Innovación, creatividad y conocimiento en la Empresa

No hay duda de que la innovación está de moda. Parece que es la solución a todos los problemas vigentes en el mundo empresarial como si algo nuevo viniera a dar casi todas las respuestas a los problemas acumulados en el tiempo. Lo bueno y lo malo de las modas es que pasan como vienen, rápido y sin dejar casi huella.

Pero el imparable influjo de las modas que concentran toda la atención en un momento suele ocultar cuestiones importantes que sin estar resueltas suficientemente se abandonan o dejan de citarse temporalmente, sustituidas por otras más modernas y que visten el discurso general. En este caso nos queremos referir a la innovación y al distinto auge que se da a la creatividad frente al conocimiento. La primera está de moda y el segundo, sin ser todavía bien asimilado, ha dejado de estar de moda de momento.

Creatividad y conocimiento son conceptos muy próximos que se retroalimentan. La creatividad sin conocimiento aplicado no puede tener lugar y el conocimiento que no se oriente a un fin nuevo, no es válido en la empresa. De momento no hemos sabido desplegar con naturalidad un empleo más intenso del conocimiento en las empresas y ya hemos pasado a hablar de innovación y creatividad como de la cuestión estrella, que atañe y concierne a todos los negocios, a todas las personas y a todas las cosas.

Entre las muchas formas de definir la innovación existe una que nos será útil para conectar estos dos temas y dice: “Innovación es el encuentro novedoso y afortunado de los problemas con el conocimiento”.

De esta definición se deduce que conocer acerca de las cosas y las personas sirve para innovar, pero que solo conocer no es suficiente. Hace falta vivir e interiorizar los problemas que deseamos resolver para que la innovación se despliegue. Sabemos que cuando los problemas son muy graves se agudiza el ingenio, y las soluciones radicales empiezan a ser posibles. Lo nuevo surge de esta colisión creativa que requiere de la imaginación agudizada por la intensidad del problema y del conocimiento previo para construir algo posible y viable.

Todos sabemos que el uso del conocimiento teóricamente disponible en cualquier persona u organización es muy inferior a su potencial aplicación. Esto lo constatamos diariamente al descubrir por casualidad lo que alguien sabe pero que nunca ha sido ni conocido por otros ni aplicado a nada. Las conexiones entre los conocimientos potenciales, las informaciones disponibles y los problemas operativos o decisionales a resolver son débiles o esporádicos, y por ello se pierde mucho de lo que se sabe, en definitiva no se aplica.

Esta carencia en la circulación del conocimiento entre las personas, es seguramente el principal problema de las organizaciones. No existen cauces ni voluntades expresas para que se sepa lo que se sabe con el fin de aprovecharlo. Para emplear creativamente el conocimiento no se trata tanto de resolver problemas técnicos de almacenamiento del conocimiento sino más bien de lograr las actitudes de compartirlo sin miedo a perder lo que cada uno es. Antes de emprender una acción encaminada a inventariar lo que sabemos, a establecer responsables de cada área de conocimiento y emprender un proyecto de gestión del mismo, merecería la pena saber si los circuitos que posibilitan estas colisiones creativas entre los problemas y el conocimiento existen y en qué nivel podemos activar la frecuencia e intensidad de estas colisiones.

Para innovar es necesario hacer circular el conocimiento de forma previa a la resolución de problemas. Pero no actuamos así. En lugar de hacer circular el conocimiento allá donde surgen los problemas, lo que hacemos es una labor de biblioteca del saber. Clasificar, catalogar y ordenar lo que algunos saben, y llevar el conocimiento a textos o catálogos informáticos.

La estrategia menos habitual es la de hacer circular el conocimiento que existe. Cada vez es menos importante ocuparse de almacenar información cuando la búsqueda digital de ésta se puede producir de forma rápida y en el momento en el que surge la necesidad de uso.

La estrategia más eficiente, para que se active la innovación, es hacer circular el conocimiento allá donde sea potencialmente útil, pero este movimiento está limitado por una serie de restricciones mentales de quienes están en estos posibles circuitos. Las más habituales están en los comportamientos y modos de relación establecidos entre las personas de una organización. Estas restricciones son:

  • Confundir conocimiento con poder. La capacidad de conducir a través del mando o responsabilidad las acciones de otros se confunde con la disponibilidad de conocimiento sobre un área determinada. Esta relación que vincula poder y conocimiento proviene del modelo de organización científica del trabajo, que separa la planificación y el conocimiento de la acción o ejecución. Admitir que el poder no está acompañado inevitablemente del conocimiento es un cambio radical de mentalidad en muchas de nuestras organizaciones.
  • Sabemos de un área de conocimiento porque llevamos mucho tiempo trabajando en ello. La praxis de un trabajo no es una fuente suficiente de conocimiento para mejorarla o replantearla de cara a una innovación más o menos radical. Admitir que es necesario incluir otros conocimientos próximos o distantes de nuestra área de conocimiento es una condición para aprender a ver distinto, primer paso para innovar.
  • Lo que sé, es lo que me mantiene en mi trabajo; no debo cederlo. Esta visión inmovilista debería superarse a través de la aceptación de otro principio. Saber lo que no sé me mantendrá en mi trabajo. Por lo tanto o aceptamos una posición de trueque permanente de conocimientos en un espacio de generosidad, o la circulación de conocimiento no se produce y con ello la innovación no prospera.
  • No hay momentos específicos donde desarrollar el conocimiento, porque el día a día nos ocupa todo el tiempo. Este es otro tópico que no permite entender que la acción cotidiana y el aprendizaje son una misma cosa. Aprendemos haciendo en el día a día, y sólo si ensayamos lo nuevo, arriesgamos introduciendo nuevas prácticas y conceptos podemos llegar a hacer circular el conocimiento.
  • Que aprender no tiene nada que ver con confundirse. Se supone que incorporar conocimiento es un proceso siempre positivo sin errores y sin resultados negativos. Esto no es así. El conocimiento como experiencia enriquecedora se construye en la acción con resultados positivos y negativos. El conocimiento como nuevas prácticas a adoptar, su ensayo y experimentación requiere entender que existe riesgo en cualquier acción nueva, que no esté tan dominada como para considerarla inherente con lo ya sabido.

Estas y otras restricciones imponen una forma interesada de ver el conocimiento como un recurso físico más, distante de los ciclos de pensamiento, juicio, error o acierto y experimentación. Nos centramos en la creatividad como resorte primario de la innovación, pero no es así. Fuera de este enfoque creativo, el conocimiento termina siendo un conjunto de información almacenable en sistemas, sin que cambien las actitudes innovadoras de las personas. Nos referimos a las motivaciones, ocasiones y entornos donde lo que se hace es circular el conocimiento, a para colisionarlo con los problemas, haciendo del conocimiento la autentica fuente de la innovación creativa, a través de actitudes preactivas del aprender y experimentar.

Fuente: http://www.euskonews.com/

C. Marco

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