¿Eres un directivo bizantino?

Al directivo bizantino –aquel que pierde el tiempo inútilmente discutiendo sobre el sexo de los ángeles– los asuntos importantes le pasan de largo.

directivo bizantino

Hablamos y hablamos. Pero no llegamos a conclusiones porque nos centramos en  conceptos abstractos y poco útiles, y en ocasiones con un vocabulario que solo unos pocos conocen y con argumentos enrevesados que casi nadie es capaz de seguir. Y nos quedamos ahí, levitando a dos palmos del suelo, sin tocar tierra. Mientras tanto los días pasan en la empresa y lo urgente va fagocitando a lo importante.

Es mucho más placentero para algunos directivos quedarnos en nuestros despachos  teorizando sobre el sexo de los ángeles, que hacer el ejercicio de bajar a la arena para vivir las dificultades que encuentran nuestros colaboradores en el día a día. ¿Nos distanciamos de lo real porque nos aburre la realidad, o porque bajar al terreno nos obligaría a remangarnos y tomar decisiones?

La expresión sexo de los ángeles proviene del asedio y caída de Constantinopla, capital del Imperio Bizantino, a manos de los otomanos. Este hecho histórico marcó el final de la Edad Media y el comienzo del Renacimiento en Europa. Corría el mes de mayo de 1453. Las tropas turcas llevaban semanas asediando la ciudad. Ya estaban a punto de entrar en ella y someter a la población. Cuenta la leyenda que los prohombres de la ciudad, filósofos, teólogos, políticos, generales, e incluso el mismísimo emperador, estaban reunidos en la catedral de Santa Sofía. Esperaban la solemne entrada del arzobispo en el altar, que tenía que comunicarles un hecho trascendental. Llegó seguido de sus obispos y se hizo un silencio sepulcral, solo alterado por el fuego enemigo, el caos y los alaridos que provenían del exterior. Comenzó a hablar, recordándoles que ese día era un momento histórico. Iban a recibir un importante mensaje, una verdad fundamental y decisiva para toda la cristiandad. Tras unos segundos de suspense, proclama: ‘¡Los ángeles no tienen sexo!’.

Llevaban semanas discutiendo sobre ello, habían llegado finalmente a esa conclusión. Los prohombres de la ciudad se levantaron de sus asientos, aplaudiendo enfervorizados el gran trabajo intelectual del clero. Acto seguido comienzan a oírse golpes terribles en la puerta de la catedral, centenares de turcos hacen su entrada y pasan a cuchillo a la mayoría de los allí presentes, incluido el arzobispo.

No pienses que el directivo bizantino, el que pierde inútilmente el tiempo discutiendo sobre el sexo de los ángeles, no siente los colores de su empresa. Sí lo hace. Cree que está involucrado y comprometido como el que más. El problema reside en dónde pone la mirada: los asuntos importantes le pasan de largo.

A un directivo bizantino lo conocerás porque encajará en una de estas 3 manifestaciones:

– Parálisis por análisis: cuando el 90% de la decisión está tomada, la puede llegar a paralizar durante semanas, meses o infinitamente, a causa del 10% restante. Necesita tener ligado el 100% antes de dar cualquier paso. Esto quizá podía funcionar en determinados sectores hace una década. Hoy no. El tiempo es una ventaja competitiva, y más en este ecosistema empresarial en que cada vez la competencia gana en agilidad y rapidez. Nunca vas a tener todos los datos, siempre te faltará alguno. No caigas en un bucle infinito.

El riesgo y la incertidumbre son consustanciales a la gestión empresarial. No basta con tomar una decisión, sino que hay que hacerlo a tiempo. El general Patton lo sabía bien, y por eso siempre decía a su equipo: ‘Más vale un buen plan hoy que uno perfecto mañana’.

– Incompetencia inconsciente: no es consciente de los problemas reales de la empresa. No es que sea tonto, sino que no identifica las verdaderas causas de lo que está ocurriendo a su alrededor. ¿Por qué? Hay varios motivos. Uno muy común tiene que ver con el secuestro al que el hemisferio izquierdo (el racional, el de los números) somete a su cerebro, impidiéndole detectar que, por ejemplo,  tiene un serio problema de motivación y compromiso en su equipo. Otro motivo es el que les ocurre a los líderes de tipo copernicano y de tipo einsteiniano (véase un artículo anterior), que infravaloran la ejecución. Dado que el 90% de las empresas que tienen definida una estrategia fracasan en su ejecución, es imprescindible disponer de una estrategia de segundo nivel, la operativa, que determine el  CÓMO aterrizar la estrategia de primer nivel.

– Monologuismo desenfocado: es consciente de los problemas, pero el ratio de tiempo invertido en soltar discursos autocomplacientes sobre temas no relevantes, en comparación al dedicado a diseñar la mejor solución, es de 9 a 1. Le encanta filosofar, dar sus opiniones sobre cualquier cosa. Bloquea el tiempo de su equipo innecesariamente. Genera insatisfacción. En general los colaboradores quieren hacer bien su trabajo y, siempre que se pueda, dentro de sus horas de trabajo. Que sea el propio jefe quien, de forma innecesaria, les impida conciliar, es fuente de desencanto.

Si te ves reflejado como jefe, ¡reacciona!

Fuente:

excellencemanagement

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