Síndrome de la Insistencia Estúpida

Qué difícil es abandonar un camino al que ya te habías acostumbrado, ¿verdad? Pero llega un día en que tomas conciencia de que necesitabas haber cambiado de rumbo hace mucho tiempo, de que ya se está haciendo tarde, de que o haces algo o vas a caer al precipicio inexorablemente. Y es entonces cuando te sientes atrapado por tu pasado o, mejor dicho, por lo que decidiste no hacer en el pasado.

SIE

Te sientes así porque padeces el Síndrome de la Insistencia Estúpida (SIE). Aprendiste a funcionar de una determinada manera en el pasado, te fue bien, y así has continuado haciéndolo. Hasta que un día cambian las condiciones del entorno y los resultados dejan de ser los esperados. Dado que confías plenamente en tu forma de actuar por los éxitos que te ha venido reportando, piensas que lo que ocurre es que no estás aplicándote lo suficiente en tiempo o en intensidad. Por lo tanto aumentas tu insistencia. Entras de cabeza en el SIE.

En el libro ‘La Estupidez de las Organizaciones’ (Rigden Edit, 2013), Igor Goienetxea y Enric Lladó describen con maestría en un par de ejemplos esta insistencia en la dirección equivocada. Imagínate que es verano, estás plácidamente sentado en el sofá de tu casa y comienzas a sentir un tórrido calor. Abres un poco la ventana para refrescarte, y lo mismo haces con la de la habitación opuesta para crear una corriente de aire. Te sientes mejor y abres las ventanas un poco más para sentirte aún mejor. Y así sucesivamente. Cuando tienes las ventanas abiertas al máximo, resulta que sientes el mismo calor del principio y te desesperas pensando que hoy hace cada vez más calor a medida que avanza el día. En realidad no es así.

¿Qué ocurre entonces? Según la mecánica de fluidos (rama de la física que estudia el movimiento de líquidos y gases), llega un punto a partir del cual cuanto más abres las ventanas, más despacio circula el aire.

Insistías en la dirección equivocada: SIE.

Imagina un jefe que necesita conseguir que una tarea de un colaborador sea realizada en un tiempo y con una calidad determinados. Le mete presión para conseguirlo, y lo consigue. La semana siguiente necesita que la tarea se realice todavía con mayor eficiencia, por lo cual decide presionar un poco más intensamente que la primera vez. Y así sucesivamente. Al cabo de un tiempo tendremos a un (ex) buen trabajador desmotivado. Un cierto nivel de presión y de estrés es bueno para mantener una exigencia alta. Pero, a partir de un punto determinado, por mucha más presión que hagamos no conseguiremos mejorar el resultado. Bien al contrario, empeorará porque tendremos a un colaborador desmotivado. SIE.

Corolario: en el entorno empresarial, pon en revisión permanente tus pensamientos y creencias. Ya seas colaborador, mando intermedio o directivo, no des nunca por supuesto que lo que te funcionó en el pasado es el bálsamo de fierabrás que todo lo soluciona. Autocuestiónate permanentemente y escucha, sobre todo escucha, los signos que te llegan del entorno –clientes, mercado, colaboradores, etc.

Un ejemplo de empresa que supo cambiar de rumbo a tiempo es IBM. Desde hace varios años ya no la reconocemos como un fabricante de hardware. Ahora se dedica principalmente al software y a los servicios en tecnologías de la información. Hizo el giro a principios de este siglo, cuando se dieron cuenta de que no eran tan competitivos fabricando hardware como sus competidores. Las operaciones más sonadas que acometió IBM en su cambio de rumbo fueron dos: por una parte, la adquisición de la firma de consultoría y servicios profesionales Price Waterhouse Coopers en 2002, dando lugar a la nueva división IBM Global Business Services; por otra, la venta de su división de ordenadores personales a Lenovo en 2005, ante la imposibilidad de competir en ese segmento con los nuevos players del mercado. IBM no padeció el SIE. Hoy lidera proyectos punteros en tecnología, como el programa de inteligencia artificial Watson, que ya ha dado sus primeros frutos y cuyo objetivo es la interacción de las máquinas con los humanos de forma natural, comprendiendo y respondiendo inteligentemente a nuestras preguntas.

Un ejemplo contrario, es decir, de empresa que sucumbió al SIE, es Motorola. En los primeros días de la telefonía móvil, allá por comienzos y mediados de los años 90 del pasado siglo, Motorola era el líder indiscutible. La tecnología móvil de aquel momento era analógica. Motorola disponía de un equipo de investigación que estaba desarrollando también tecnología móvil digital, no porque confiaran en ella sino para conseguir ingresos mediante la venta de las patentes a Samsung y otros competidores. No se les ocurrió que esos competidores, con una tecnología diferente (la digital) a la imperante (la analógica), les pudieran hacer sombra. Se sentían los líderes indiscutibles. El final de la historia ya lo conocemos: la tecnología digital se impuso en la telefonía móvil, y Motorola no podía utilizarla a un precio asequible porque había vendido las patentes a sus competidores. Perdió cuota de mercado y hoy en día es un player secundario en telefonía.

No caigas en las redes del SIE.

Te deseo lo mejor.

Fuente: Socio Ejecutivo de la consultora E2-Eficiencia Empresarial. Autor de El dilema del directivo (LID Editorial).Miembro de LID Conferenciantes.

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