El futuro de las sociedades y del trabajo

   

 

La manera en que concebimos y nos relacionamos con el trabajo está cambiando de manera profunda como resultado de la abrupta irrupción de nuevos modelos de negocio determinados por la introducción de nuevas tecnologías.

Una estimación general indica que al menos el 65% de los niños y niñas que hoy entran a la educación primaria, al salir realizarán trabajos que hoy no existen. Bajo este contexto, será necesario desarrollar la capacidad para anticiparse a las habilidades que serán necesarias en el futuro de acuerdo a estas tendencias.

Estamos entrando a la cuarta revolución industrial la que se caracteriza, entre otras cosas, por la relación simbiótica que existe entre áreas que habían evolucionado de manera más o menos dispar en el pasado. Los avances en inteligencia artificial, nanotecnología, genética, impresión 3D, realidad aumentada o la creación de sistemas inteligentes que administran organismos complejos (casas, fábricas e incluso ciudades), modificarán para siempre la manera en que vivimos y trabajamos.

No sólo surgirán nuevos roles y nuevos tipos de empleos. También cambiará la naturaleza del trabajo, su sentido y significación. Una clase media cada vez más numerosa modificará la manera en que se estructura la sociedad y por otro lado la presión por generar una nueva forma de relación con el medioambiente determinará que surjan trabajos relacionados con la protección del ecosistema y la reparación del daño hecho por las generaciones pasadas y presentes al planeta.

Una sociedad más longeva y con mayor presencia de mujeres en el mercado del trabajo deberá reescribir sus contratos sociales para generar oportunidades igualitarias, no sólo en términos económicos, sino también en la distribución de los roles asociados a la toma de decisiones y poder en sus organizaciones.

El aumento de la población determinará nuevas formas de relacionarnos económicamente. Ya somos testigos de las primeras prácticas de economía de carácter colaborativo y es posible asumir que una mayor presión por acceder a bienes cada vez más escasos nos conduzcan a masificar estas formas de mercado frente a otras de carácter más competitivas o individualistas. En el caso de que esto no ocurriese, nos enfrentamos al duro escenario de la segregación y la proliferación de guerras de sobrevivencia que polarizarán a los países, a la vez que se aislarán los sectores más privilegiados de las sociedades para proteger sus recursos.

Esto nos pone frente a frente a una pregunta para la cual la respuesta parece esquiva: ¿Estamos preparados? Si no existe un cambio profundo en los medios actuales de producción que reoriente nuestra relación con el planeta y sus habitantes la verdad es que puede que estemos más lejos que cerca de poder encontrar vías que nos acerquen a enfrentar el futuro y estar a la altura de los desafíos que se nos avecinan.

Fuente: Diego Méndez.

C. Marco

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