase una buena borrachera).

Lo mismo ocurre con las empresas y su forma de dirigir y liderar.

Se suele contratar a las personas en base a sus conocimientos técnicos pero se les acaba despidiendo por no saber poner en práctica sus habilidades emocionales. El que simplemente sea un genio, vale para autónomo, pero la comunidad que conforma una empresa requiere de otros requisitos.

Lo primero que tenemos que hacer es ver a nuestra gente como seres humanos más que como recursos humanos.

Nunca me ha gustado eso de “Recursos humanos”, porque la única manera feliz de alcanzar objetivos, resultados y fines es comenzar por principios que valoren lo humano de los recursos.

Y cada vez menos se tienen y trabajan principios y valores humanos. Sólo recursos.

Los valores que buscamos en las personas para desarrollar un alto desempeño solo los podremos obtener si lo dejamos florecer del interior de cada persona.

El amor y el entusiasmo con que las personas hacen su trabajo no se puede comprar.

Revise los contratos de su gente. En ninguna clausula figura el entusiasmo, optimismo, fe y pasión con la que va a desempeñar su tarea.

La entrega no se exige, se regala. Y hay que ganársela día a día.

Ya no basta para tener éxito empresarial empleados con un alto nivel de conocimientos técnicos sino igualmente con un máximo nivel de consciencia aplicada.

Los empleados conscientes son el activo más importante de una empresa, al igual que los inconscientes son el pasivo más costoso.

Un empleado con un alto grado de consciencia y compromiso personal ha de tener responsabilidad (responder con habilidad a los obstáculos que vayan surgiendo en su vida), integridad (que su pensar y sentir concuerden con su actuar), humildad (el magnetismo de una persona se basa en su humildad; de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino a los demás), comunicación (siendo conscientes que oír no es escuchar), capacidad de negociación (para aplicar el ganar/ganar y no vivir con la finalidad de derrotar a sus oponentes), coordinación (a sabiendas que gana más quien sirve mejor) e inteligencia emocional (saber ponerse en el lugar de la otra persona entendiendo sus variables emociones)

Es fácil comprender en qué consisten estas cualidades, pero difícil ponerlas en práctica.

Las conocemos, pero no sabemos cómo implementarlas ya que son de sentido común pero no de práctica común.

A su vez estos empleados necesitan de gerentes y directivos con un alto grado de consciencia de sí mismos y de su puesto.

Son los que crean el entorno adecuado y reconocen, apoyan y estimulan a sus subordinados para afrontar los desafíos que tienen por delante.

Si los directivos no ven a los trabajadores como individuos únicos y valiosos sino como herramientas que pueden descartarse cuando ya no son necesarias, los empleados tampoco verán a la empresa como algo con más valor o significado que ser una pagadora de sueldos.

En tales condiciones es difícil hacer un buen trabajo, y más aún, disfrutar de la propia tarea.

Piense que el tipo de relación que tenga un empleado con su jefe inmediato será el factor determinante para saber cuanto tiempo se quedará en su organización y su nivel de productividad. Asusta pero es así.

Y para conseguir empleados con un alto de nivel de compromiso y consciencia, tenga claro que debe saber lo que se espera de él en su trabajo, disponer de los materiales precisos para efectuarlo con eficacia y eficiencia, tener la oportunidad de hacer diariamente lo que en verdad mejor sabe hacer, recibir periódicamente reconocimiento y valoración de su desempeño si así lo merece, que note el interés de su jefe inmediato en su desempeño laboral, ser consciente de que su opinión es importante en la empresa, pertenecer a un equipo de alto desempeño que igualmente se comprometa en la tarea diaria y que la empresa le proporcione un plan de carrera que le ayude a crecer y aprender.

La próxima vez que contrate  a alguien para su corporación, vea menos su curriculum y hable con él para que le responda a estas tres preguntas ¿quien eres?, ¿a dónde vas? y ¿para qué estás aquí?

Recibirá, si sabe contestarlas, información muy  valiosa para su futuro desempeño.

Contrate la actitud y entrene la habilidad. 

Fuente: José Pomares.

C. Marco

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