Líderes espartanos

¡Todos somos los 300! Un ideal de compromiso y liderazgo espartano llevado a la pantalla de manera más épica que real, más literaria que la historia misma.

Pero más allá de las motivaciones y los detalles emocionales propios de los relatos épicos, la verdad histórica prevalece: Leónidas se echó a su espalda (a su lanza y su escudo) la responsabilidad de toda una nación e hizo frente al reto de motivar la reacción colectiva de aquellas polis griegas más pendientes de sus diferencias, que de sus enemigos comunes. Le costó la vida, pero alcanzó el éxito. Una lección de la historia que sigue hoy más viva que nunca cada vez que conectamos los informativos del televisor y vemos la información parlamentaria. ¿Quién será nuestro Leónidas?

Y es que es muy difícil seleccionar cuál es la batalla más famosa y determinante de la historia. Pero sin lugar a dudas, entre las primeras debería ser considerada la batalla de las Termópilas en el año 480 AC, cuando las ciudades-estado griegas tuvieron que aliarse para hacer frente al más numeroso y sanguinario ejército de la antigüedad: el persa. Unos 7.000 hombres se ubicaron en el desfiladero de las Termópilas para intentar frenar al ejército persa, pero finalmente el rey Leónidas ordenó la retirada manteniendo sólo a 300 espartanos y unos cientos de soldados que deberían enfrentarse nada menos que a 300.000 persas. Aguantaron dos días pero finalmente fueron rodeados y vencidos. Aunque el coraje que demostraron fue determinante para armar de valor a las polis griegas que se unieron en un nuevo ejército y lograron vencer a los persas.

¿Cuál es la moraleja de esta parte fascinante de la historia antigua? Que nunca hay que darse por vencido antes de la hora, o sea, que por más que creamos que no tenemos las cartas a nuestro favor, hay que seguir peleando con determinación. No formaría parte de la historia la batalla de las Termópilas si hubiesen sido vencidos los griegos conformando un ejército de gran número, porque habría sido una derrota más de tantas batallas en la evolución de la humanidad. Pero sí que marca un ejemplo de cómo se debe encarar por parte de un líder, aún a costa de grandes sacrificios, lo que significa el compromiso con una causa o con unos valores.

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En una ocasión, en una empresa constructora una cuadrilla de ocho obreros estaba cavando zanjas en una calle de la ciudad con la finalidad de incorporar cables de telefonía. Mientras estaban trabajando se escuchaban voces y hasta gritos. Algunos de los obreros les daban órdenes a otros de sus compañeros. Entonces una persona que pasaba por allí le preguntó al jefe de equipo que estaba cómodamente sentado en un camión revisando papeles de órdenes de trabajo:

– ¿Por qué están haciendo tanto ruido que parece que no se ponen de acuerdo en lo que tienen que hacer?

– De vez en cuando los dejo que trabajen solos, para que se den cuenta que necesitan un jefe.

Siempre han existido líderes en todos los ámbitos de la sociedad. Pero con rotundidad afirmamos que seguirán existiendo. Aunque en 2016 los líderes empresariales y políticos tienen sus particulares batallas para que tanto las organizaciones como los ciudadanos sientan un compromiso con sus respectivas causas. Siempre ha sido así a lo largo de los siglos y también siempre ha existido un nexo entre los que lideraban y los respectivos seguidores, fueran huestes militares, ciudadanos de un estado o, en tiempos más modernos, organizaciones industriales. Dicha conexión se materializa por el vínculo que llega a convertirse en uno de los contratos más sólidos que pueden existir: el compromiso.

Todo parte del compromiso:

El compromiso es el origen de cualquier actitud que nos lleve a alto rendimiento y productividad de las personas en las organizaciones. Es indudable que algunos empleados  aprovechan el tiempo mejor que otros. ¿Existe alguna fórmula secreta? ¡NO! Sencillamente trabajan duro y de manera inteligente. Pero aquí no acaba la cosa: poseen otras cualidades que hacen que tengan un gran impacto en su rendimiento.

Y si esto lo llevamos al nivel del líder, es el que se preocupa de que el personal haga su trabajo y de manera eficaz, pero enseñándoles a soportar a veces circunstancias conflictivas, como suele ocurrir en cualquier equipo de trabajo. La persona altamente productiva hará su trabajo a pesar de la reprobación de algún miembro del equipo o incluso cuando pueda pensarse en el ridículo. Nada les afecta. Trabajan demasiado duro porque el compromiso que tienen con la organización y con su líder, primero lo tienen con ellos mismos.

El líder romperá con cualquier posible conflicto derivado de apreciaciones personales como las referidas, de que alguien sea juzgado negativamente por determinada acción que está llevando a cabo, mostrando a los demás que el triunfo es para los que se esfuerzan duro aunque puedan parecer demasiado ambiciosos. La función del líder es enseñar y formar, pero especialmente a que se adecuen a trabajar en grupos humanos libres de tensiones -o las menos posibles-, señalando a aquellos que destacan del resto de miembros, justamente por haber sido tenaces en su compromiso.

El líder sabe perfectamente que no se puede complacer a todos en cuanto a las directivas que toma. Del mismo modo, existe una media de rendimiento de las personas pero que no les preocupa demasiado a las que han demostrado tener un alto nivel de productividad personal, lo que significa un exceso de celo profesional, materializado en una responsabilidad y compromiso a prueba de Termópilas.

Aguantar la crítica:

El líder junto a algunas de los miembros de los equipos más capacitados y reconocidos por su productividad, aguantan las críticas, ciertas ironías e incluso también alguna que otra hostilidad verbal, aunque obviamente no sea la norma, porque el líder con su forma de dirigir lo evite o neutralice. Pero a veces resulta inevitable. Sin embargo las personas altamente productivas se mantienen en sus trece, porque responden en función de sus principios y valores pase lo que pase. Y al final del proceso obtienen lo que querían lograr.

Su personal batalla de las Termópilas es que no tiene miedo ni a la crítica, a ninguna forma de hostilidad ni al ridículo. Tanto el miedo como cualquier otra valoración en ese tono crítico, les llega a ser indiferente y se convierte en algo tan cotidiano como ir a desayunar.

Siempre encuentran fuerza para continuar:

Cualquier persona con la esperanza de lograr grandes cosas, se pone nervioso. Incluso se asusta. Los líderes efectivos y las personas productivas no es que sean más valientes que las demás. ¡No! La diferencia radica en que ante los obstáculos acaban encontrando la fuerza para continuar. Seguir adelante es la consigna en su mente.

Saben perfectamente que el miedo es un factor negativo tremendamente paralizante, mientras que la otra cara de la moneda, la acción, es la que crea los anticuerpos de cualquier estado de pánico y tiene un objetivo claro: hombres y mujeres de acción se crean confianza y seguridad en sí mismos.

Puede suceder que en el peor de los momentos que estén atravesando durante determinada semana del año, sigan llevando adelante su cuerpo y alma para no renunciar a los objetivos que se habían impuesto gracias a esa confianza en sus actos. Porque las personas exitosas nunca esgrimen excusas. Siempre miran hacia delante porque saben que lograr la meta implica esfuerzo y sacrificio. Seguramente también, un largo proceso.

Sólo del trabajo proviene la inspiración:

Un aspecto negativo que puede surgir cuando se afloja en esta fuerza anímica, porque se pierde motivación o surgen los miedos. Si esto ocurre, aunque sea por primera vez, tendrá que tener cuidado para no repetir la situación porque puede crear un mal hábito: renunciar a la primera dificultad que se le presente. Esta tipología de personalidad de lucha, no cree en la inspiración para la creatividad, sino en el esfuerzo para que se genere desde el trabajo y la dedicación. El trabajo en sí mismo ayuda a la inspiración.

Las ideas no se esperan:

Los líderes efectivos y las personas productivas no esperan ni a las ideas ni a la inspiración. Porque saben que no existen musas ni situaciones milagrosas que les llevan a ese momento mágico de creatividad, sino por el propio esfuerzo, dedicación y constancia. Tampoco sienten vergüenza por pedir ayuda.

Alineación de valores personales con los de la organización:

El verdadero compromiso se da cuando existe una adecuada alineación entre los valores personales y los de la organización. De ahí el esfuerzo que los nuevos líderes deben hacer para seducir y convencer a las personas de sus equipos. Pero la seducción no es una actitud que pretenda engaño o simulación, sino simplemente hacer sentir a las personas de los equipos y departamentos razonablemente satisfechas de formar parte de determinado grupo humano, de pertenecer a la empresa, pero lo más importante, es que se sientan reconocidos y útiles. Que su opinión cuenta y se les escucha. Pero también que saben que se les está facilitando su desarrollo profesional.

Sentirse parte de algo. Ver el bien común. Aprender a compartir pero también a solicitar ayuda. Del mismo modo, asistir a compañeros que le consultan alguna cuestión o que también requieren dicha ayuda.

Estamos en tiempos en que se necesita de líderes que inspiren, que sean un ejemplo a seguir y que movilicen a las personas. Este es el resultado de transitar el camino de la confianza, que se hace desde arriba hacia abajo en la organización, para que después fluya transversalmente y en todos los sentidos. Porque se alimenta de los valores, en los que la honestidad y la responsabilidad son claves.

Artículo coordinado por José Luis Zunni director de ecofin.es en colaboración con Salvador Molina presidente de ECOFIN, Javier Espina Hellín miembro de ECOFIN Business Schools Group, y Ximo Salas, miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN.

C. Marco

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