Las ciudades inteligentes sólo serán posibles con un gobierno inteligente

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Ahora que hemos encontrado la tecnología, ¿qué vamos a hacer con ella?

Como en el reggae clásico que el grupo Third World popularizó a finales de los años setenta, tenemos entre las manos algo demasiado grande. Y seguramente incontrolable, exactamente igual que el amor (Now that we found love era el título de aquella canción en la que la banda jamaicana mezclaba el funk con el reggae). La pregunta de qué hacer con la tecnología resulta cada día más pertinente, puesto que el tempo de esta y el de la sociedad está desacompasado. Las instituciones políticas y legales, por ejemplo, suelen ir a rebufo de lo que ya es un hecho consumado en el mundo tecnológico, viéndose obligadas a legislar sobre costumbres y usos asentados entre los usuarios, con la consiguiente pérdida de tiempo, dinero y posibilidades que eso conlleva.

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Cuando observamos las nuevas tecnologías que están llegando y el bajo coste de muchos dispositivos, cámaras y sensores, nos encontramos que las ciudades están comenzando a adoptar estas tecnologías sin pensar en los datos que se están generando, sin considerar la privacidad de los ciudadanos y sin saber cómo van a almacenar y usar esos datos”. Quien lanza este mensaje de advertencia es Ruthbea Clarke, máxima responsable de estrategias para Smart Cities del gigante norteamericano IDC, una de las compañías más importantes del mundo en análisis de mercados y asesoría tecnológica. Lo que viene a decir Clarke es que hemos creado un monstruo y que ahora debemos aprender a domarlo para utilizar todo su potencia en nuestro propio beneficio. A nadie se le escapa la evidencia de que vivimos en un mundo cada vez más conectado, en el que dejamos una huella digital de prácticamente todas nuestras actividades, pero sin embargo los usuarios no son conscientes de las consecuencias de sus actos y mucho menos saben quién controla esa información y qué quiere hacer con ella. La implantación del denominado Internet de las cosas en los próximos años no hará sino incrementar esta tendencia.

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Clarke cree que la tecnología puede convertirse en una herramienta fabulosa si aprendemos a despejar el ruido que rodea un terreno plagado de novedades, alguna de ellas sin demasiado sentido. Nuestras ciudades pueden ser más limpias, eficientes y seguras, pero para que se conviertan en realmente inteligentes -un término utilizado de forma gratuita en demasiadas ocasiones- es necesario tomar medidas preventivas. Y la investigadora de IDC resumió en el título de un artículo publicado en octubre del pasado año la clave de este cambio: “Ordenar el caos a través del buen gobierno”.

Fuente: Ruthbea Clarke. Directora de estrategia de IDC.

C. Marco

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