El arte de la guerra aplicado a la estrategia de inversión

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La obra “El Corazón de la Guerra” de la artista Daria Marchenko. (EFE)

A lo que más se parece una estrategia de inversión es a una estrategia militar. En las inversiones el asunto se dirime entre el inversor y el mercado. Y no digo “contra” el mercado porque – primera norma – no se trata de “pelearse” con nadie, y menos con el mercado, sino aprovechar sus movimientos para obtener un beneficio, invirtiendo al alza o a la baja.

En ocasiones el “aprovechamiento” implica moverse en dirección contraria a la de la mayoría o ir en contra del consenso de analistas y estrategas. Pero en todos los casos tratamos de anticipar los movimientos del mercado para sacarles partido, sea a la contra o uniéndonos a ellos. Para el inversor el mercado es un rival a batir, nunca un enemigo.

El parecido entre la inversión y la guerra se ve en cosas como que para ganar hay que intentar anticipar los movimientos del contrario. Mucha gente dice que en los mercados eso es imposible. No es cierto. Tanto en el campo de batalla como en el mercado se puede llegar a establecer con probabilidades de acierto lo que va a hacer el contrario si se cuenta con información, análisis e intuición. Una cosa es que sea difícil y otra muy distinta que sea imposible. Pero la realidad es que hay gente que acierta más veces que se equivoca cuyo resultado neto en el tiempo es claramente positivo.

Los movimientos del mercado se pueden predecir porque el mercado lo forman personas y el comportamiento de las personas cuando van en grupo es bastante predecible, especialmente en un grupo muy grande. Y existe información que ayuda a establecer con ciertas posibilidades de éxito los factores van a influir en ese comportamiento. Por ejemplo: pasado el estupor inicial por el triunfo de Donald Trump, enseguida se vio que los líderes de la manada se inclinaban por fijarse en su programa económico y no en el potencial desestabilizador de su persona. Al seguirlos, el grupo hizo que el mercado subiera un 7%

Tanto en el campo de batalla como en mercado se puede llegar a establecer con probabilidades de acierto lo que va a hacer el contrario

Una de las pocas actividades en las que los robots tardarán en sustituir con éxito a los humanos es en la estrategia de inversión. Pasará tiempo hasta que se construya un algoritmo capaz de medir e interactuar con tres elementos del comportamiento humano que son absolutamente imprescindibles para entender el comportamiento de los mercados. Son el miedo, la avaricia y la moda ¿Cómo le explicas a un robot que a la gente lo que le va a “molar” son los BRIC o las “puntocom”? Para cuando el robot lo “pilla” queda poco margen de subida o entras en una peligrosa burbuja. Los robots manejan muy bien datos y números, pero están todavía lejos de medir sentimientos.

Los tres factores mencionados anteriormente darían para todo un artículo, pero quedémonos con lo importante: hay que tenerlos en cuenta a la hora de invertir, haciéndonos preguntas como qué está de moda, cuánto puede seguir estándolo, si el mercado está siendo avaricioso, o, en caso de bajada, si actúa por pánico o por prudencia ante un peligro real, etc.

Por cierto: no hablo de “la manada” en forma peyorativa, sino como una simple realidad sociológica en la que, por supuesto, me incluyo. La única diferencia es que he aprendido que en mi profesión hay que saber cuándo estar dentro y cuando alejarse cuando, como los lemmings, la manada se dirige con paso firme hacia la costa y de ahí al acantilado (los “lemmings” son unos ratoncillos que, sin saberse muy bien porqué, en un momento dado del año y siguiendo a sus líderes se dirigen todos hacia la costa. El problema es que no saben nadar).

¿Cómo le explicas a un robot que a la gente lo que le va a “molar” son los BRIC o las “puntocom”?

En las batallas los buenos generales tratan de ponerse en lugar del general enemigo. Conocer su psicología para predecir sus movimientos. Un ejemplo de libro sería Alejandro Magno utilizando la prepotencia de Darío para ganarle en la batalla de Guagamela con un ejército muy inferior.

Cuando al buen conocimiento del contrario, en este caso del mercado, se une la buena información, entonces empezamos a hablar de estrategias con altas probabilidades de acierto. Esa información existe y en esta maravillosa época de Internet suele ser gratuita y de fácil acceso. El desafío está en separar la paja del grano evitando la desinformación, la información interesada y la mala información.

En realidad lo importante no es la información: lo importante es el Conocimiento. El Conocimiento consiste en interpretar, valorar y utilizar correctamente la información. Yo siempre que puedo “tuiteo” esas noticias o datos a las que ni los medios ni la comunidad inversora valoran ni dan importancia hasta que tienen que dársela. Por ejemplo: insistí mucho en el hecho de que ese oscuro indicador que es el Índice de Precios de la Producción llevara varios años en negativo en China. Dársela habría permitido anticipar la sobrecapacidad productiva del gigante asiático. Era un dato público y no había que ser un genio para interpretarlo: si los precios de los bienes al salir de fábrica llevan años bajando es que eran incapaces de vender lo que producían. O más recientemente la noticia de que ni un solo banco dará crédito a Marine Le Pen, lo que reduce significativamente sus posibilidades de ganar y es vital para la “buena salud” de las bolsas europeas.

¿Y por qué hoy les cuento todo esto en lugar del típico artículo de compre esto y venda lo otro? Pues porque empieza un nuevo ejercicio y si es inversor es importante realizar una pequeña sesión de “coaching”. Y, si es cliente, para que su asesor o gestor no le diga eso de que él no tienen la bola de cristal. No, no la tiene, pero debe tener una estrategia consistente y con sentido común que se pueda explicar de forma sencilla. También hay gente que dice que la suerte juega un papel importante en los mercados. Es cierto, pero les recordaría aquella frase que dijo alguien exitoso de “la suerte existe, pero a mí siempre me pilla trabajando”.

Fuente: Víctor Alvargonzález, @alvargonzalezv

C. Marco

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