Hacia un modelo de crecimiento económico centrado en el ser humano

Children play a game on a mobile phone at slum area in New Delhi, India July 4, 2017. REUTERS/Adnan Abidi - RTX3A0MM

Si se toma en consideración el PIB y otras medidas del nivel de bienestar, la humanidad está en su mejor momento. La cantidad de personas que viven en la pobreza absoluta se ha reducido cuatro veces desde 1980. Menos personas mueren hoy por violencia o conflictos que en cualquier era anterior. Las personas suelen vivir más tiempo y con más comodidades que cualquier otra generación anterior.

Sin embargo, estas ventajas históricas vienen acompañadas por una polémica. La desigualdad dentro de los países está aumentando, y en algunos casos ha alcanzado récords históricos. Los ingresos se han estancado para la clase media en las economías avanzadas. Las encuestas recientes indican que la confianza en las instituciones sociales clave, empresas, gobiernos, medios de comunicación e incluso organizaciones no gubernamentales, ha caído.

Una compleja red de factores se encuentra tras esta disminución de la confianza en las instituciones y la creciente polarización, pero en el fondo existe la sensación de que los líderes políticos y empresariales han sido demasiado complacientes con los cambios que han impactado en la vida de las personas. Dicho de otro modo, en las últimas décadas se ha hecho muy poco por abordar el impacto en los seres humanos de la irrupción tecnológica, la integración económica internacional, la desregulación y privatización nacionales, y la migración.

El mundo está ahora en medio de una cuarta revolución industrial que amenaza con exacerbar esta frustración social. La primera revolución industrial utilizó el agua y el vapor para mecanizar la producción, la segunda trajo la energía eléctrica y la producción en masa; la tercera, la electrónica, la informática y la producción automatizada. La cuarta combina las extraordinarias tecnologías nuevas con todos los dominios físicos, digitales y biológicos. Piense en los automóviles autodirigidos, las herramientas de modificación genética y la inteligencia artificial que puede hacer cualquier cosa, desde ejecutar estrategias de venta hasta descubrir nuevos fármacos.

 

 

En particular, es probable que la robótica y la inteligencia artificial alteren de manera sustancial los mercados laborales, poniendo a prueba aún más la cohesión social. Existe la necesidad urgente de una agenda política audaz que aborde este desafío y que, a la vez, lo combine con una narrativa visionaria sobre las mejoras en la vida cotidiana que la cuarta revolución industrial pueden traer aparejadas para los hogares, los países y la humanidad en general. Esta no será una tarea fácil, pero hay medidas específicas que se pueden tomar para construir un tipo diferente de economía, una en la que la inclusión social se aplique a conciencia “en su plan” esencial.

En primer lugar, los países deben crear un proceso flexible e informal que involucre a empresas, gobiernos y actores sociales para manejar mejor los riesgos de las nuevas tecnologías. Es necesario que se cree una relación crítica más fuerte entre los innovadores y la sociedad. Esto haría que los funcionarios políticos estuvieran mejor preparados para mantenerse al tanto de los rápidos avances de la ciencia, y les permitiría comprender mejor qué tipo de reglas formales serían apropiadas y cuándo deberían aplicarse.

También lograría una mejor apreciación de cómo acuerdos más flexibles y adaptables, como los principios voluntarios, las normas y los programas piloto acordados entre una masa crítica de actores clave, pueden ayudar a promover una dirección eficiente. Un claro ejemplo es el esfuerzo que los expertos de los sectores industriales, académicos y de seguros están llevando a cabo para crear un protocolo común que garantice la seguridad digital básica en la gran variedad de dispositivos domésticos, médicos y de infraestructura que se están conectando a Internet, la así llamada Internet de las cosas.

Un nuevo centro del Foro Económico Mundial para la cuarta revolución industrial se estableció a principios de año en San Francisco, California, con el fin de crear una plataforma internacional para dichas formas flexibles de cooperación tecnológica público-privada.

Para ayudar a los gobiernos a recuperar el equilibrio en sus prioridades políticas, hemos creado una medición alternativa del desempeño económico nacional: el Índice de desarrollo inclusivo

A principios de este año, en Davos, el Foro publicó un nuevo Informe de crecimiento y desarrollo inclusivo que define cinco áreas de política interna y fortaleza institucional que determinan cómo las economías son capaces de traducir el crecimiento económico en una mejora general del nivel de vida. Cada una de estas áreas es una fuente potencial de crecimiento más sólido y de inclusión social más amplia. Juntas, constituyen el sistema implícito de distribución de los ingresos en las economías de mercado modernas. Nuestra investigación, sin embargo, encuentra que este ecosistema de políticas se ha deteriorado en la última generación en muchos países avanzados y, frecuentemente, se subestima en las estrategias económicas de los países en desarrollo.

Para ayudar a los gobiernos a recuperar el equilibrio en sus prioridades políticas, hemos creado una medición alternativa del desempeño económico nacional: el Índice de desarrollo inclusivo. En lugar de simplemente medir la producción anual de bienes y servicios (PIB) de una economía, este nuevo índice mundial combina el PIB con 11 consideraciones adicionales que estiman en qué medida una economía está generando un progreso amplio y sostenible en los niveles de vida.

 

La cuarta revolución industrial exigirá que los gobiernos vayan más allá de las medidas reactivas encaminadas a la eficiencia y el crecimiento a corto plazo, para trazar activamente un curso que mitigue los riesgos sociales de las nuevas tecnologías, y que refuerce una combinación positiva entre el crecimiento y la inclusión, poniendo un mayor énfasis en algunas instituciones nacionales clave.

Como dijo el presidente chino Xi Jinping en Davos a principios de este año, debemos elaborar una nueva filosofía de desarrollo, e intensificar el debate sobre si debería haber más estímulo fiscal o más expansión cuantitativa. Al mismo tiempo, debemos desarrollar nuevos modelos de crecimiento y aprovechar las oportunidades presentadas por la nueva revolución industrial y la economía digital.

Se requiere un nuevo enfoque de la cooperación tecnológica y la reforma económica estructural que coloque a las personas y sus niveles de vida en el centro de la política económica. Esta debería ser una agenda que nos comprometa y dé forma al futuro en vez de resistirnos o pretender ocultarnos de ella. Las alternativas a corto plazo, ya sean las minorías de chivos expiatorios, la idealización de una época pasada o la insistencia en los beneficios de la globalización sin inversiones y reformas nacionales adecuadas, son totalmente inadecuadas.

El siglo XXI requiere un nuevo tipo de liderazgo que inspire confianza en la capacidad de la tecnología para mejorar el potencial humano en lugar de sustituirlo. Este es precisamente el liderazgo que también se requiere para mantener la fe en la capacidad del orden económico internacional liberal para elevar el nivel de vida en las economías desarrolladas y emergentes mientras estas se integran, y en su capacidad de elevarnos en lugar de excluirnos.

Fuente:

ExceLence Management

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