El botón de la confianza

“Ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos.”

Buda Gautama

Hola a todos, os voy a contar una historia inspiradora que he tenido la suerte de escuchar de un ejecutivo que viajaba a mi lado en un tren que nos llevaba desde Madrid a Valencia. En estos viajes, no sé por qué, casi siempre tengo personas interesantes a mi lado con las que aprendo “las pequeñas cosas más importantes” y me inspiran para hacerme preguntas poderosas acerca de mi, cuestiones quizás no resueltas en mi desarrollo como ser humano. Mi reto personal es seguir creciendo e interiorizando las cuestiones verdaderamente importantes de la vida. Esta historia hace referencia a la confianza.

En el transcurso de este viaje, Pedro, el joven ejecutivo que viajaba a mi lado llevaba en su mano un llamativo Iphone, que por su tamaño y finura sospeché que era el Iphone Plus 7, recientemente sacado al mercado por Apple. Le pregunté con mucha discreción si se trataba del 7 plus, para consultarle si le iba bien y si estaba contento, además de constatar las principales diferencias de usabilidad entre este nuevo terminal y mi Iphone 6, ya algo antiguo pero prestando el servicio razonablemente adecuado para cubrir mis necesidades.

Pedro amablemente, me contestó: no, es el Iphone 6 Plus y es de segunda mano. Lo he comprado a través de la app “Wallapop”, una aplicación móvil que te permite comprar y vender productos de segunda mano con personas que no conoces. En un primer instante pensé que Pedro era un inconsciente por comprar tecnología a través de una app móvil de una persona desconocida, haciéndole saber que eso era muy arriesgado en los tiempos locos que vivimos, pero seguidamente y tras escuchar su relato, cambié de opinión radicalmente.

Inició su historia contándome que la persona que vendía su Iphone 6 Plus, era una chica joven de unos 30 años con la que había contactado a través de la propia app y habían intercambiado amablemente sus Whatsapp para chatear y formalizar un posible encuentro para ver el terminal y comprobar que todo estaba en perfecto estado. El precio era bastante atractivo, porque la chica lo vendía por menos de la mitad del precio original. Y así fue, quedaron al día siguiente en la zona donde trabajaba la chica, cerca de Bravo Murillo. Pedro seguía contándome la historia mientras me describía aquel encuentro. Me comentó que al ver a la chica, se quedo bastante sorprendido de forma agradable por la imagen y “la mirada dulce y transparente” de la mujer. Comentaba entre sonrisas que, aunque no la conocía de nada y aunque ella tenía una foto de un perrito en su perfil de Whastapp, al verla físicamente le generó un espíritu de confianza brutal, aspecto muy positivo porque de esa misma confianza dependía básicamente que se quedara con el teléfono móvil o no, aparte de que el terminal estuviese lógicamente en buen estado.

Pedro continuó su relato, comentándome que fueron a un local donde trabajaba una amiga de la chica para probarlo y allí mismo Pedro pudo comprobar el funcionamiento del terminal y su estado en general. Se quedó doblemente sorprendido, porque además de la confianza que le había generado en un primer instante la chica, pudo comprobar que el estado del terminal era estupendo, estaba totalmente formateado a valores de fábrica, no era un terminal robado (comprobado en el instante con el imei), sin ningún golpe aparente y funcionaba correctamente con su tarjeta sim. Inmediatamente Pedro les comentó a la chica y a su amiga que iba a sacar dinero del cajero para efectuar la transacción y así fue, diez minutos más tarde se encontraba entregando el dinero pactado con la chica y recogiendo su flamante terminal, de segunda mano pero como si fuera nuevo.

Pedro se fue a trabajar y guardó su Iphone 6 Plus encendido pero sin su tarjeta SIM puesta, ya que todavía la mantenía metida en su antiguo terminal Android para hacer el respaldo de datos correspondientes.

Al terminar su larga y casi eterna jornada laboral como consultor, Pedro regresó a casa junto a su familia para mostrarles con orgullo su nueva adquisición. Le decía a su mujer: ¡un chollo, por fin, he cazado un chollo! Ni Black Friday ni nada de nada. ¡La compraventa funciona! Pedro quería asegurarse de que no quedaban datos o archivos en el teléfono respetando la intimidad de su antigua propietaria, por lo que procedió a restablecer los datos a valores de fábrica de nuevo. En ese instante me contó que se levantó a beber un vaso de agua mientras el teléfono reiniciaba y que cuando regresó no podía creer lo que estaba pasando. El flamante Iphone Plus 6 había muerto por completo. No respondía a ninguna llamada de acción. Ni tampoco cargaba, ya que cuando se carga un Iphone sale en la pantalla una imagen de una batería con el indicativo de carga. ¿Se había quedado sin batería? ¿Quizá una sobrecarga de tensión? ¿Algún sistema nuevo de Iphone que apagase el terminal de forma inteligente al detectar alguna anomalía? Pedro me contaba la cara de “soplagaitas” que se le quedó cuando fue a la cocina a contárselo a su mujer. Algo inaudito e increíble…pero, ¿previsible? Todavía Pedro tenía en su retina la imagen de dulzura y de buena persona que le había transmitido la chica. Desde su antiguo Android, inmediatamente le envió un Whatsapp a la chica comentándole lo sucedido. La chica respondió bastante rápido pero sorprendida. Pedro quería hablar por teléfono con ella, pero ésta le respondió que estaba ocupada con la familia y que no podía conversar por teléfono. Pedro comenzó a pensar que algo raro estaba sucediendo, las malas vibraciones se empezaban a apoderar de él y comenzó a pensar que había sido víctima de una estafa declarada. La chica envió un último Whatsapp para verse a la mañana siguiente en el mismo sitio hacia las 14 horas para ver que estaba sucediendo con el terminal.

Al día siguiente Pedro estaba allí como un clavo a la hora de comer y con mucho sueño porque no había conseguido conciliar el sueño pensando en lo inocente que había sido al pensar que podía comprar un terminal así y tan barato, sin tener alguna falla grave.

Al llegar al local, Pedro se encontró a la chica y a su amiga, junto a un señor más mayor con un aspecto algo descuidado y con una señora mayor. Pedro le contó lo que había sucedido, que había restablecido el terminal a valores de fábrica y que el teléfono ya no respondía ni cargaba de ninguna manera. La chica lo comprobó y efectivamente sucedía lo mismo. Fue entonces cuando Pedro comenzó a tantear la posibilidad de que le devolvieran el dinero ya que no hacía 24 horas que lo tenía y el terminal ya no funcionaba. La chica, que según Pedro seguía teniendo esa mirada dulce e inocente, le comentaba bastante apurada que cuando Pedro salió por la puerta, el teléfono funcionaba perfectamente y que no sabía si a Pedro, al salir, se le había podido caer el teléfono y por eso había dejado de funcionar. A esto se le sumaba la opinión de refuerzo del señor mayor, que le comentaba que mucha gente compraba artículos baratos de segunda mano, les quitaba piezas para recambios y luego trataban de devolvérselos al dueño original aduciendo que no funcionan por mal estado. Por lo visto esto suele pasar en automoción, en la compra venta de coches de segunda mano. Pedro no había recibido ni factura y el móvil estaba en garantía, pero sin factura era complicado que le hicieran algún caso en Apple.

Según Pedro la tensión se podía cortar a cuchillo como un lomo bajo para steak tartare. Yo continuaba comiéndome un donuts mientras escuchaba atentamente el relato y me iba imaginando como podría desarrollarse el difícil desenlace final, ya que el proceso de desconfianza mutua se había desatado y era de difícil solución encontrar un punto de retorno.

A todos los efectos, Pedro tenía razón. El móvil funcionaba, pero llegó a casa y dejó de funcionar. Sin golpe alguno ni ninguna manipulación extraña.

A todos los efectos la chica también tenía razón. Al salir Pedro por la puerta del local, el móvil funcionaba perfectamente, por lo que no era muy lógico que hubiera dejado de funcionar así sin más.

El clima de desconfianza y la tensión se mascaba por segundos y Pedro pensaba: “me han hecho el lío” y la chica pensaba: “este es un listo que quiere hacerme el lío”.

Pedro me contaba que fue una de las situaciones más desagradables que había vivido en su vida, porque al tratarse de un objeto de segunda mano y comprado sin factura alguna, sabía que tenía las de perder y que no tendría muchas opciones de recuperar el dinero. Y por otra parte la chica le contaba que todo estaba siendo muy desagradable porque el terminal que le había vendido, lo había estado utilizando ella correctamente hasta hace muy poco tiempo antes de venderlo.

La chica sugirió llevar el móvil a algún servicio técnico de la zona para que revisasen el terminal y ver que le sucedía. Pedro aceptó la propuesta y él mismo buscó en Google uno servicio técnico cercano y sobre todo aleatorio, no fuera que los del servicio técnico que fueran a proponer estuviera de acuerdo de alguna forma con los potenciales estafadores. Fueron caminando junto con su amiga y el señor mayor que, amablemente, iba dando conversación de ascensor a Pedro para rebajar el nivel de tensión. Al llegar al centro técnico apareció otro inconveniente, estaba cerrado. Eran las 14.30 y cerraban a las 14:00. No volverían a abrir hasta las 17:00. Pedro estaba ya muy nervioso y la chica por supuesto también.

La amiga de la chica dijo en alto: yo conozco un servicio técnico que está en la misma dirección pero en el otro sentido y muy cerca de aquí. Podemos ir allí a ver. Pedro ya tenía claro que le estaban llevando al centro “compinche”, donde por supuesto le iban a decir que el terminal había sufrido un golpe y que por eso no funcionaba. Y Pedro no tenía forma de demostrar que él lo único que había hecho con el terminal era restablecer los datos para cumplir de forma honesta y acorde con la ley de protección de datos, respetando así la privacidad de la chica. Pero no tenía otra opción. O bien esa o bien esperar hasta las cinco de la tarde para acudir al otro servicio técnico. Finalmente fueron caminando al centro técnico que había sugerido la amiga de la chica. Pedro ya iba como toro al matadero, pensando que tendría un maravilloso ladrillo de decoración y que se quedaría sin su dinero en el bolsillo.

Al llegar al centro de reparaciones, Pedro sacó el móvil y contó toda la historia al técnico que estaba atónito detrás del mostrador. Delante del mismo Pedro y de la chica, el técnico pulsó simultáneamente el botón de encendido y el de control del Iphone y lo reinició. Una vez hecho esto, el móvil volvió a la vida, pudiendo volver a configurarse adecuadamente en ese mismo instante. Adicionalmente el técnico hizo un test de batería y estaba todo correcto y en perfectas condiciones.

Según me contó Pedro los dos se abrazaron y se dieron besos. La chica y él, los protagonistas principales de la película “desconfianza total”.Fue, me decía, como un pinchazo repentino a un globo de tensión acumulada, donde el final fue el que debió ser desde el principio. Una situación normalizada y controlada, natural. El desconocimiento por parte de ambas partes les había llevado al extremo de la desconfianza, a la tensión y a la generación de prejuicios mal fundados. No habían pulsado correctamente el “botón de la confianza”. La confianza en el ser humano.

Al llegar a Valencia, Pedro y yo nos despedimos y prometí escribir algo sobre esta inspiradora historia que nos lleva a pensar que, afortunadamente, en este nuestro planeta tierra, somos más los buenos que los malos. Y eso me dio un “subidón” increíble porque la confianza es “el driver” más significativo de la lealtad y de las relaciones humanas y esta historia que me contó Pedro me activó mi botón de la confianza.

¿Y si todos en un futuro cercano, tuviéramos un botón de reinicio como el Iphone que al presionarlo nos activase la confianza de forma automática? ¿Sufriríamos menos? ¿Tendríamos menos prejuicios? ¿Viviríamos más libres y sanos mentalmente?

Os invito como última reflexión a que cojáis un folio en blanco y pongáis vuestra mano con la palma sobre él folio y dibujéis su contorno. Cuando lo hayáis hecho, retirar la mano y sólo mirando al contorno dibujado, tratéis de pintar los pliegues palmares, es decir, las líneas de vuestra mano. No miréis vuestra mano, hacerlo tratando de usar vuestra memoria. Lleváis mucho tiempo con ellas, los pliegues palmares se forman en el útero alrededor del tercer mes de gestación. Una vez pintadas las líneas, comparar el dibujo realizado con las de vuestra mano real.

¿Os conocéis tan bien como la palma de vuestra mano?

Fuente: . Fundador de Las Cinco Especias.

C. Marco

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