Efecto Kilian Jornet: Eres lo que crees que eres

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Con este post, ni pretendo crear un debate, ni mucho menos polemizar. Tan solo expresar mi humilde opinión.
Kilian Jornet es uno de los mejores deportistas que hay actualmente no solo en España, si no en el mundo.

 

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Y en su especialidad como atestiguan sus récords, títulos, y el respeto y el reconocimiento de todo el mundo, es insuperable. Esto está claro.

Posee un físico y una voluntad súper dotada para el esfuerzo, y además se ha preparado a conciencia y lo ha potenciado desde pequeño.

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Y con sus gestas y aumento de popularidad, ya es observado y seguido por miles de fans.

Y la última en el Everest, subiendo no una, sino dos veces en seis días, me parece histórica.

Pero me pregunto: ¿qué pasa con el papel inspirador de estos aplaudidos grandes deportistas?

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Porque pienso que, en este sentido, aun sin ellos quererlo, su responsabilidad se extiende más allá del acto deportivo en sí.

Y este, vamos a decir “incorrecto” ejemplo, llevado al inflexible territorio de las montañas, es mucho más peligroso, pues se traduce en accidentes graves o en la muerte.
Porque por mucha capacidad física, mental y técnica que se posea, lo normal no es afrontar una ascensión del compromiso del Everest del modo que ha hecho Kilian.

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Y lo digo con todo respeto. Cada uno es libre de arriesgar su vida hasta el límite que quiera, o quitársela mezquinamente.

Pero si ese alguien, está difundiendo y consignando este hecho a escala global como un récord, no sé yo …

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Kilian ha nacido y se ha criado en las montañas, y se desenvuelve allí como casi nadie. Y eso es un hecho ya más que probado. Sin embargo, sus mediáticas empresas, tienen un indiscutible punto de temeridad e imprudencia.

La primera de ellas ir en solitario. Y en concreto hablo de estas dos últimas ascensiones, donde a esa altura, en esa cordillera, no hay equipos de rescate para ayudarte.

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Todo está al límite, y muchas situaciones no dependen de ti. La más mínima complicación en esas ascensiones al Everest, habrían derivado en circunstancias potencialmente mortales. Grietas, caídas, resbalones, lesión, desfallecimiento. A 8.000 metros de altura, aun dándolo despacio, cada paso es delicado.

Asimismo, buscando rapidez lo asaltó con una mochila ligera, sin oxígeno, con la ropa justa, poca agua y escasa comida.

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Cualquier contratiempo o percance, que le hubiera obligado a aguardar y vivaquear en altura (le pasa a muchos grandes alpinistas) hubiera sido letal, al no contar prácticamente con nada para resistir horas con falta de oxígeno y temperaturas extremas.

En este tipo de montañas, cuando por accidente alguien ha quedado atrapado en ellas, el rescate se ha organizado y dirigido desde la solidaridad y la adhesión del universo montañero; Y como ejemplo, hablo de grandiosos montañeros y amigos como Iñaki Ochoa o Juanjo Garra. Cuando estos quedaron atrapados en montañas de ocho mil metros, uno por accidente, y otro por un imprevisto cambio de tiempo, montañeros de todo el mundo (amigos), abandonaron incluso sus objetivos y se movilizaron para tratar de rescatarlos.

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Si Kilian se hubiera visto envuelto en un incidente similar allí en el Everest, ¿qué creéis que hubiera sucedido?

Pues lo mismo. Ni lo dudo. Montañeros de pura cepa como Ferran Latorre (que estos días estaba allí en el Everest y también hizo cima), se habrían jugado sus propias vidas para ayudarlo a bajar.

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Pero, ¿y la conciencia? ¿Qué responsabilidad tendrías, sabiendo que gente se está jugando sus propias vidas porque tu libre y conscientemente has decidido llevar la tuya a un límite que roza la imprudencia?

Es indudable que Kilian Jornet, en un mundo, el de la montaña, que la mayoría de las noticias que trascienden se presentan desde la tragedia y no desde las conquistas, ha logrado despertar el asombro y que aparezcan noticias de montaña en los medios de comunicación.

Y con ascensiones fuera de lo normal como Mont Blanc desde Chamonix y volver en 4 horas y 57 minutos; Cervino, cumbre en dos horas y 52 minutos; Aconcagua, Kilimanjaro, etc, etc, ha conseguido la admiración con sus récords, y que estos trasciendan a todos los medios.

¿Pero esto es bueno de esta forma? A los que desde pequeños nos aleccionaron, y después nos instruimos en los principios, en los cánones elementales de seguridad en montaña, y como alpinistas intentamos transmitir a generaciones futuras que nos preceden, o a los amigos que se inician, conceptos como: “Buena equipación, prudencia, horarios adecuados, que la cima no es lo primordial, que el crono no tiene ningún sentido en una montaña, etc., Kilian, con su ejemplo, nos ayuda más bien poco. Sus prácticas desentonan de todo ello. Chirrían.

Muchos miembros de equipos de rescate en montaña, ya llaman efecto Kilian, a los cuantiosos rescates que deben realizar durante el año de gente que, emulándolo, se lanzan a ascender montañas sin ninguna preparación ni el equipo adecuado.

Y aunque para Kilian parece sencillo subir y bajar corriendo una montaña, para cualquier otro mortal, puede ser no sólo impensable, sino muy peligroso.

Y aun así, no nos olvidemos, que en septiembre de 2013 Kilian fue rescatado con una compañera suya, de la cara norte de la Aguille du Midi, en el Espolón Frendo, en Chamonix, a 3.800 metros de altura.

Y los Gendarmes Franceses de montaña que los rescataron de esta vía, donde se hallaban en zapatillas, ropa ligera y sin prendas de abrigo, se contrariaron mucho con él:

“Cada vez rescatamos más gente en zapatillas de deporte y con poca ropa que intentan subir al Mont Blanc, con los riesgos que eso supone ante un cambio súbito de tiempo, frecuente en estas montañas”.

Y este efecto contagio es lo que hay que temer ahora tras esta nueva gesta del Everest.

Y repito. La gesta es intachable. Probablemente ya una de las mayores de la historia del alpinismo mundial.

Kilian insiste en proclamar a los cuatro vientos que lo más importante en la montaña es la seguridad. Pero…

¡La montaña se hace con el equipo adecuado! Porque, “el menor error es la muerte”.

Y aunque cada uno tiene derecho a exponerse cuanto quiera, no se puede hacer cualquier cosa a cualquier precio, a sabiendas que otros deberán jugarse sus vidas para socorrerte en caso de que tu imprudencia termine en tragedia.

Kilian en el Everest ha conseguido algo que seguramente solo él, o muy pocos pueden conseguir. Pero jugándosela abiertamente.

Y repito, tras ello la preocupación debe ser la propagación y popularidad que tienen estas ascensiones entre novatos e inexpertos, quienes piensan que para conquistar una cima no hace falta nada más que calzarse unas zapatillas, unas mallas y echarle cojones.

Seré un trasnochado, pero a mí no me gusta que en algo tan clásico, romántico, pasional y autentico como la montaña, se transforme en un mero juego, o una competición.

Por culpa de todo esto, en breve, cuando alguien haga una ascensión a una cumbre, y por difícil que esta sea, algún iluminado le preguntará: ¿En cuánto tiempo?, o ¿Qué marca tienes de ascenso?… algo impensable hasta ahora.

Yo soy más de Batman que de Superman.

Y prefiero los récords de mi amigo Carlos Soria recién llegado del Dhaulagiri, donde se retiró como otras tantas veces a lo largo de su dilatada carrera, en este caso al sentirse indispuesto.

Decidió darse la vuelta y dejar el Dhaulagiri para otra ocasión. Y eso que a sus 78 años es la penúltima montaña que le queda para completar los Catorce ocho miles.

“… Hemos hecho muchas cosas interesantes y estamos muy satisfechos. No hemos podido llegar a la cumbre, pero estamos acostumbrados a que estas cosas pasen”. Declaró Carlos.

Conocí a Carlos en el Manaslu en 1999. Él tenía entonces 60 años, y era su tercer intento a este pico.

Lo consiguió a su cuarto intento en 2010 con 71 años.

Cuando me refiero a lo que para mí es un alpinista ejemplar, siempre lo señalo a él. Sabe muy bien donde está y porque, y disfruta de la montaña independientemente de conseguir o no el objetivo de pisar la cumbre, porque sabe muy bien que muchas veces, muchísimas, no depende de ti.

Sabe que el auténtico placer no se halla al pisar la cima, si no en los días que estás encaramado a la montaña intentando llegar a ella.

Quizás por eso, nunca duda en darse la vuelta, para regresar a casa, y pese a su edad, soñar con regresar de nuevo y volverlo a intentar. Eso se llama ganas de vivir.

Me encandila la pasión Carlos Soria, y temo el efecto Kilian.

Me asombra Kilian Llornet, pero admiro a Carlos Soria, a Ferran Latorre, a Fernando garrido o a Jorge Egocheaga entre otros.

Repito, soy más de Batman que de Superman. Un señor bien equipado, bien entrenado y sin súper poderes.

Porque, ¿cuántos accidentes hubo en su día cuando algún descerebrado se puso unas mallas, una capa, e intentó volar imitando a Superman?

Fuente: http://javibarbastro.blogspot.com.es/

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