La Orientación Profesional del trabajador del SXXI

A lo largo del Siglo XXI se han producido profundos cambios sociales, económicos y tecnológicos, que han afectado de manera irreversible a los contenidos profesionales y a la formación que los sustenta.

El contexto histórico que vivimos ha conducido a la aparición de nuevas profesiones, otras han desaparecido, y se han extendido y especializado las necesidades formativas para ejercer una profesión, que en muchos casos van a suponer un aprendizaje continuado a lo largo de la vida.

El empleo se ha convertido en el eje vertebrador a través del cual organizamos nuestras vidas, nuestra dedicación temporal a otros menesteres, como puedan ser el cuidado de hijos o mayores dependientes, así como el tiempo de ocio. Sin embargo, a pesar de los avances, y de la enorme cantidad de información disponible acerca de profesiones, formaciones e itinerarios cualificadores, siguen existiendo dificultades para un óptimo proceso de toma de decisiones profesionales en todos y cada uno de los procesos de transición en los que nos vemos inmersos a lo largo de nuestra vida: transiciones formativas, transición al primer empleo y cambios de trabajo.

La complejidad de una sociedad del conocimiento va a exigir de la Orientación Profesional no sólo la correcta autoevaluación del demandante o cliente, o el conocimiento de los entornos profesionales y laborales, sino que también se debe preparar al informado acerca del necesario cambio de actitud que requiere su inmersión en una sociedad cambiante, inestable, donde a diferencia del pasado reciente, no existen profesiones, trabajos ni empleos que duren una vida. El desarrollo de actitudes de resiliencia y adaptabilidad  a un escenario cambiante precisa de un esfuerzo constante del Orientador y el Orientado, en aras a optimizar el alcance de los estándares requeridos en la solicitud de Orientación.

El empleo, entendido como trabajo remunerado, se constituye en un objetivo finalista en el proceso orientador, y  requiere del Orientado una elección sucesiva de objetivos y metas alternativos, que necesariamente van a suponer la eliminación de otros itinerarios posibles. Pero lo realmente importante es que la elección del Orientado debe estar fundamentada en un análisis racional previo acerca de sus cualidades, valores e intereses, y en un compromiso material con el Orientador que definirá un itinerario formativo adaptado a la elección realizada,  y cuya cumplimentación facilitará el ingreso y progresión dentro de una familia profesional.

La orientación Profesional, en la actualidad, sigue exigiendo un enorme esfuerzo informativo acerca de las características individuales, itinerarios formativos y estructura del empleo, pero no puede quedarse ahí. Debe facilitar al Orientado, de acuerdo con sus posibilidades e intereses, escenarios de aprendizaje donde adquirir no sólo las competencias específicas de una profesión o empleo, sino también aquellas competencias básicas, valores y actitudes, que incrementen su empleabilidad y adaptación a un mercado laboral sumido en un permanente estado de transformación. Estos aprendizajes son los que van a permitir una experiencia progresiva de autoconocimiento, la identificación de los valores e intereses que le son propios, y el paulatino descubrimiento de sus objetivos vitales, conducentes en un sentido ideal a la Autorrealización.

En conclusión, y a diferencia de la Orientación Profesional realizada hasta tiempos relativamente recientes, el contexto socioeconómico actual no permite en términos generales una elección vocacional estable, inmodificable, salvo los cambios derivados de la progresión vertical en el empleo o la empresa. Hoy en día, ejercer una ocupación no supone una garantía de estabilidad y permanencia en el empleo, ya que esta posición puede extinguirse por causas diversas, o puede requerir en un futuro inmediato de nuevas competencias para ejercerla. Por ello, nuestra elección vocacional puede verse sujeta a revisiones periódicas a lo largo de nuestra vida laboral. Emerge, entonces, la figura del Orientador Profesional como mediador entre el Orientado, de un lado, junto a sus capacidades e intereses, y el contexto de transiciones constantes dentro del cual va a estar inmerso desde edades muy tempranas.

No puede existir una Orientación Profesional restringida, si de orientar hablamos. No podemos abocar al Orientado a un simple proceso de elección profesional en la transición de la Escuela al primer trabajo. Resultaría decepcionante para el informado y para el propio proceso de Orientación Profesional. Un proyecto de Orientación ambicioso y comprehensivo de los contextos en que se desenvuelve, va a necesitar una ampliación de sus objetivos y de sus contenidos, que van a incluir todo tipo de competencias necesarias para el desempeño de una profesión determinada, y que va a requerir de actualizaciones constantes por la propia dinámica y evolución de los trabajos. Se impone la exigencia de una definición multifactorial de la profesión elegida:

1.Competencias Técnicas (Saber).

2.Competencias Metodológicos (saber hacer).

3.Competencias Participativas (saber estar).

4.Competencias Personales (saber ser).

Mientras los dos primeros niveles incorporan los aspectos formativos, los dos últimos van a caracterizar el desarrollo personal necesario para un ejercicio integrador y satisfactorio de la profesión, una cualidad de motivación intrínseca asociada a los valores del trabajo y el logro de la autorrealización personal, y que en última instancia van a configurar, más que un perfil, una Marca Personal.

La Orientación Profesional del SXXI, pues, debe modificar su enfoque desde una percepción puntual del proceso orientador al reconocimiento de una necesidad orientadora vital, que cubra todos los estadíos evolutivos del trabajador, promoviendo el análisis del proyecto vital del orientado, si lo hubiera, o colaborar desde el principio en su construcción, además de proyectarlo hacia el futuro, adaptándolo sucesivamente a las diferentes etapas vitales y contextos sociales que, inevitablemente, van a ser vividos.

Fuente: Rafael Cerviño Forján

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