Zinedine Zidane: El líder paciente

Conocer y ascender dentro de la misma empresa facilita proyectos y ritmos y tiempos, que de venir de fuera serían más difíciles de asumir, e incluso de lograr. Esto es lo que ha hecho Zidane: despacio (con confianza en llegar aquí en un momento) y en silencio.

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Tener confianza no tiene nada que ver con ser confiado. El confiado se relaja, se deja ir, y el que tiene confianza pelea, aunque tantas cosas vayan en su contra.

 

De Zidane se han escrito ríos de tinta… Pero como jugador. Del Zidane entrenador sabemos mucho menos. De hecho, su carrera es reciente cómo entrenador y mucho más reciente cómo entrenador en Primera División. Todavía no hemos tenido tiempo de leer demasiado sobre el liderazgo de Zidane, y auguro que lo haremos, puesto que observar, analizar, diseccionar y adaptar a otros contextos el modus operandi de alguien que en cinco meses recupera al Real Madrid y lo lleva a la Final de la Champions, merece ser estudiado.

De nuevo, como en el caso de un Guardiola, un Luis Enrique o un Cholo Simeone, encontramos el caso de un jugador excepcional reciclado en entrenador del mismo equipo que le vio encumbrarse.

Asumir que por el mero hecho de haber sido un buen jugador se va a ser un buen entrenador, es un tremendo error, y además grave. Si tiráramos de estadísticas, encontraríamos muchos más casos en los que no se llegó que al revés. Asumir por el contrario que no haber sido un buen jugador me impediría ser entrenador, también lo es, y también podemos encontrar casos en esta dirección (pienso en José Mourinho). Esta combinación de posibilidades es debida a que para ambos roles (jugador vs entrenador) se requieren diferentes habilidades psicológicas, y diferentes versiones de las mismas variables psicológicas. Es decir, al entrenador se le “exige” una capacidad de leer al otro, de interpretar las emociones, que no se le pide (necesariamente) al jugador. A ambos se les exige confianza, motivación, gestión emocional, pero desde posiciones completamente diferentes. Evidentemente, cuanto más y cuánto mejor, mejor será, pero son posiciones muy similares. Cada uno ocupa un rol, y cada uno se mueve desde y en, una función distinta.

Lo mismo pasa en la empresa, aquí lo vemos muy claro.Saber hacer muy buen cierta tarea no determina, ni mucho menos garantiza, que puede llevar esa empresa/institución/negocio.

Para cada uno, lo que es suyo: Eso nos da satisfacción a todos. A unos por estar en su lugar, a otros por no tener que hacer lo que no saben hacer, y a otros porque no se les exige más de lo que pueden.

Pero quiero volver al caso de Zidane; a un liderazgo que como entrenador podríamos calificar de incipiente pero que en su caso no nos es desconocido.

Siguiendo lo que decía en párrafos anteriores, podría haber sucedido que Zidane hubiera fracasado en el momento de coger las riendas del Real Madrid. No solo no lo ha hecho sino que lo ha ido devolviendo a su lugar. Como todos se habrán dado cuenta, todos los entrenadores de los que hemos hablado antes, han sido líderes en los mismos equipos que les encumbraron. En ese sentido, todos tenían ganada la admiración de sus jugadores y desarrollada, incluso antes de empezar, la capacidad de ponerse en el lugar del otro.

Conocer el Club es imprescindible. Es lo que los antropólogos llamamos conocer el lugar y conocer las reglas del juego. Conocer y ascender dentro de la misma empresa facilita proyectos y ritmos y tiempos, que de venir de fuera serían más difíciles de asumir, e incluso de lograr.

Esto es lo que ha hecho Zidane, con dos ingredientes que hoy quiero destacar: Lo ha hecho despacio (o lo que es lo mismo: con confianza en llegar aquí en un momento) y lo ha hecho en silencio.

Para mì, Zidane es por tanto un ejemplo claro de un Líder Paciente: hablar de un Líder Paciente es lo que mismo que hablar de un Líder con Confianza, que no es lo mismo que confiado.

¿Y qué tienen en relación la paciencia con la confianza? Pues todo. Sin confianza no hay paciencia. Sin paciencia la confianza no sería posible.

La confianza, recordemos, nos habla desde el cuerpo. La confianza no es poder hacer algo. La confianza es sentir que se puede hacer algo. La confianza surge cuando la certeza de que algo es posible, de que algo va a pasar, se instala en nuestro interior como si de la inoculación de un virus se tratase. Una vez te “pica” esa certeza, no podrás sacártela de encima hasta que lo consigas. No es algo que “me gustaría que pasase” (eso nos crearía impaciencia porque la incertidumbre es demasiado grande, no hay ningún tipo de evidencia de que suceda…) La confianza es más bien “algo que sabes qué, cuando sea el momento, cuando esté preparado, sucederá”. Y en este sentido, es mucho más fácil esperar. Esperar es ser paciente. Ser paciente es posible cuando sabes que va a pasar: cuándo tienes la confianza de que va a pasar.

En este sentido, la confianza es por tanto una actitud. La pregunta entonces será ¿Se puede entrenar? ¿Puedo desarrollar esta confianza en mi vida? ¿Esta certeza? ¿Puedo tomarme las cosas en la vida con la paciencia con las que (parece) se las toma Zidane? ¿Puedo ser Zinedine Zidane? Y aquí es cuando lamento decir que No. Que no se puede ser otra persona ni tomarse las cosas como otro puesto que cada uno es el resultado del sumario de todos los días de su vida, y seguro que esos días han sido distintos en la vida de Zidane que en la suya.

Pero no quiero acabar con malas noticias: Lo que sí se puede entrenar es la mirada. Y el Foco.

Esto es: para incorporar algo de paciencia en la vida de uno, la mirada debe atender al largo plazo. Defina lo que para usted es largo plazo (un mes, un año, o cuatro….) y céntrese en lo que quiere y cómo quiere que sean las cosas en ese momento. El puente entre el presente y el futuro será su motivación; y la orilla será la inspiración de su paciencia, puesto que solo si sabe dónde va, (o dónde van como empresa, como equipo) se mantiene el rumbo.

El Silencio del que hablo es hacer todo lo anterior sin ruido. Sin publicarlo. Sin exhibirlo. Paso a paso. Poco a poco. Sin prisa. Sin pausa. El silencio del ruido propio permite escuchar lo que está pasando fuera. Y atender a lo que está pasando fuera es la mejor manera de aprender.

Decía Wilde que el que no hablen de uno es bastante malo… Yo añadiría que no hablar de uno mismo es maravilloso, porque ese espacio que deja lo que no dices de ti, se puede llenar escuchando lo que otros hacen. Y repito que esa es, sin duda, la mejor manera de aprender.

Tener confianza no tiene nada que ver con ser confiado. El confiado se relaja, se deja ir, y el que tiene confianza pelea, aunque tantas cosas vayan en su contra.

Me atrevo a hablar del Liderazgo Paciente cómo un nuevo tipo de liderazgo. No creo, ni mucho menos, que sea fácil. Hablamos del liderazgo inspirador como algo enérgico y este tipo suena como un liderazgo algo más pasivo. Pero no nos equivoquemos: un líder paciente lo es porque tiene confianza. Si el líder confía, y de verdad desde su liderazgo se ha “metido” en los surcos emocionales de su equipo, neuronas espejo mediante, y por arte del Efecto Pigmalión, su equipo, confiará. Y una vez más, el “lo hicieron porque no sabían que no podían” habrá ganado. No sé si en el marcador, pero sí en la vida.

Fuente: : Julieta París. Psicóloga del Deporte & Antropóloga. @JuliettaParis. www.julietaparis.es

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