Conocimiento científico como diferencia competitiva

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La sociedad del conocimiento es según la UNESCO la que tiene capacidad para identificar, producir, tratar, transformar, difundir y utilizar la información con vistas a crear y aplicar los conocimientos necesarios para el desarrollo humano. De ahí que en la sociedad del conocimiento jueguen un papel central los sistemas dedicados a producir y difundir la información gestionándola adecuadamente generando así conocimiento, siendo éste el factor crítico en el que me quiero centrar. Si el rasgo definitorio de las anteriores revoluciones fue el incremento de la cantidad de energía a disposición de los grupos humanos, en esta nueva revolución es el incremento del volumen de información y la capacidad de transformarlo en conocimiento.

Estamos ante la revolución más profunda que ha vivido la humanidad donde la clave de su desarrollo es el acceso a la información, la generación de conocimiento y la gestión de éste.

La concepción del trabajo cambia, ya no son lo fundamental el capital, la tierra o el número de horas que se empleen en algo, como destacaba Peter Druker ya en 1993. En su lugar, la competitividad tiene que ver con la forma en que se genera, difunde y explota el nuevo conocimiento.

En la capacidad de generar conocimiento científico, transferirlo y transformarlo en nuevos o mejores productos, servicios y procesos residen las claves de la competitividad en este nuevo paradigma.

Para ello todos los actores deben actuar con una concepción sistémica, integral y colaborativa, las actividades y sectores que no se incorporen a este proceso cooperativo quedarán atrás. Se necesitan capacidades diferentes actuando coordinadamente, no es lo mismo generar que compartir. Ahora más que nunca es de vital importancia el crear sistemas de innovación supra regionales, con suficiente masa crítica como para poder crear sinergias por agregación.

En un sistema de innovación basado en la ciencia y la tecnología, los recursos humanos configuran el principal capital para sustentarlo, hacerlo crecer y ponerlo en valor. Y el conocimiento de éstos, del que se aporte el existente y se cubran sus carencias, probablemente sea una de las premisas donde pivotará el éxito. La incorporación de este conocimiento con un capital humano altamente cualificado al sistema productivo es clave para el desarrollo de la innovación y por ende de la competitividad, clave para construir una economía innovadora, sin embargo, son los sistemas de innovación, cuyas infraestructuras son las universidades, parques científico-tecnológicos, centros de investigación y empresas, los que deben ser capaces de incorporar la innovación tecnológica a las políticas de crecimiento, creando un proceso dinámico basado en la interacción de los diversos agentes.

Sin embargo, investigadores y tecnólogos, por sí solos, no pueden enfrentarse a las demandas que actualmente les requiere su actividad si no disponen, en lo personal, de una serie de competencias complementarias a las técnico-científicas, y en lo material, de estructuras administrativas a infraestructuras que les permitan abordar compartir conocimiento, gestionar interacciones, interactuar en sistemas abiertos que den lugar a la cooperación, para ello las personas, como centro, necesitan organizaciones con culturas colaborativas.

Este es uno de los retos a los que nos enfrentamos, ser capaces de generar organizaciones interesadas en colaborar para incrementar el valor del conocimiento generado. Sin ello no es viable una investigación de punta ni son competitivos sus resultados. Los diferentes actores, tanto humanos como organizaciones, tienen intereses y objetivos diversos, a veces incluso contrapuestos. Comprender el perfil de los actores, sus características e intereses, nos permite identificar factores que facilitan o dificultan la cooperación. Esto a su vez nos permitirá crear estrategias para seleccionar y capacitar, para mejorar interacciones y flujos de información, y conocimiento entre sector académico e investigador con el sector productivo.

Un segundo reto que normalmente no se aborda es la identificación y gestión de estos intereses convergentes y divergentes. Desde esta base hemos de preguntarnos si la realidad actual en la que se mueven las personas y organizaciones genera, por una parte, los incentivos necesarios y, por otra, cuenta con los recursos y capacidades para compartir y transferir este conocimiento

Hay capacidad suficiente para establecer un modelo marco donde la administración y otros agentes como centros tecnológicos y universidades moldean un sistema, donde intervienen el gobierno y unidades intermediarias, tanto para facilitar como para estimular la producción y difusión de conocimiento.

Sin embargo, no nos hemos preocupado por desmenuzar las interacciones, de entender el proceso individual por el cual surge la necesidad de transferir conocimiento, tanto por parte del innovador como de los beneficiarios, de entender el interés por ejemplo, que percibe el empresario para adquirir y apropiar tecnología, lo cual es indispensable.

No se trata de compartir conocimiento por un valor altruista de mejora social, que también podría ser una base interesante, sino porque la experiencia nos demuestra que para maximizar el valor del conocimiento (sea tecnológico o de otro tipo) es necesario internamente en la organización tener personas que sepan cómo distribuirlo y aprovecharlo para avanzar. Igualmente, en proyectos de innovación abierta o en los procesos de transferencia de tecnología las capacidades relacionales, comunicativas y de gestión necesarias distan mucho de las que se precisan para la generación y en multitud de casos no se encuentran en las mismas personas ni confluyen con sus intereses.

Por todo ello, en este nuevo futuro que estamos dibujando, los valores serán determinantes para conseguir esa cohesión y colaboración imprescindible para no quedarnos rezagados . Los hombres y mujeres de ciencia deberán adoptar ese rol de liderazgo intelectual necesario para que nuestra sociedad adopte satisfactoriamente los avances tecnológicos que ahora solo vislumbramos.

Debieran ser los nuevos inspiradores.

Fuente: Leo Virgós. Director general en Human Management Systems.

ExceLence Management

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