Menos ventanas y más espejos

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¿Somos animales racionales?

Animales seguro, pero creo que somos más emocionales que racionales.

Y las relaciones humanas son mucho más emocionales que racionales. Los seres humanos, nos guste o no, somos interdependientes.

Si a un bebé, o no tan infante, le deja solo en la vida sin relación alguna, morirá, aspecto éste que no sucede con el resto de animales en su mayoría.

Analice si su éxito laboral o personal depende exclusivamente de sus capacidades o de sus relaciones con los demás (pareja, hijos, clientes, proveedores, compañeros…).

Pero se nos olvida conocernos a nosotros mismos para poder conocer mejor a los demás. Y cuidar esas relaciones. No espere a estar en el lecho de muerte para darse cuenta que solo se acordará allí de sus seres queridos, no tanto de tareas pendientes de haber hecho. Ya sabe que una vez terminado el juego, el rey y el peón van a la misma caja. Fortalezca y restaure antes sus relaciones sanas con su entorno.

Necesitamos más espejos y menos ventanas. Somos muy buenos para ver al ajeno a través de una ventana (crítica, juicio, opiniones, comentarios gratuitos…) pero nos cuesta mucho vernos y hablarnos a nosotros mismos mirándonos al espejo.

E incluso si nos miramos al espejo muchas veces justificamos nuestros errores. Eso es porque nos vemos a la luz de nuestras intenciones y pensamientos. Pero estos son invisibles para los demás. Sin embargo, vemos a los otros a la luz exclusivamente de sus acciones, que son las visibles para nosotros.

Mientras vivamos enfocados en ventanas no vamos a saber ver nuestros defectos. Somos muy dados a juzgar (ventana) y a justificarnos (espejo). Pero el título y el puesto que tienes valen lo justo. Lo que de verdad vale es cómo sirves a los demás con el título y el puesto que tienes.

¿Cómo nos podemos conocer mejor?

Nuestra conducta viene determinada por una parte genética y otra aprendida. A la genética vamos a llamarle el temperamento. A la aprendida el carácter.

Cada uno nace con un temperamento (si tiene hijos se dará cuenta que aunque los haya educado igual cada uno es distinto). Es una tendencia natural a comportarnos de una manera determinada.

Hay gente introvertida y extrovertida que puede enfocarse en tareas o personas. De ahí vienen las cuatro variables posibles del temperamento alternando las posibilidades.

Y eso no cambia. No hay un temperamento mejor que otro (lo que ocurre en que solemos ver y fijarnos en el que no tenemos). Ni tampoco hay un temperamento puro ya que hay uno preponderante y una mezcla de los demás.

Pero precisamente, al ser el temperamento una tendencia y no un determinante, lo que hace que podamos modificarnos es el carácter.

Imagínese un coche que no está bien alineado. Por su tendencia natural siempre irá si le deja sólo a derecha o  izquierda según el modo de su alineación. Pero eso no significa que se vaya a estrellar, pues con el volante, con su carácter, puede hacer que el coche se dirija recto y de forma adecuada por la carretera.

Obviamente le costará más girar a la derecha si el defecto hace que por ley natural vaya a la izquierda. Pero es solucionable gracias a ese carácter que hace modificar a su temperamento.

El carácter tiene que ver con la educación formal e informal que hemos recibido, forjándose a cualquier edad de nuestra vida. Y es un reto porque atenta contra mi tendencia natural. Es el domador de nuestro temperamento.

Y por supuesto se forja cuando nadie nos ve. Trabajar y ser disciplinado cuando está el jefe o ser fiel a tu pareja cuando está ella delante, no tiene mucho mérito, ¿verdad? El ser humano forja su carácter en lo privado para luego expandirlo en lo público.

Y ese carácter y temperamento es el que hará que nuestras relaciones con los demás sean fracasos o éxitos.

Tenga en cuenta que nadie puede cambiar al otro, ni tenemos el derecho ni la capacidad de hacerlo pero sí se puede cambiar la relación que quiera tener con el ajeno.

El resultado no será ni mejor ni peor, sino distinto.

Pero si no le gusta la relación que tienen con esa persona, la podrá cambiar. Esa es la clave. Y para eso siempre hay tiempo.

Si quiere cambiar su vida un poquito, cambie lo que está haciendo. Si quiere grandes cambios en su vida, cambie su manera de pensar.

Fuente: José Pomares.

C. Marco

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