Quien no lo entrega todo, en realidad no da nada

 

Si hay una variable que define a la gente de éxito es el compromiso con sus metas; y el compromiso significa hacer lo que haga falta el tiempo que haga falta. El compromiso se tiene o no se tiene, no existe el compromiso a medias. El compromiso no se negocia, y quien no lo entrega todo, lo que entrega es nada. No es posible otra cosa para llegar lejos. El compromiso implica una determinación absoluta con nuestras metas.

En cierta ocasión, Will Smith, el actor de Hollywood protagonista de cintas como En busca de la felicidad o Siete almas, para explicar su ética del trabajo y compromiso con sus proyectos, ponía el siguiente ejemplo:

Aquí hay dos máquinas de correr de gimnasio. Yo me voy a subir en una y tú en otra, y solo puede ocurrir dos cosas: o tú te bajas antes o yo muero en la cinta.

Eso es compromiso: darlo todo por una causa. Vencer o morir. El compromiso no admite excusas, solo resultados. Y el compromiso de los ganadores se manifiesta en cinco áreas características. Esto es:

1. Son personas comprometidas con la excelencia. A la gente excelente le ofrecen oportunidades brillantes; a la gente normal oportunidades normales; y a la gente mala ninguna oportunidad. Aparca para siempre la mediocridad de tu vida. Siempre pregúntate cómo aportar más valor a lo que haces: más rápido, a mejor precio, con mejor calidad. No hagas las cosas para cumplir. Se nota, se siente… y se vuelve en tu contra. Tu trabajo es la expresión de tu persona. Recuerda: sé tan bueno en lo tuyo que los demás no puedan ignorarte. Cuando hagas algo (conferencia, post, taller, clase), dalo todo. La vida te devuelve lo que tú le entregas: cuanto más des y a más gente, más recibirás en forma de beneficios. Como dice David Schwartz, uno de los autores incluidos en Aprendiendo de los mejores (Alienta, 9ª edición): «La competencia nunca está en los niveles de excelencia; la competencia está en los niveles de mediocridad». Ofrecer valor añadido es una ventaja competitiva y una forma de diferenciarse del resto.

2. Son personas comprometidas con el aprendizaje. No puedes ganar “más” dando “menos”. Si quieres que tu vida mejore, tú tienes que mejorar. Nunca dejes de invertir en ti mismo y en tu negocio. Siempre dedica recursos a tu desarrollo personal (libros, seminarios, audiolibros, comidas con gente interesante) y a aquello a lo que haces: a mejorar la web, los canales de comercialización, las relaciones, la publicidad, lo que sea. Un porcentaje de los ingresos siempre deben estar destinados a inversión. Hoy día, quien no avanza, retrocede; quien no mejora, empeora. Dicho de manera resumida: ¿Quieres ser una persona que gane más ingresos que la media? Entonces conviértete en una persona superior a la media. Tu desarrollo personal es tu destino. Tu nivel de ingresos solo puede crecer hasta el nivel que crezcas tú.

3. Son personas comprometidas con las soluciones. La gente de éxito está orientada a las soluciones; la gente de no-éxito está orientada a las excusas. Y el problema de buscar excusas es que si uno las busca, siempre las encuentra. No es difícil encontrar a alguien a quien echarle el muerto: la crisis, el gobierno, la educación, los mercados financieros o lo que sea. La vida es una continua gestión de problemas, uno tras otro: con los proveedores, con los clientes, con los partners o con los colaboradores. En Tu futuro es HOY (Alienta, 2ª edición) escribíamos: «No tener problemas sí que es un problema, porque es indicativo de que no haces nada y eso es lo peor de todo. Los problemas nunca desaparecen, pero las soluciones tampoco. Es una cuestión de enfoque. Donde hay un problema hay una solución, porque un problema que no tiene solución no es un problema, y por tanto, para qué preocuparse. Se trata de poner el ciento por ciento de la atención en cómo encontrar alternativas a los obstáculos que aparezcan en tu camino».

4. Son personas comprometidas con el equipo. Ya lo dice un proverbio: «Si quieres ir rápido, ve solo; si quieres llegar lejos, ve con otros». Para tener éxito, no es suficiente tu talento, ni tu inteligencia, ni tu capacidad de trabajo. Los éxitos están basados en los equipos. Ningún ermitaño ha sido referente en nada en la vida. Por tanto, hay que tener una actitud positiva hacia la gente. Solo uno está muy limitado. Todos tenemos carencias que necesitamos compensar con las fortalezas de terceros. Lo que “no se sabe” gana siempre por goleada a lo que “se sabe”. Además, del contacto y roce con otra gente siempre brotan nuevas ideas. Muchas cuestiones se resuelven gracias a conversaciones informales. Cultiva y mima tu red de contactos que es como un jardín que hay que regar todos los días para que no se seque. Y ello implica tres cosas: mantener las relaciones (hay que estar en contacto), conectar con la gente (ser empáticos) y tener algo valioso (propuesta de valor) que aportar al resto.

5. Son personas comprometidas con la perseverancia. Nunca vas a encontrar todas las respuestas de inmediato. Ninguna biografía es una línea recta sino que el camino está plagado de obstáculos y dificultades. Lo pasarás mal, como todo aquel que ha llegado lejos. Cuando los resultados no acompañan siempre se pasa por momentos de duda y de bajón que ponen a prueba la confianza en uno mismo. Lo que tiene mérito es seguir adelante cuando no puedes más. La mayoría abandona. Es fundamental ser mentalmente fuerte, tener resistencia emocional. Quien resiste, vence. El éxito es una cuestión de perseverar cuando los demás han renunciado. El 90% del éxito es insistir: una y otra vez hasta llegar donde uno siempre quiso llegar. Ya lo decía Zig Ziglar: «No se desanime, a menudo es la última llave del llavero la que abre la puerta». Hay mucha gente con talento que ha fracasado por no ser perseverante, pero muy poca que con menos talento y mucha perseverancia no haya conseguido lo que se haya propuesto.

Sin un compromiso incondicional con tus metas, no ocurrirá nada “mágico” en tu vida. Las palabras del explorador W. H. Murray en una de sus primeras expediciones al Himalaya despejan todo tipo de dudas. Dice así: «Hasta que uno no se compromete, está presente la reserva, la posibilidad de echarse atrás, la eterna inoperancia. Hay una verdad esencial que concierne a todas las iniciativas y creaciones, y pasarla por alto desbarata incontables ideas y espléndidos planes; en el momento que uno se compromete definitivamente, la providencia también se pone en marcha, y de pronto todo parece favorable sin que haya explicación. Esa decisión pone en marcha una serie de imprevistos que pone en nuestro camino todo tipo de incidentes y encuentros, así como ayuda material que nunca nos habríamos atrevido a soñar».

Fuente:Conferenciante, escritor y formador en liderazgo y motivación. Autor del bestseller ‘Aprendiendo de los mejores’.

C. Marco

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