La verdadera historia detrás del Jägermeister: El licor alemán más famoso del mundo

La misma receta familiar, compuesta de frutas, raíces y especias, con regaliz, anís, jengibre y bayas de enebro, todo ello macerado en alcohol durante varios días y almacenado en barrica de roble hasta el año siguiente, para después añadir azúcar, caramelo y agua dio lugar en los años 30 y en casa de Curt Mast a este licor alemán hoy tan consumido.

Suele tomarse en chupitos y siempre a temperaturas que rondan los -20º grados
Suele tomarse en chupitos y siempre a temperaturas que rondan los -20º grados – JAGERMEISTER.COM

Más de una vez había creído morir de frío Curt Mast, durante sus cacerías en los montes de Baja Sajonia, eternos ojeos de ciervos de madrugada en los que debía permanecer eternas horas inmovilizado a muchos grados bajo cero. Por eso en su cantimplora llevaba siempre el remedio de la abuela, una receta familiar que parecía capaz de resucitar a un muerto. Consistía en varias frutas, especias y raíces junto con regaliz, anís, jengibre y bayas de enebro, todo ello macerado en alcohol durante varios días y almacenado en barrica de roble hasta el año siguiente, para después añadir azúcar, caramelo y agua. A principios de los años 30, en medio de la escalada de inflación de la República de Weimar, la familia Curt intercambiaba en el mercado negro botellas de su bebedizo medicinal, registrado desde 1875, por otros productos de primera necesidad. En 1935, Curt se lanzó a comercializarlo a gran escala dándolo a conocer en toda Alemania. La fórmula apenas ha cambiado desde entonces, aunque la empresa familiar se empeña en envolverla en un halo de misterio. Aseguran que lleva 56 hierbas y que solo cinco personas, a las que no se permite viajar en el mismo avión, conocen las proporciones exactas. Pero sin duda el ingrediente clave es la peculiar publicidad que desde sus inicios ha acompañado a esta marca alemana de renombre, convertida hoy en la octava Premium más vendida en el mundo.

La primera decisión publicitaria genialoide fue la elección del nombre del brebaje. Curt Mast se decidió por Jägermeister, una palabra que había puesto de moda la Reichsjagdgesetz, la nueva Ley de cacería del Reich. Significa guarda de caza y era un puesto solo accesible a los más fuertes y machotes, porque exigía largas temporadas en las montañas, cazando sus propios alimentos y calentándose con el fuego que lograse encender. Para el logotipo, se decidió por la cabeza de un ciervo con una cruz cristiana resplandeciente entre los cuernos, una referencia a las populares historias de San Huberto y San Eustaquio, santos patronos de los cazadores alemanes, con lo que aportaba a la bebida un componente de protección y santidad. Aunque muy pronto quedaría que Jägermeister se servía tanto de Dios como del diablo para llegar a los consumidores.

Apenas llegaron los nazis al poder, los Mast agasajaron con cajas de botellas al apodado «Reichsjägermeister» por su gran afición a la caza, Hermann Göring, deslizando astutamente el centro de atención de la cruz de San Huberto y San Eustaquio al carácter puramente alemán de la receta de la abuela. Y Göring mordió el anzuelo encantado, sirviendo de agente publicitario entre los gerifaltes del III Reich y popularizando la bebida entre las tropas de asalto y las juventudes hitlerianas, por aquel entonces los más machotes de forma oficial. La vida les daría la poción de la abuela a muchos de aquellos jovencitos años más tarde, cuando, a falta de medicinas en los frentes de la II Guerra Mundial, el Jägermeister fue frecuentemente utilizado como analgésico y desinfectante en las enfermerías de campaña.

Los coqueteos de Jägermeister con los nazis, en la media de las marcas alemanas de los años 30, han continuado ya sin justificación histórica hasta la actualidad. El canal YouTube se ha visto obligado a eliminar algún vídeo en el que se seguía identificando a Göring y al mismo Hitler con la bebida y en las manifestaciones de la organización xenófoba Patriotas Alemanes contra la Islamización de Occidente (Pegida) abundan las botellitas individuales que ayudan a hacerse fuerte en las frías calles de Dresde. La promoción de Jägermeister ha experimentado siempre con vías publicitarias alternativas. En 1973, el Eintracht Braunschweig fue el primer equipo de fútbol de la historia en llevar la camiseta del uniforme patrocinada. Seguro que lo han adivinado, patrocinada por Jägermeister.

En los 80 entró con fuerza en las discotecas europeas, en los 90 conquistó a la clase media estadounidense, haciendo alarde de sofisticación con expendedores de barra que conservan la bebida a 10 grados bajo cero, y, ya entrados en el siglo XXI, ha probado con estrategias tan arriesgadas como la campaña «Huno r be hunted», en la que 1.600 voluntarios se dejaron tatuar el logo para componer un corto de animación a base de fotogramas, piel por piel. Hoy en día, el mejunje se vende a sí mismo como la bebida favorita de los hípster y acostumbra a invitar a grupos limitados de periodistas a sus fábricas en Wittmar para llevar a cabo rituales de comunicación copiados de la marca Coca-Cola. Con fines de semana a todo trapo y leyendas sobre la fórmula secreta ha logrado colarse en los suplementos de tendencias de la prensa mundial.

Triunfa en combinados y cócteles:

«Su sabor más auténtico se consigue servido como chupito frío, el denominado “Jägermeister Shot”, pero también en combinados y cócteles como el “Jäger Mojito” o el “Ginger Deer”», aclara Jerohl, un experto en cócteles que sirven en varias de las más exquisitas barras de Berlín y que bufa decepcionado cuando oye hablar de variantes como el «Jägerbomb», la mezcla con bebidas energizantes y cafeína que puede llegar a producir sucesivos infartos y que parece haberse puesto de moda en los botellones españoles gracias a su aparición en la saga de películas «The Hangover» («Resacón en Las Vegas»), otra novedosa apuesta de publicidad. «No es una bebida recomendable para menores, por supuesto, y la cantidad resulta definitiva, es para consumir en muy pequeñas cantidades», explica, recomendando a los neófitos una sencilla iniciación a través del Jägermeister Fresh Orange: «Pon hielo picado en un vaso de tubo, agrega 3 centímetros de Jägermeister, rellena el resto con jugo de naranja recién exprimido y decora con ralladura de naranja».

Para estar a la altura de los tiempos, la marca cuida al milímetro el diseño. El último cambio de imagen del producto, el quinto diseño en 80 años de historia, añade en la referencias a la historia y a la cuidada elaboración. Todos sus formatos pasan a tener esta nueva imagen en los más de 100 países de todo el mundo en los que se comercializa. En España, importada por Spirit & Brands, comenzó a verse en octubre la nueva botella que conserva la forma angular, aunque ligeramente más larga, la cabeza de ciervo y el lema de caza de Otto von Riesenthal, e incluye nuevas referencias a algunos de los elementos que le otorgan su «auténtico» sabor. El tapón es más largo y de mayor calidad e incluye la firma del inventor, Curt Mast, junto con la indicación «Since 1878», dándole un aire de solera y de licor de autor.

En 2015 comercializó en todo el mundo 88,3 millones de botellas y en los 10 primeros meses de 2016 ha registrado un nuevo aumento de ventas del 20%. España es ya su cuarto mercado, después de EE.UU., Alemania y Reino Unido, al superar en 2015 los 3 millones de botellas.

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