!Que no te muerdan!

 

“Hace falta imaginar, experimentar cosas y cambiar algo. Hace falta arriesgarse. Yo ya sabía de antemano lo que iba a pasar, claro. Es que los puristas no experimentan nada de nada. Si se queda uno sólo con los puristas nos quedaríamos siempre en el mismo sitio. Están metidos en un círculo del que no se salen, y yo creo que hay que salirse un poco, ¿no? Experimentar”.

José Monge Cruz (Camarón de la Isla)

Todo empezó aquella noche fría de noviembre. Había vuelto a casa más temprano de lo normal porque había terminado un absurdo reporte que me había encargado el absurdo de mi jefe para una absurda reunión que se iba a celebrar a la mañana siguiente.

Acababa de bañar y de darle la cena a mi hijo de tres años de edad y me disponía a ver un rato la televisión. Normalmente era mi modo de desconectar, solía decir a mi entorno cuando no quería que me incordiasen a esas horas con mensajes de whatsapp o cualquier otra llamada de voz. Esa noche no ponían nada especialmente atractivo y haciendo zapping me detuve en una cadena de la televisión por cable, AMC, dónde estaba a punto de comenzar un nuevo capítulo de la serie de Zombis “The Walking Dead”. Debo reconocer que había visto un par de capítulos de la primera temporada pero no le había cogido el punto a la serie. Un personaje que parecía el malo pero era bueno y mataba Zombis con su arco y sus flechas. Una mujer que era como una abuela desvalida pero que tenía una fuerza increíble y una determinación absoluta matando caminantes. Un chino mandarino que andaba de aquí para allá con cara de asustado, un negro grandullón y con cara de bueno al que, por sus principios, le era muy complicado matar Zombis…y así una colección de personajes diferentes incluyendo por supuesto a su protagonista, Rick Grimes, un Sheriff convertido en un héroe y líder del grupo de supervivientes, que intentaba guiar a los suyos en su lucha por sobrevivir en un mundo caótico y absurdo.

Un, dos, tres, al escondite inglés. Yo ya estaba sumergido en un sueño muy profundo antes de que pusieran los títulos de crédito que abren el capítulo con esa música de suspense tan particular. A partir de ese mismo instante en el que me quedé frito ante el televisor, mi vida cambió para siempre.

Me desperté del sofá con un sobresalto al escuchar los disparos que los supervivientes estaban propinando a una colección de Zombis. Aquello parecía “el Rosario de la Aurora”, una cabeza atravesada por un cuchillo, un brazo cortado como si de la Matanza de Texas se tratase, pero esta vez los muertos ya estaban muy muertos, un sinfín de gritos y un gran caos por todas partes.

La verdad es que no sabía muy bien si seguía dormido o estaba despierto. Lo que me sucedía tenía un nivel muy alto de extrañeza y surrealismo. Me sentía como dentro de la propia serie The Walking Dead. Rodeado de Zombis, como Rick Grimes, su protagonista, intentando sobrevivir en un mundo de caminantes que estaban deseando morderme y convertirme.

Aquella noche y en aquel momento, no sólo desperté de un sueño, si no que desperté en el más amplio sentido de la palabra. Mientras dormía placenteramente en mi sofá, parecía que estaba en la antesala del mordisco final, cientos de Zombis me rodeaban y trataban de quitarme la respiración. Pero no como en la serie, si no en mi vida real. Bueno, puntualizo, en mi vida profesional.

Quizá es momento de hacer un paréntesis y explicarme un poco más.

Mi sueño en el sofá sólo era el reflejo de mi permanencia en un paraíso Zombi. Estaba trabajando en una Compañía en la que, de forma oculta y sosegada se favorecía a la conversión de las personas en caminantes. Todo un máster en gestión de las relaciones infrahumanas. Una enseñanza clara de cómo diferenciar a los Zombis de los Supervivientes Resistentes en las Organizaciones. Cómo identificar a esas personas que toleran y enmascaran la mala praxis en las Organizaciones, dañe a quién dañe, ya sea cliente o compañero de trabajo. Enroscado en mi propio sueño, yo mismo estaba luchando por no convertirme en un Zombi, rodeado de compañeros y sobre todo jefes Zombis y a punto de ser mordido con la tentación de adaptarte a la voz de las masas y a dejar de pensar por mí mismo.

Aquel absurdo reporte que había terminado aquella misma tarde y que me había encargado el absurdo de mi jefe para la absurda reunión de la mañana siguiente, fue claramente el detonante del cambio de mi perspectiva vital. Casi tan absurdo como poner un negocio de barbas falsas. Todo era absurdo.

Y es este mismo instante, cuando decidí que debería cambiar el rumbo si quería ser más feliz en mi vida. En una vida real y no camuflada de “horas de oficina” sin mucho sentido. Mi sueño era premonitorio y al mismo tiempo revelador de que tenía que escapar para no convertirme en un caminante.

Es cuando comencé a despertar conscientemente, me di cuenta de que, a pesar de haber contribuido como consultor al desarrollo de magníficos proyectos dentro de un montón de Organizaciones prestigiosas y que contribuyen positivamente al mundo, mi vida en esta última etapa se estaba convirtiendo en algo verdaderamente fuera de todo sentido común. Sobre todo me estaba dando cuenta de que los jefes que tenía no fomentaban el libre pensamiento de los miembros de su equipo y no les permitían crecer, ni como profesionales ni como personas.

Estos jefes favorecían y propiciaban el inmovilismo, agarrados literalmente a sus sillas, cultivando el miedo y favoreciendo las desigualdades entre profesionales, creando así un caldo de cultivo excelente para los Zombis que, de forma general, se adaptan a una forma de vida en la que no tienen que pensar más allá de la ropa que se tienen que poner al día siguiente. Ausencia de liderazgo, problemas de comunicación, mala gestión de los equipos de trabajo, una nula gestión del tiempo y de los recursos así como una falta clara de inteligencia emocional por parte de estos Jefes Zombis. Y yo allí en el sofá de mi casa, con el mando en la mano e intentando no hacer mucho ruido no fuera a salir un Jefe Zombi de debajo de la mesa del salón.

Sufrí rutinas diarias haciendo informes en powerpoint y excel útiles para nada que justificaban algunas de las ineficiencias de mis Jefes Zombis, recibí evaluaciones totalmente injustas y sin ningún criterio que afectaban no sólo a mi salario variable sino que también fusilaban mi autoestima, percibí la falta de motivación de la jerarquía superior para transmitir a sus equipos los objetivos con claridad y transparencia, también faltas de respeto y ausencia de comunicación, ocultando al máximo la información relevante para poder utilizarla en el momento adecuado y ante la persona adecuada. En definitiva tenía la sensación de que entorno a todo eso, se favorecía a un cierto formateo de las personas y la creación de un falso Paraíso Zombi, dónde todo es manejado al antojo de unos pocos, favoreciendo el desarrollo de una cultura sin mucho espíritu de evolución. Tienes trabajo, no pienses más allá, tienes tu nómina. No pienses por ti mismo. Una ecuación que en términos culinarios podría llamarse “estofado de lentejas”. Una tentación para soterrar el libre pensamiento y vivir como en Wayward Pines, trabaja duro, sé feliz (ficticiamente, claro) y no hagas preguntas.

Tardé más o menos un año en poder salir de Zombilandia. Fue costoso, porque durante este tiempo sucedieron cosas que prefiero no recordar. Tomar esa decisión no fue nada fácil. Algunas personas me preguntan si soy un romántico, un valiente o u temerario. Yo la verdad es que no suelo responder porque no lo sé, pero en el fondo de mi corazón pienso que soy una mezcla de estas tres cosas y que en aquel momento, tan sólo estaba cogiendo las riendas de mi destino. Un destino que me llevó al maravilloso mundo de Las Cinco Especias.

Fuente: Founder at Las Cinco Especias.

C. Marco

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