El valor de encontrar motivación en el Trabajo

Cualquier trabajo que desarrollemos en nuestra vida, va a requerir de una formación más o menos compleja para poder desarrollarlo de forma eficiente. Y esto va a ser válido para cualquier tipo de trabajo, remunerado (al que llamamos Empleo) o no.

Pero junto a lo anterior, todo trabajador incorpora a su trabajo un componente de disposición motivacional, justamente aquella que le impele a realizar su trabajo gracias a la subsiguiente satisfacción de una o varias necesidades personales. Como es obvio, no me estoy refiriendo sólo a la remuneración, ya que ésta, por sí misma, no es capaz de explicar la incorporación, mantenimiento o cambio de una actividad productiva a otra.

No me cabe ninguna duda de que somos seres vivos eminentemente sociales. Necesitamos relacionarnos con los demás, interactuar, pertenecer a un “sujeto” social que trasciende lo individual, y dentro del cual obtenemos la satisfacción de la mayoría de nuestras necesidades personales.

Pero NO todos tenemos las mismas necesidades. Tampoco las gratificamos por las mismas vías ni a través de las mismas conductas. La evidencia experimental acumulada por la Psicología Social ha podido aislar algunas motivaciones psicosociales básicas que se encuentran a la base de nuestra conducta social y, por supuesto, de nuestra conducta productiva o laboral.

  1. Necesidad de Pertenencia: de integración en el grupo, hasta el punto de que la exclusión y el rechazo llega a constituirse en un foco de estrés que empeora la Salud física y psicológica, favoreciendo el desarrollo de enfermedades. Esto puede llegar a evidenciarse especialmente en los desempleados de larga duración, donde la exclusión laboral ha incorporado una exclusión multifactorial, que genera una dificultad incrementada para el acceso a recursos materiales y emocionales. La exclusión implica una reacción emocional intensa y de valencia negativa incluso en entornos virtuales, como se puede deducir de los experimentos llevados a cabo por Williams y cols. (2001). Pudieron demostrar que el ostracismo y la exclusión en Internet es experimentada por los sujetos ante determinadas condiciones de interacción. Y no sólo esto, sino que descubrieron que los sujetos que experimentaban estas emociones de rechazo, incrementaban la actividad de una zona cerebral del córtex asociada al dolor físico, lo que induce a sospechar la conexión de los mismos circuitos cerebrales para el dolor físico y el emocional. Esto también ocurre, por ejemplo, en las personas que sufren acoso laboral en el trabajo, que suelen soportar un intento de exclusión de la dinámica de las relaciones laborales.
  2. Necesidad de una Identidad positiva: El concepto del Yo en Psicología es un concepto central, ya que nuestra organización del Yo determinará la  integración e importancia diferencial de nuestros pensamientos, emociones y conductas. Lo que soy Yo para mí es lo que en Psicología se denomina el Autoconcepto. Una aproximación al Autoconcepto de cada uno de nosotros se puede obtener mediante un sencillo ejercicio, añadiendo cinco respuestas a la frase “Yo soy…”. Dependiendo de las respuestas obtenidas, podemos definirnos como positivos o negativos, activos o pasivos, dominantes o sumisos, optimistas o pesimistas,…y de otras mil maneras. Pero lo realmente importante del autoconcepto es que puede explicar la probabilidad de que nos impliquemos en unas y no en otras conductas. Sin embargo, el Yo es un concepto dinámico,   que puede cambiar y de hecho cambia a lo largo del tiempo, basado en gran parte en experiencias sociales, y en las expectativas que nos creamos acerca de las opiniones de los demás sobre nosotros mismos. No podemos olvidar que vivimos en un contexto social, donde nuestros propios esquemas cognitivos acerca de nuestro Yo y del mundo en que vivimos están influenciados de modo continuo por las opiniones y creencias de los demás, y necesitamos la aprobación y la interdependencia con otros Yo  significativos para nosotros, ya sea en una relación social o laboral, íntima o superficial. En conclusión, lo importante es construir un Autoconcepto positivo acerca de nosotros y de nuestros diferentes roles, hacerlo visible a los demás, y ser lo suficientemente dinámicos para realizar los cambios precisos en busca de una óptima adaptación a los diferentes contextos en que nos vemos implicados, sin que tales cambios impliquen una modificación dramática de nuestra identidad.
  3. Necesidad de Autoestima:  Incluye nuestra personal autovaloración, y de ella se deducen consecuencias emocionales. En general, una baja autoestima se asocia con el conflicto psicológico y la inestabilidad emocional, mientras que una elevada autoestima correlaciona con una mayor iniciativa y resiliencia ante el conflicto psicológico y social. Sin embargo, la autoestima elevada puede llegar a ser peligrosa si no se ve constreñida por el autocontrol, como sucede en el caso de la psicopatía o el narcisismo. Más que una autoestima elevada, conviene construir una autoestima segura, esto es, una autoestima basada más en la identificación con un Autoconcepto íntimo y seguro, que en los logros sociales alcanzados, que son puntuales y efímeros.
  4. Necesidad de Reconocimiento: todos tenemos una fuerte de necesidad de ser visibles y reconocidos. El problema radica en la discriminación de la importancia del elogio de los demás, si realmente es sincero y no instrumental, y si nos permite la construcción de un Yo independiente.

Necesitamos, pues, el reconocimiento ajeno, pero en la medida justa para permitir nuestro crecimiento personal, al tiempo que fortalecer nuestra independencia. En caso contrario, la necesidad de reconocimiento puede ser utilizada por personas poco escrupulosas, para manipular nuestra conducta y encauzarla hacia sus propios propósitos, y sólo tangencialmente los nuestros.

La satisfacción de alguna/s de estas cuatro necesidades básicas suelen encontrarse como fundamento motivacional de una gran parte de la conducta social humana, incluida la conducta en el trabajo. Dado su carácter nuclear para el logro de nuestro equilibrio psicológico, resulta conveniente un análisis personal para poder comprender nuestras conductas, y ver en qué grado la aparición de disconfort psicológico está correlacionado con la imperante necesidad de lograr satisfacer alguna o varias necesidades psicosociales, pudiendo entonces establecer las correcciones oportunas de nuestras conductas y/o influir en la conducta ajena.

Una recomendación que utilizo con frecuencia en mis orientaciones consiste en analizar las motivaciones individuales que, en gran medida, condicionan y orientan nuestra conducta. Empezamos por describir nuestro autoconcepto (valga como ejemplo lo aquí expuesto al respecto) y nuestro nivel de autoestima (0-10). A continuación analizamos nuestra motivación psicosocial prevalente (pertenencia, identidad positiva, autoestima y reconocimiento), y la describimos mediante conductas concretas (por ejemplo, necesidad de elogio constante).

Por último, introducimos, de acuerdo con las necesidades expuestas por el cliente, los cambios pertinentes encaminados a lograr el máximo posible de  confort e independencia psicológica, valorando por último, los cambios subsecuentes en el autoconcepto y la autoestima. De ésta manera, iniciamos un movimiento operativo y valorativo, contrastable, acerca de la primacía de nuestras motivaciones psicosociales, además del desarrollo simultáneo de las conductas necesarias para lograr unos niveles de autosatisfacción y coherencia personal aceptables.

Conseguimos así favorecer progresivamente una percepción de autocontrol en el cliente acerca de sus conductas e intereses, propiciando una expectativa de autodirección y generación de los propios refuerzos e incentivos que supone, en última instancia, una mejora en el conocimiento del propio Yo y de sus interacciones con la red social de la que forma parte.

Fuente: Racerfor.

C. Marco

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