China como mercado imposible

Didi Chuxing vs. Uber

 

Uber se rinde en China tras pasarse dos años perdiendo más de dos mil millones en su intento de expansión en el gigante asiático, y negocia con su rival, Didi Chuxing, una salida que parece bastante provechosa: vende su negocio en el país a la compañía a cambio de una participación del 20% de la operación conjunta y de una inversión directa de mi millones de dólares de Didi Chuxing en Uber a una valoración de $78,000 millones.

La operación, ya confirmada, es una adquisición completa que convierte a Didi Chuxing en un auténtico monopolio de facto, con una valoración que asciende a unos $35,000 millones, lo que hace que la salida de Uber no sea mala: tras perder dos mil millones de dólares intentando consolidar su posición en el país mediante promociones agresivas, obtiene una participación valorada en unos siete mil. En el tiempo que Uber estuvo intentando penetrar el mercado chino, logró a duras penas consolidar su presencia en sesenta ciudades, mientras la compañía china estaba presente en más de cuatrocientas. La app de Uber seguirá funcionando en China, posiblemente debido al interés de la compañía en captar a usuarios internacionales que lleguen al país con la app de Uber instalada en sus smartphones, pero el funcionamiento se integrará con el de Didi Chuxing.

El gobierno chino legalizó el ride-sharing hace pocos días, autorizando que conductores particulares ofrezcan servicios de transporte siempre y cuando tengan más de tres años de experiencia, no tengan antecedentes penales, obtengan una licencia de un operador, tengan un vehículo con menos de 600,000 km. y estén localizados mediante GPS. En el mercado actual, Didi Chuxing poseía ya un 87% de los vehículos privados utilizados para transporte de viajeros y un 99% de los taxis, que tras la adquisición de Uber la convierte en operador monopolístico. La compañía podría tener algunos problemas con sus alianzas en otros países en los que había pretendido formar una especie de “coalición anti-Uber”, como India o los Estados Unidos en donde se había aliado respectivamente con Ola Cabs y con Lyft, pero vistos en perspectiva, es más que posible que esos sean problemas menores comparados con la rentabilidad de poseer la práctica exclusiva sobre el mercado más grande del mundo.

La venta de su subsidiaria china libera a Uber de una pesada carga que lastraba sus cuentas de resultados. La compañía ya genera beneficios en varios de sus mercados importantes, lo que facilita la posibilidad de ilusionar a los inversores para una hipotética salida a bolsa. Además, le ofrece una inyección adicional de mil millones en cash, que posibilita hacer frente co más recursos y atención a batallas con otros competidores locales en otros mercados, o a nuevos desarrollos tecnológicos, como su nueva y ambiciosa iniciativa para mejorar sus mapas.

La operación, comentada ya por Travis Kalanick, es una clara evidencia de la imposibilidad de competir en el complicado mercado chino para muchas compañías occidentales. En sus casi dos años de operaciones, Uber no solo se vio obligada a perder en torno a mil millones al año para intentar financiar su expansión, sino que se encontró además con todo tipo de maniobras, como que uno de los accionistas de Didi Chuxing, Tencent, cerrase las cuentas de Uber en su servicio de mensajería instantánea WeChat, ampliamente utilizado. La salida de Uber confirma lo que ya sabíamos: el mercado chino tiene las suficientes especificidades y los suficientes jugadores fuertes y bien conectados como para convertir en irrealizable la entrada de cualquier competidor extranjero. Si añadimos las condiciones impuestas por su gobierno, el resultado es que un mercado que posee una quinta parte de la población mundial ha conseguido hacerse prácticamente impermeable, un efecto muy posiblemente buscado de manera intencionada: las compañías internacionales siguen invirtiendo y fabricando en China, el país no se cierra a la inversión extranjera ni se aísla del mundo, pero el negocio interno en la mayoría de los sectores sigue quedándoselo en gran medida competidores locales.

La versión moderna de la autarquía es menos autárquica, pero sigue ofreciendo a las compañías chinas una base de mercado sólida en la que triunfar y hacer dinero, para desde ahí plantearse su expansión internacional. Alibaba, Tencent o Baidu son ya auténticos gigantes con una estrategia de expansión internacional claramente diseñada, que pronto nos encontraremos en otros países en un número creciente de industrias, con expertise acumulado en su mercado y recursos suficientes como para sostener largas batallas gracias a unos bolsillos muy bien alimentados por su mercado local. Una batalla que promete ser larga y complicada, y que ya prácticamente tenemos aquí.

Fuente: Enrique Dans.

C. Marco

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