¡Peligro, personas creativas!

La creatividad es una variable de relevancia extrema en el mundo empresarial. Se nos plantea la necesidad de convertir a nuestras organizaciones en lugares donde la iniciativa, la flexibilidad y la búsqueda de soluciones alternativas encuentren su espacio.

Muchos de los puestos de mayor responsabilidad están pidiendo a gritos que sus ocupantes posean perfiles altamente creativos. Sin embargo aunque el objetivo final lo tenemos claro, los pasos para alcanzarlo no son “cómodos” y nos pueden llegar a asustar.

Imaginemos que su empresa ha apostado por una estrategia claramente diferenciadora, en la que los planteamientos antiguos se han quedado obsoletos y se hace imprescindible asumir retos nuevos. Además los procesos internos los tiene totalmente orientados para conseguir ese cambio de rumbo. Imaginemos finalmente que las personas que integran su empresa en la actualidad perciben las bondades de innovar y de no estancarse en el pasado. Visto así, el paisaje, aparece ante nuestros ojos no sólo real sino esperanzador. Pero si se fija un poco más, detectará que ante este nuevo panorama suele faltar algo, algo que además es difícil de encontrar…nuevos protagonistas.

La creatividad implica romper con patrones establecidos para mirar las cosas de otra forma.-Edward de Bono.

Y es aquí donde nos encontramos con el problema, para que este barco innove es necesario primero identificar el potencial creador en nuestra empresa y si no es suficiente será necesario diseñar estrategias de búsqueda y captación. Integrar remeros y capitanes nuevos, personas con capacidad creativa que aporten visión distinta y planteamientos diferentes puede ser una tarea difícil.

La transmisión de la necesidad es clara: “necesitamos que nos encontréis una persona capaz de hacer algo específico y que posea además como rasgo diferenciador el ser creativo”. Pero, ¿realmente sabemos que pedimos cuando queremos seleccionar para nuestra empresa a alguien con este perfil?. Más aun, ¿estamos preparados para integrar dentro de nuestras filas a una persona con todas las características que conlleva el ser creativo?.

Aunque las investigaciones realizadas en este campo son ingentes, si agrupamos algunos de los resultados obtenidos en las más relevantes, podríamos determinar que los rasgos que definen a una persona creativa son:

  • Se definen como personas complejas. No son los típicos colaboradores que aceptan las cosas tal como son. Cuestionan todo y llegan a preguntarse por aspectos que el resto de la organización considera obvios.
  • Tienen bajo control sobre sí mismos. Se caracterizan por tender hacia la impulsividad. Se fían de sus impresiones y en muchas ocasiones dan rienda suelta a sus emociones pudiendo resultar indisciplinados.
  • Toleran la ambigüedad y prefieren el desorden. Aunque es difícil encontrar a una persona creativa obsesionada por el orden, es verdad que va a emplear mucho esfuerzo en ordenar su vida interior y los espacios en los que suele moverse… el problema es que ese esfuerzo suele ser infructuoso.
  •  Son menos extravertidos y sociales que el promedio de personas. Necesitan a los demás pero como público para sus productos e ideas, en el fondo necesitan un reconocimiento continuo de su valía.
  • Les interesan muchísimas cosas. Están abiertos a experiencias nuevas y sienten gran necesidad de variedad. Cuando la vida no es tan apasionante como se la imaginan, se desmotivan rápidamente.
  • Tienen necesidad de ser reconocidos y un alto nivel de aspiración para sí mismos
  • Son autónomos, independientes e inconformistas.

En definitiva, al personaje en cuestión se le puede definir de muchas maneras pero nunca como “alguien cómodo para la organización”.

Habitualmente ante perfiles de este tipo se va recalculando la descripción del puesto realizada, hasta contratar a alguien muy parecido a la mayoría: acomodaticio, sumiso, ordenado, atento a las normas y formal en las relaciones. Claro está, que esta persona difícilmente va a ser creativa, pero es más fácilmente vendible dentro de nuestra empresa.

Cuando se contrata a una persona creativa, se asumen una serie de riesgos que son necesarios asumir. La independencia de juicio, la impulsividad, el desorden, la indisciplina son aspectos con mala fama en nuestras empresas. En cambio existe una cara positiva de todo esto. Nutrir a la organización de una persona que no se conforma con los planteamientos heredados, que tiene confianza en sus posibilidades, con disposición al cambio y motivado por mejorar, puede dar la energía suficiente para que el barco navegue hacia nuevas tierras. Es necesario, por lo tanto plantearse la necesidad de integrar en nuestras filas a personas con estas características y a partir de ahí ser consecuente con la decisión: creativo para lo bueno y para lo malo.

Fuente: Esteban Solano Rada. Psychologist Human Resources Specialist at Esolano Consultoría.

C. Marco

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