Innovación incremental vs. innovación disruptiva

Hace pocos días tuve una interesante discusión con un grupo de alumnos: la innovación, ¿crea o destruye empleos? En mi opinión, la innovación disruptiva es una generadora neta de empleos, mientras que la innovación incremental destruye puestos de trabajo, al hacer más eficiente (con menos recursos) aquello que ya se hacía.

Pero ¿ha creado o no empleos internet? ¿Ha generado o no crecimiento neto en la economía una tecnología disruptiva como las comunicaciones móviles? Clayton Christensen coincide bastante con esta aproximación.

Sin embargo, hoy he visto el gráfico adjunto en The Economist, y me he alarmado. El gráfico muestra el valor bursátil de las grandes empresas digitales americanas versus las mayores corporaciones manufactureras alemanas. Y, reflexionando sobre él, me ha surgido algún dato inquietante. Veamos. La suma de la cotización en bolsa de los 5 grandes monstruos digitales estadounidenses (Apple, Google, Microsoft, Amazon y Facebook) alcanza los 2,1 trillones (americanos) de dólares. Es decir, 2,1 millones de millones de dólares en métrica europea. Consultando cuántos empleos generan, estas empresas suman unos 522.000 puestos de trabajo. Es decir, el mercado financiero atrae (o, dicho de otro modo, precisa) 4 millones de dólares por cada empleo creado por las empresas informáticas.

Haciendo el análisis comparativo sobre las empresas manufactureras alemanas, los resultados son los siguientes: la suma del valor de Daimler, Siemens, BMW, Volkswagen y Continental alcanza los 400.000 millones de dólares (una cuarta parte del valor de los líderes digitales), pero generan 1.540.296  empleos (3 veces más que los americanos). Este cálculo resulta de una aproximación conservadora, pues las marcas alemanas manufactureras son grandes fabricantes de equipo original (Original Equipment Manufacturers), que suelen generar entre 3 y 5 empleos adicionales en sus cadenas de valor (proveedores) por cada empleo propio. En el caso alemán, el mercado financiero precisa (sólo)  260.000 dólares para crear un empleo.

Es decir, siendo conservador, según mis cálculos, la potencia generadora de empleo por dólar inyectado en el mercado financiero es de 1 a 16 a favor de la manufactura germana.

Sin entrar a considerar que la tipología de empleo manufacturero es más sólida, más enraizada en el territorio y con mayor capacidad de distribución del valor en toda su cadena productiva. Las empresas manufactureras son más tangibles, de valoraciones más precisas, y dotadas de activos físicos reales. No en vano, Alemania ha construido un sistema tecnológico que es hoy la envidia del presidente Obama, del cual ya me hice eco hace algunos meses. Sólo cabe echar un vistazo a los extraordinarios resultados de la producción alemana versus la americana (gráfico siguiente)

Las gravísimas turbulencias económicas de los últimos días no son más que una “nueva normalidad” según Nouriel Roubini. Coincido con ello: la interconexión global generará una permanente dinámica de oscilación en los mercados financieros. El punto de inflexión en el modelo de crecimiento chino (que evoluciona rápidamente hacia una economía de alta intensidad tecnológica), la caída global de la demanda de petróleo y materias primas (alimentada por las políticas de austeridad) y la inestabilidad geopolítica en Oriente Medio  han disparado el último tsunami macroeconómico. Los mercados se recuperarán, aunque las tendencias alcistas a largo plazo dudo que se conserven.

Lo realmente preocupante bajo el nuevo paradigma, no obstante, es esta desviación de recursos financieros masivos a grandes marcas globales cuyo potencial de generación de empleo, de constitución de cadenas de valor productivas en el territorio es muy escaso.

Todo parece indicar que las grandes corporaciones digitales son menos capaces de generar empleo, y, especialmente, de generar empleo estable y de valor añadido como lo son los gigantes manufactureros, sustento de las clases medias y  de la democracia en los países avanzados durante el siglo XX.

Las grandes plataformas digitales se nos antojan más ineficientes en la creación de trabajo, menos distributivas en el reparto del valor creado en sus cadenas de valor, más volátiles y menos capaces de sustentar por ello sistemas democráticos sólidos.

¿Qué pasaría si las grandes masas financieras que hoy prestan atención preferente al mundo digital se desplazaran a la creación de trabajo en manufactura avanzada, en industria 4.0? Otro gallo cantaría en la economía global.

Éste, posiblemente, sea el gran desajuste real que estamos sufriendo.

Fuente: Blog de Xavier Ferras. Innovación 6.0

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