Esto también pasará

El martes pasado a la mañana manejaba por la Panamericana casi solo. Mientras llevaba a mis hijos al colegio, la ciudad quedaba atrás. En sentido contrario, cientos de autos iban hacia el mismo lugar y a la misma hora. “Están todos en la jaula de oro, en la zona de confort. No se quejan mucho, pero podrían volar como vuelo yo”. Eso fue lo que sentí.

Pero, claro, también existe la cabeza -o el cerebro, para ser más precisos-, que le preguntó a mi corazón: “¿Soy yo el que va a contramano? ¿Está bien que esté solo en este carril?”.

Hacía dos días que había publicado Soy solo.

La felicidad requiere libertad. La libertad requiere coraje. No se puede ser corajudo todo el tiempo. Pero tampoco nunca.

-¿Qué querés ser cuando seas grande? -desafié a un postulante más, hace unos meses. Primero, me miró con una sonrisa. Quizás pensó que era un chiste ¿¡¿¡Quién va a hacer esa pregunta a alguien mayor de diez años!?!?

Pero, ante mi silencio y mi mirada insistente, se puso algo pálido. ¿Qué espera que diga? ¿Ya soy grande? ¿Feliz? ¿Gerente? ¿Alguien que cumple con los objetivos? ¿Qué habrá pasado por su cabeza cuando vio que, después de ese psicotécnico para el que se había preparado tanto y tan innecesariamente, tenía que sufrir a un gerente general en jeans? “Esto también pasará”, parecía repetir como un mantra.

Disfruté mucho esa incomodidad que generé en las cientos de entrevistas que hice. Algunos deben pensar que había algo de sadismo, pero sobre todo era sincera curiosidad y un poco de ganas de ayudar. Al responder, todos me mostraban directa o indirectamente qué cosas eran importantes para ellos. En paralelo, se daba un proceso muy profundo dentro mío…

Nunca hagas una pregunta que no estés dispuesto a hacerte a vos mismo.

Cada vez que le hacía esa pregunta a otro, mi cabeza y mi corazón se veían reflejados, trataban de aprender y de entender qué era lo que yo quería, qué me movía, porque nunca tuve como objetivo el dinero en sí.

Ganar dinero como objetivo no solo es malo para el individuo, es malo para la sociedad. Perdón, Adam Smith😦

En la misma pregunta estaba la respuesta: el futuro. Me apasiona no solo pensar en el futuro, sino también trabajar para que sea mejor. Mi ansiedad (pensar demasiado en el futuro), mi foco laboral (trabajar en Tendencias y cómo aprovecharlas en lugar de sufrirlas) y mi pasión, todo apunta al mismo lugar.

Me hace feliz intentar ayudar a que el mundo sea mejor. Cumplí 18 años en Officenet/Staples. Ahora soy mayor de edad. Y eso es lo que quiero hacer cuando sea grande. Falta menos. El 13 de octubre cumplí 45 años y gracias a las infinitas horas que pasé programando en una Commodore 64 a mis 12, pude hacer mi sitio en Internet sin ayuda: www.leopiccioli.com.ar. En otras palabras, “a no criticarlo que es lo que hay”.

Hace poco me dijeron que, si quiero mejorar el mundo, debería ser político. No, gracias. Creo que es muy difícil lograr un cambio permanente como político. O, como dicen, “no están dadas las condiciones”.

Antes de aceptar un desafío, pensá si al terminarlo el mundo va a ser un lugar mejor

Porque esto también pasará.

El Espejo:

Todo el tiempo conversamos. Conversamos cuando conversamos, pero también conversamos cuando pensamos solos, cuando hacemos un Excel o un Powerpoint. Tal vez en una conference call no, porque ahí nadie presta atención y hacemos dibujitos en el papel o jugamos a algo en Facebook. Pero, en general, agregamos valor conversando, creamos conversando. Recuerdo que el Cluetrain Manifesto, libro que recomiendo y que leí hace un montón de años, decía que los mercados también son conversaciones.

Si todo son conversaciones, las herramientas para conversar pueden mejorar el futuro.

Hace unos meses les conté a mis hijos adolescentes, por separado, que me iba de Staples. Los dos reaccionaron igual:

-¿Qué vas a hacer? -me preguntaron, sin rastros de sorpresa.

A los dos les pregunté qué me recomendaban. Ambos dijeron lo mismo: “¡Tenés que dar charlas!”.

Quiero hacer del mundo un lugar mejor, las conversaciones son fundamentales, tengo experiencia como jefe en entornos variados (emprendedor, corporación, Argentina, Brasil, recesión, expansión), tuve un show de Standup Comedy…

A veces los otros ven las cosas más claras de vos. Aprendé de vos a través del espejo de los otros.

Dar charlas me apasiona. Pero no siempre puedo tener el alcance y la profundidad que busco. Básicamente quiero generar un impacto positivo a partir de compartir mi conocimiento. Por ahora, encontré tres caminos:

  1. Escribir, compartiendo con muchos, pero con mensajes más generales, tratando de despertar ideas, desafiar. Empecé a los 20 en El Economista, seguí con mi blog, y ahora siento que lo hago mejor en LinkedIn.
  2. Dar charlas, compartiendo mensajes más específicos y motivando a ser mejor. Mis experiencias con la historia de Rubén, boletero de cine y en Relate Live San Pablo en 2016 fueron fundamentales para ganar seguridad. Mi discurso frente a Mirtha Legrand, una confirmación.
  3. Hacer coaching estratégico (aunque confieso que no soy coach certificado ni creo que lo vaya a ser) para generar cambios concretos en casos puntuales, tanto en estrategia empresaria como en estrategia de carrera. Diez años de coacheado y sus efectos positivos, los cambios de escenario que viví y la gente a la que pude ayudar me dan la tranquilidad de ser valioso.

Como aprendí, no voy a trabajar: voy a hacer cosas que me gusten y voy a cobrar por algunas de ellas. Para cada cosa que hago me preparo mucho, voy a fondo. Eso hace que tenga que elegir qué propuestas aceptar. Evalúo en base al placer que me dé (porque sea algo agradable o divertido o porque vaya de acuerdo con mi objetivo de ayudar a líderes a desarrollar mejores líderes), al beneficio de largo plazo que me genere (tanto branding como aprendizaje, que me pueden ayudar en mis otros objetivos), y al beneficio económico que implique (de corto plazo, ese que paga las cuentas). De hecho es un momento muy desafiante para mí: me considero un experto en Pricing (“El arte de poner precios”); ahora es el momento de aplicarlo en mi mismo.

O gratis o el precio que considero justo, los descuentos le quitan valor percibido y hacen que nos esforcemos menos

La validación:

La integridad entre lo que somos, hacemos y decimos es clave. Para asegurarme de que puedo sostenerla, confronté mi Visión con este diagrama de Venn, que tuve durante meses en la pizarra de casa. Tanto tiempo estuvo con nosotros, que mi hijo decidió intervenirlo y ponerle título. El “propósito” es de él.

Amo compartir, estoy convencido de que el mundo lo necesita, apuesto a que habrá gente dispuesta a pagar por ello… Falta saber si soy genial, pero ganas de esforzarme para serlo no me faltan.

Es fantástico aprovechar al máximo los momentos de energía y adrenalina. Pero no creérsela. Esto también pasará.

Podés ver más de mis artículos dominicales en bit.ly/leodisrupt. Desde ya te agradezco tus comentarios y que lo compartas🙂

Fuente: . Disrupting Management🙂

C. Marco

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