Respons(h)abilidad

Cuando uno tiene claro el fin, los medios son más fáciles. Si lo que estás haciendo hoy no te acerca adonde quieres estar mañana, es como correr como “pollos sin cabeza”. Se hace mucho, pero no se hace bien. Piense si cuando va a un concierto quiere que el pianista toque mucho o toque bien.

¿Ocurre eso con la gente de su empresa? Si es así, para que se produzca un cambio, requiere una inversión en su equipo y una trasformación cultural en su empresa.

La actitud típica de las compañías es destinar la mayor parte de su inversión a la adquisición de capital inconsciente y gastar relativamente poco en el desarrollo del capital consciente, es decir, el capital humano.

El cambio cultural se inicia con un nuevo conjunto de mensajes. La comunicación de ese cambio no es verbal, se trata de “hacer” más que de “decir”, y se comprende más nítidamente a partir de las conductas de los líderes.

Yo puedo hacer escribir mil veces a mi hijo que mentir es malo, pero si mientras está haciendo esa tarea me llaman al teléfono, lo coge él, y le digo “… dile que no estoy…” todo se habrá estropeado. El pensar, sentir y actuar deben ser coherentes.

Piense en su equipo. Si a la habilidad en sus capacidades no le vamos sumando profundidad en sus actuaciones nos costará que den sentido a lo que hacen y a su vez lo logren transmitir a los demás.

Así se va adquiriendo la respons(h)abilidad, que no es sino responder con habilidad a las situaciones que nos va planteando la vida. Tener habilidad para responder no significa tener seguridad en lograr los resultados que se desean. Nada garantiza que lo que haga le depare lo que quiere. Pero le asegurará que cualquier circunstancia tenga por finalidad el logro de su éxito interno. La respons(h)abilidad confiere poder de decisión. Permite que nos concentremos en los aspectos de una situación sobre la cual  podemos influir.

Cuando jugamos a las cartas, no sabemos cuáles recibiremos. Si son malas  y nos dedicamos a  quejarnos y justificarnos por nuestra mala suerte, nos sentiremos sin poder de actuación y perderemos. Pero si comprendemos que podemos elegir nuestra manera de jugar con esas cartas, nuestra predisposición será distinta. Surgirá en nosotros la sensación de que existen posibilidades de ganar. Y aun cuando no ganemos, siempre podemos tratar de hacer lo mejor posible con las cartas que tenemos. En definitiva sacar nuestra mejor versión y asumir que debemos hacer lo que sepamos, podamos y dependa de nosotros.

Hoy ya no basta que las personas hagan bien su negocio sino que personas de bien hagan negocio. A mí no me importa que mis hijos hagan las cosas bien (ojalá), antes prefiero que sean personas de bien (si son padres o madres lo entenderán).  Antes que el éxito está la excelencia. Cuando sólo hay éxito, habrá excesos. Me importan más sus valores que sus notas. Y en las empresas deben primar las personas de bien.

Hay quien me dice, no sin la razón del momento, que para qué va a invertir en su capital humano si hasta ahora le ha ido bien. Correcto. Pero tenga la seguridad que un día le podrá ir mal. Y ese día, según como haya edificado su empresa, sobre arenas movedizas o granito, así le responderá su equipo. Quedándose o marchándose. De usted depende hacer de su gente apóstoles,  mercenarios o rehenes.

No evalúe a la gente que tiene a su cargo solo por la eficiencia de lo que hace. Fíjese en la parte invisible del mismo. En su generosidad, su actitud ante los demás, su gratitud, su humildad, sus ganas de cooperar y contribuir en bien del equipo… Sus valores además de su conocimiento.

Sé que no estamos acostumbrados a este mensaje porque no se enseña en el colegio, en la universidad, en los máster ni en las empresas. No conviene. A una sociedad consumista lo que le interesa es que nos consumamos gastando rápido y sin esfuerzo. A nuestros hijos sólo se les califica por sus conocimientos, pero no nos dicen qué han aprendido en los años escolares como personas. Y la enseñanza no es meter información, es extraer potencialidades. En la escuela y en la empresa.

¿Cuánto tiempo dedica para hacer las cosas bien y cuanto para ser mejor persona?

No se hace un mundo (ni una empresa, ni una familia) diferente, con gente indiferente.

Y si usted no piensa diferente tampoco logrará tener una empresa diferente.

Pregunte a una limpiadora de la NASA cuál es su trabajo. Le responderá con rotundidad “ayudar a que el ser humano  llegue a la Luna”

Pregunte a los suyos a qué se dedican.

A ver qué responden.

Fuente: Blog de José Pomares.

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