La Fuerza de un Sueño

“Discapacidad solo significa que hay algo que no puedes hacer, y creo que todos reconocemos que hay alguna cosa que no podemos hacer. Personalmente, no pierdo el tiempo en aquello que no lo merece, como un término. No me gusta poner etiquetas, ni para lo bueno ni para lo malo, y el término discapacidad es una etiqueta. Además, creo que generalizar es de gente cómoda”.

Si hay algo incompatible con Teresa Perales eso es, justamente, la comodidad. Con 19 años la vida le jugó un duro revés, uno más; el primero fue la muerte de su padre cuatro años antes. Después llegó su enfermedad neurológica, por la que acabó en una silla de ruedas. Desde entonces no ha podido caminar, pero sí convertirse en nadadora paralímpica.

Un día decidió “asomar la cabeza, salir del cascarón, coger las riendas e intentar cambiar la realidad”. De esto hace ya más de dos décadas y le ha dado tiempo a participar en cinco citas paralímpicas. Siete oros, nueve platas y diez bronces; ese es el palmarés actual de Perales, que ha engrandecido con su actuación en los Juegos de Río.

“Si echo la vista atrás, creo que lo mejor ha sido cómo he ido convirtiendo esa primera idea de drama en algo que no cambiaría por nada del mundo” –nos cuenta antes de viajar a Brasil y a punto de pronunciar su ponencia en el Management and Business Summit 2016 de Atresmedia–. “Cuando te pasan cosas así, parece que la vida te da una segunda oportunidad, pero, ¿y si le das la vuelta? ¿y si eres tú quien le das una segunda oportunidad a tu vida? Yo lo he hecho. No me he quedado en lo que a todo el mundo le llama más la atención, que es la silla de ruedas, sino que le he dado una segunda oportunidad a mi historia y la he transformado hacia donde he querido”.

Pocas personas pueden hablar de motivación con más autoridad que ella. Perales predica con su propio ejemplo, y eso fue lo que compartió con los directivos que asistieron al MABS.

 

Disfruta tu libertad:

“Entender que podemos elegir las cosas que hacemos es maravilloso. Cuando la vida te plantea situaciones que no sabes cómo afrontar, muchos queremos recular, echar marcha atrás y que pase todo. El miedo es una emoción maravillosa, porque nos protege como personas, pero si dejamos que nos invada y bloquee, no conseguiremos nada”, declaró.

Según Perales, no atreverse a avanzar es egoísta: “Me he dado cuenta de que tenemos un mundo de posibilidades que solo necesita de dos cosas: tomar una decisión, y hacerlo siendo coherente con uno de nuestros mayores regalos: la libertad de elegir. Me llama mucho la atención la poca importancia que damos al hecho de que somos libres y podemos hacer cada día lo que queramos, y eso es algo que no puede decir todo el mundo”.

Ella decidió disfrutar de su capacidad de elegir y tirarse a la piscina cada día. Desde hace años entrena duro para nadar 35 segundos, el tiempo que hoy invierte en los 50 metros estilo libre. “Si no fuera capaz de disfrutar de todo ese recorrido, no merecería la pena. Conseguir la medalla está bien, pero es algo etéreo”.

Perales reclamó honestidad personal para tomar perspectiva de la vida, porque es un don que no está asegurado: “Me parece increíble que nos levantemos por las mañanas y no demos gracias. Por eso intento aprovecharla, porque no está garantizada”.

Reconoce que, en su caso, haber viajado mucho y conocido realidades diferentes o incluso similares a la suya, pero que no han tenido la suerte de contar con un entorno favorecedor, le ha ayudado a adquirir esa perspectiva.

Enfoca para no rendirte:

“No esperes que otros transformen tu vida, tú debes provocar el cambio”. Para garantizar que este sea positivo, la primera recomendación es decidir dónde poner el foco.

“Cuando estoy compitiendo, tengo rivales a derecha e izquierda. Podría caer en la tentación de mirar en todo momento dónde están, pero ¿para qué? Para nada. Mi foco debe estar puesto en ser yo la primera que toca la pared, y eso depende únicamente de mí. Se trata de que piense que puedo hacerlo y no rendirme en ningún momento, porque no rendirme es ganar”.

La nadadora explicó la importancia de relativizar la frustración y cómo a veces, habiendo ganado un oro, no se ha sentido ganadora: “Sentía que no había hecho mi mejor marca, que había cometido un fallo que podía haber remediado o que el resultado, independientemente de la medalla, no era el que yo buscaba. No es que no me lo perdone, es que no me hace sentir ganadora. Sin embargo, hay otras veces que he hecho un bronce y lo he vivido como el récord del mundo, porque he conseguido ese estado de flujo que buscamos todos los deportistas, porque verdaderamente he sido muy consciente en todo momento de lo que estaba pasando y de las decisiones que tomaba, etc.”.

Sueña:

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La fuerza de un sueño. Ese fue el título de la ponencia de Teresa y también el de su último libro, porque “lo que más nos pertenece, nuestro mayor tesoro por encima de todo son nuestros sueños. De nosotros depende si queremos compartirlos o no, si nos atrevemos a cumplirlos o no… Mi planteamiento siempre es por qué soñar en pequeñito si puedo soñar a lo grande”.

Perales sueña con su competición: “Visualizo mi carrera ganando, no puedo hacerlo de otra manera. Mi plan de acción contempla muchas horas de entrenamiento, muchos momentos de estar exhausta, pero también muchos de orgullo, de sentirme muy bien conmigo misma por estar haciendo un gran trabajo. Cumplir mi sueño dependerá, en gran parte, de mí. Recuerdo cuando en Londres 2012 gané el oro en la última prueba, cuando tenía todo en contra y bajo una gran presión”.

Quizá las aspiraciones de la atleta española que más medallas ha conseguido nos parezcan demasiado grandes, pero no es así. Para Teresa “no se trata de tener sueños inalcanzables ni imposibles de realizar, sino que soñar a lo grande es permitirnos querer crear cosas grandes, es querer crecer como personas y pensar que podemos hacerlo hasta el infinito y más allá”.

En Londres ella aprendió algo importante, “que la carrera solo termina cuando has tocado la pared. No se trata solo de mantener la esperanza viva sino de mantener el deseo de ganar en todo momento, sin rendirte ni perder la perspectiva”.

Para conseguirlo, entrenar la parte emocional es esencial: “Le dedico mucho tiempo; todos los días, incluso en aquellos que tengo descanso físico”. Ese entrenamiento le ha ayudado a transformar en energía positiva muchos momentos, e incluso a visualizar uno de sus proyectos de futuro: la creación de una escuela de inteligencia emocional para niños de 12 a 16 años.

La pre-adolescencia y la adolescencia son dos etapas críticas, donde los niños ven auténticos dramas de un granito. Tal y como está establecido el sistema educativo español, en la mayoría de los colegios no se profundiza en la inteligencia emocional. A mí me parece fantástico ser el que más matemáticas sabe, pero si no tienes la capacidad para poder plasmar todo eso y transformarlo en algo que te sirva, quizá no llegues a conseguir lo que deseas. Me gustaría trabajar con los niños esa parte emocional, para que luego sean capaces de enfrentarse mejor a todas las circunstancias de la vida. Crear esa escuela es una de mis mayores ilusiones”.

Fuente: Escrito por Teresa Perales. Artículo publicado en Executive Excellence nº132 sept. 2016. 

C. Marco

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