Probando los límites de la realidad

“Siempre parece imposible hasta que se hace” —Nelson Mandela

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Los seres humanos no percibimos la realidad tal como es; bueno, al menos, no toda ella. Nuestros sentidos sólo captan una parte muy pequeña de todo lo que sucede ahí afuera.

Pensamos que escuchamos todo lo que suena, pero no es así. A nuestro alrededor ocurren una gran cantidad de ruidos que nos pasan desapercibidos.

El oído del homo sapiens (es decir, tu y yo) detecta ruidos entre 20.000 y 25.000Hz. Los murcielagos perciben sonidos por encima de esa frecuencia; los elefantes, por su parte, susurran mensajes entre ellos a frecuencias más bajas.

Así que el señor y la señora elefante pueden estar conversando animosos junto a ti, incluso podrían estar haciendo gracia de la chillona camisa de flores que llevas puesta, en tanto tú permaneces maravillado por la silenciosa calma de los bichitos.

Lo mismo ocurre con la vista, la de los hombres se basa en una porción infinitesimal del espectro electromagnético. Hay ondas un trillón de veces más cortas y más largas de las que percibe el ser humano.

Es posible, de esta manera, que existan colores invisibles para nosotros.

Y ya no hablemos del olfato, uno de los peores entre todos los seres vivos.

Nos paseamos por la naturaleza —afirmó Edward O. Wilson– como lo haría un sordo por las calles de Nueva York: percibimos sólo unas pocas vibraciones y no somos capaces de interpretar casi nada.

La estrecha porción de realidad que captamos no es un problema para nosotros. La selección natural nos ha dotado con la capacidad suficiente para advertir aquello que es relevante para nuestra supervivencia.

Lo que vemos y escuchamos es lo que necesitamos ver y oír.

Y seamos sinceros, con la cantidad de chismorreo que se produce entre los humanos, no hace falta enterarnos también del de los adorables paquidermos.

No obstante, hay otras cosas con la capacidad de poner límites a la forma como interactuamos con la realidad que, en muchas ocasiones, la disminuyen con severidad, haciéndonos vivir vidas más menguadas: nuestras creencias.

Las ideas que habitan en nuestra mente determinan la forma como nos relacionamos con el mundo.

Algunas nos “informan” (muchas veces sin fundamento alguno) de lo que somos o no capaces.

“Sin un título de tal o cual universidad no puedo entrar en esa empresa”. O quizá: “Esa tan guapa y tan popular jamás se fijará en uno como yo”. “Las matemáticas no se me dan bien”.

Falsas creencias y falsos límites abundan por todas partes. Incluso algunos ni siquiera son individuales sino sostenidos por amplios grupos.

El emprendedor Bryan Johnson suele contar a su equipo en Braintreela siguiente historia para animarlos a poner a prueba los “límites” de las realidad:

Hay cinco monos en una habitación, y hay una cesta de plátanos en la parte superior de una escalera. Los monos, por supuesto, quieren subir la escalera para conseguir los plátanos, pero cada vez que uno lo intenta, todos son rociados con agua fría. Después de unas pocas veces de ser rociados con agua fría, los monos aprenden a no subir la escalera para conseguir los plátanos… [Los experimentadores entonces] sacan un mono y ponen uno nuevo, y el nuevo mono ve los plátanos. Piensa: “Oye, voy a coger un plátano”, pero cuando intenta subir la escalera, los otros monos lo agarran y lo tiran hacia atrás… [Los experimentadores] continúan cambiando uno por uno los monos hasta que quedan cinco nuevos monos. Cada vez que entra uno nuevo y trata de subir la escalera, los otros lo agarran y lo tiran hacia atrás, pero ninguno de los cinco ha sido rociado con agua fría.

Hay cosas parecen inalcanzables hasta que algún despistado que no se ha enterado las hace. Hoy en día, muchos deportistas extremos realizan proezas que hasta hace poco eran consideradas por fuera de las capacidades humanas, demostrando así que no eran más que una frontera imaginaria.

La realidad, según la concebimos, es bastante negociable.

Si pones a prueba los límites y experimentas con los “imposibles” —afirma Tim Ferris–, rápidamente descubrirás que la mayoría de las limitaciones son una frágil colección de reglas socialmente reforzadas que podemos decidir romper en cualquier momento.

Mi invitación es esta: aparta unos 20 minutos y, con lápiz y papel, piensa sobre las creencias que tienes y que están limitando tu progreso. Piensa como te han afectado en el pasado. Piensa también como sería de distinta tu vida si resulta que son falsas.

Después de que termines, es hora de ponerse en marcha. Ve y desafíalas.

Fuente: Las Notas del Aprendiz.

C. Marco

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