Cuando tu jefe no confía en tí

 

Una de las grandes incógnitas que se construyen cuando comenzamos nuestra andadura en una nueva empresa suele ser la futura relación con nuestros superiores, o simplemente qué clase de vínculo nos unirá a quien debemos reportar todo aquello que tenga que ver con el devenir diario de nuestro desempeño en el puesto de trabajo.

En mi vida profesional reconozco que he tenido una inmensa fortuna en ese sentido. Tanto por los “buenos” como por los “discutibles” porque de todos ellos he aprendido gran cantidad de cosas útiles.

Una de las claves mas importantes en la dirección de personas es afianzar cada dia nuestra capacidad de EMPATIA, esto es, ponernos en el lugar de los demás. Y si lo podemos hacer con quienes están bajo nuestro mando, también es un ejercicio muy recomendable hacerlo con quien tiene que tomar decisiones sobre nosotros. No lo olvidemos.

Un superior tiene , al igual que todos nosotros, la misma dificultad a la hora de comunicar lo que siente, lo que desea expresar, las decisiones que tiene que tomar, y en definitiva, bregar con dificultades que a buen seguro muchas de ellas también serán las nuestras.En el momento actual, donde parece que la figura del “jefe” es denostada o al menos no apreciada en su justa medida (en parte por la inmensa cantidad de los mismos que a todas luces no saben ejercer su trabajo) es relevante recordar que

UNA DIRECCIÓN ACERTADA HACE A UN EQUIPO ESTAR MAS CERCA DEL ÉXITO.

Pero hay tantas clases de directores como personas, y más diferencias si cabe entre distintos departamentos.

El director de recursos humanos, obvio es, no tiene el mismo perfil que uno de ventas, marketing, o financiero. E incluso la coordinación entre ellos es otra variable de estudio.Por tanto ¿ podemos atrevernos a categorizar la figura de un director, aunque sea de la manera mas simple?. Reconozco que a mi no me gusta ser categorizado. He sido mando medio, empleado, manager. Y en todas estas experiencias he aprendido de errores y malas decisiones, pero también he reconocido acciones poco afortunadas en mis homólogos, no tanto por su forma sino por sus consecuencias.

Porque la responsabilidad recae sobre una persona pero sus efectos pueden minar desde la motivación del equipo hasta la reputación de la empresaQuizás el que más me ha llamado la atención, y cotejándolo con las maneras organizativas de algunas pequeñas empresas desde New York es el estilo presidencial que “sufren” todavía muchas pymes en España (dejamos a un lado las grandes corporaciones). TODO pasa por el director, o presidente, desde las decisiones nimias, hasta los movimientos mas complejos.

Un autentico “tapón” que crea una inmensa carga de frustraciones, pero que garantiza un control absoluto-ficticio de lo que se hace en la empresa. O mas bien de lo que está pendiente, dado que el ritmo de trabajo se dificulta enormemente por ese filtro

.¿Qué debemos hacer? es evidente que esas personas NO confian plenamente en que los demás tomen decisiones, por lo que la actividad principal es ganar su confianza con HECHOS, demostrar que la autonomía da réditos, para ello atrevámonos a tomar decisiones por nosotros mismos, y presentemos los resultados de éstas. ¿atrevido? es posible. Pero quien no arriesga…Tengo en mi recuerdo lejano un conflicto con un director financiero por este tema. Era una persona con muchas competencias, y seguramente hubiéramos tenido una gran relación dado su caracter expansivo, extrovertido y cercano, bastante lejano de los directores financieros que he conocido en la gran manzana.

Sin embargo, los retrasos continuos en los pagos de dietas, viajes, etc.. me hicieron reclamar una y otra vez sin fortuna, enrareciendo mi relación con él. ¿Cuál era el problema? Resulta que no tenia potestad para hacer esos pagos, sino que el mismísimo presidente tenia que aprobar hasta los tickets de aparcamiento. ¿Os imagináis a la junta directiva de Pwc  contando los tickets para hacer abonos de dietas? Pues así era. ¿Para que entonces un director financiero? con un administrativo que te lleve los papeles, asunto concluido.Con la perspectiva del tiempo, me imagino a este pobre chico sufriendo lo indecible conmigo y otras personas afectadas.

Seguramente a estas alturas todo habrá cambiado, y espero que a mejor. Pero por ello me permito insistir en lo mismo. Ganémonos su confianza, que vayan “soltando” lastre, insisto, con hechos, con trabajo, con esfuerzo. Tarde o temprano se reconocerá. Y no hay mejor evidencia de ello cuando vamos ganando en responsabilidad.Y es que el viejo aforismo que dice “El mejor jefe es… el que no me desmotive” sigue siendo una axioma en plena vigencia.

Fuente: http://www.miguelangelperezlaguna.com/

C. Marco

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