Procusto: El síndrome del envidioso

Procusto,  el síndrome  del envidioso

 

Furioso está el funcionario por el ascenso de su colega, furiosa la vecina con el matrimonio de la hija de su amiga, furioso el deportista con los triunfos de su compañero, el empresario que no logra crecer como sus competidores, el hermano por la novia de su hermano, furioso el viejo por las oportunidades del joven, furioso aquel político por el éxito y empatía de su contrincante. En fin, furiosos están quienes “no la pudieron hacer”. Y la suma de estas furias generan acciones negativas, destructivas, irresponsables y peligrosas.

“El peor enemigo de un peruano es otro peruano” ¡Cuántas veces hemos escuchado esa fatal sentencia! Y como todos los dichos populares algo de verdad debe tener. El éxito ajeno en el Perú es el principal combustible para que la envidia se propague como un incendio forestal. Tal parece que el éxito y el reconocimiento no son buenas semillas para el infértil suelo de la mediocridad peruana.

ANALIZANDO LA ENVIDIA:

La envidia en la teología cristiana es uno de los pecados capitales y Dante en la Divina Comedia castiga al envidioso cociéndole los ojos por toda la eternidad para que no pueda disfrutar viendo la caída de los demás. Para el filósofo Baruch Spinoza la envidia es una de las pasiones tristes más ruines que puede albergar el alma humana alejándonos de nuestro propio ser. Y es que este ruin y arrebatador sentimiento ha concitado la reflexión y análisis desde tiempos remotos por muchas disciplinas.

El psiquiatra Saúl F. Salischiker dice que existe una envidia sana (cuando la aspiración y el deseo no son destructivos sino admiración por lo que no se tiene) y una envidia patológica que es una perturbación del deseo, la insoportable sensación de no poseer lo que el otro tiene. “Cuando una persona se obsesiona y deja de vivir por estar pendiente de… la vida de su adversario, de su entorno, y entre otras cosas siente agobio por cada uno de sus triunfos… Aparte de mostrar signos graves de inferioridad, te muestra que estas tratando con una persona psiquiátricamente enferma.”

Por su parte, los celos se relacionan con la inseguridad y baja autoestima, es el miedo a perder lo que ya se posee, o creer que se posee.

Para la psicoanalista Melanie Klein la envidia destruye la capacidad de gozar y de apreciar lo que posee uno mismo pervirtiendo los sentimientos de amor, ternura o gratitud. “La persona envidiosa es insaciable porque su envidia proviene de su interior y por eso nunca puede quedar satisfecha, ya que siempre encontrará otro en quien centrarse”.

Procusto,  el síndrome  del envidioso

PROCUSTO,  EL NORMALIZADOR:

Una de las formulaciones más recientes sobre la envidia proviene de la psicología dirigida al mundo empresarial y organizacional: el síndrome de Procusto, que es la incapacidad para reconocer como válidas las ideas e iniciativas de los demás y el miedo a ser superado profesionalmente por un subordinado empujando a un directivo, dirigente o mando medio a tomar pésimas decisiones para su organización o empresa.

En la mitología griega Procusto era un hombre que daba posada a los viajeros en las afueras de Ática. Diseñó una extraña cama en la que sus huéspedes no cabían o les quedaba muy grande. Si no cabían, les cortaba la cabeza y las extremidades, si les quedaba grande, los ataba y estiraba hasta descoyuntarlos.

Procusto se ha convertido sinónimo de uniformidad y su síndrome define la intolerancia a la diferencia y las iniciativas. Así, cuando alguien quiere que todo se ajuste a lo que dice o piensa, lo que quiere es que todos se acuesten en el ‘Lecho de Procusto’.

Quien tenga la osadía de erguirse y hacer que sobresalga su cabeza por encima de la normalizada mediocridad, será decapitado. El síndrome de Procusto existe para recordarnos quién manda aquí, para disciplinarnos y no salirnos de la ovejuna fila (aunque la fila esté llena de corruptos u otros especímenes de la miseria humana), para decirnos que nadie nos ha pedido nuestra opinión y menos que seamos creativos, para decirnos que la rueda del sistema seguirá girando con o sin nosotros.

NO ELIMINES A QUIEN PODRÍA SALVARTE:

Como decía Steve Jobs, “es absurdo contratar a un equipo de gente inteligente y creativa para decirles lo que tienen que hacer”. Lo mejor es dejar que la creatividad y la iniciativa se desplieguen adaptando la organización a los talentos y capacidades de los individuos, y no los individuos a la organización. Si trasladamos esta experiencia a la política veremos que las organizaciones políticas se han anquilosado, sus militantes son sistemáticamente cercenados y están gobernados por una casta de envidiosos e incapaces “Procustos” prestos a identificar y eliminar cualquier posibilidad de cambio que los deje en evidencia.

En el mito griego Procusto recibe una cucharada de su propia medicina. El astuto y valiente Teseo logra que el asesino se acueste en su propio lecho y lo elimina. Así que, sí es posible salir del círculo vicioso de la envidia. No esperemos que venga un héroe a rescatarnos, pero si aparece un héroe, tampoco le cortemos los pies o la cabeza. Todos tenemos un Procusto adentro. Yo conozco algunos, lamentablemente.

Fuente:

C. Marco

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