La gran prueba de subsistencia de la Civilización actual

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Todos disponemos de una determinada reputación y de unos antecedentes de interacción social con los demás, dentro del entorno geográfico y social en el que nos desenvolvamos, los cuales nos hemos ido ganando (o a lo peor, vamos perdiendo) de forma progresiva en nuestra vida, por medio de lo cual hemos conseguido adquirir un determinado nivel de prestigio, credibilidad y confianza por parte de los demás, dentro del entorno social en el que vivimos e interactuamos.

Esta reputación la hemos conseguido alcanzar a partir de nuestro propio comportamiento social, esto es; a partir de nuestros actos, de nuestras actitudes, de muestro nivel de transparencia, de nuestra lealtad, de nuestra capacidad por empatizar con los demás, etc. En definitiva, son consecuencia de todas y cada una de las sucesivas decisiones, actitudes y comportamientos que hemos ido adoptando a lo largo de nuestra vida, cuando nos relacionamos con el resto de miembros de nuestra comunidad o del entorno social en el cual nos encontramos.

Aún hoy se sigue cumpliendo que, por ejemplo, en pueblos, entornos rurales, barrios periféricos y en cualquier otra comunidad social en el cual convive un número relativamente limitado de personas, ocurre que prácticamente todos se conocen entre sí; y en caso de no conocerse o no disponer de referencias sobre la reputación de alguien, siempre resultaba fácil obtener información acerca de esa persona, de su prestigio o del nivel de confianza que merece, sencillamente pidiendo referencias al resto de miembros de la comunidad social. En estos entornos socialmente globalizados dentro de cada comunidad individual, como consecuencia del elevado nivel de proximidad física e interacción social existente entre sus miembros, resultaba relativamente sencillo poder disponer de información acerca de la reputación, el prestigio y el nivel de confianza o calidad social, que merecía dársele a cualquier persona integrante de una familia, antes de decidir entrar a establecer algún tipo de relación con ella; fuera esta del tipo que fuese: ya sea sentimental, comercial, laboral o empresarial. Además, en estas comunidades sociales existían reglas y normas de comportamiento para evitar desequilibrios y garantizar su estabilidad como grupo.

En estos entornos, una persona que hubiese adquirido un nivel de reputación bajo, difícilmente hubiera podido abrirse un camino exitoso en ningún ámbito, negocio o relación afectiva; y finalmente si se trataba de una persona con contrastada mala reputación, esta era finalmente marginada y se la hubiese obligado a abandonar la comunidad social, por motivo de no haber cumplido las normas necesarias de comportamiento social, lo cual ponía en riesgo la estabilidad de la comunidad.

Cuántas veces hemos escuchado la frase: No le conozco. ¿A qué familia pertenece?

De este modo es como se indagaba y se pretendía obtener (todavía se escucha esto en muchos pueblos) información acerca de la reputación y nivel de confianza que merecía una persona, asumiendo que esta dependía directamente del prestigio o reputación que disponía su familia de procedencia, la cual habían adquirido sus antepasados a lo largo de los años. De hecho, si un miembro de una familia cometía actos perjudiciales o contraproducentes para el honor o prestigio propio, esto podía perjudicar directamente a la reputación del resto de los miembros de su entorno social directo, es decir a la de su propia familia o a la de cualquier persona o grupo de personas que estuviesen relacionadas socialmente con ella. Por ello, no era de extrañar, que en base al comportamiento inadecuado de determinados miembros de una familia o comunidad social, esta tuviera que decidirse por renegar de él, desterrándole de la familia o comunidad social, de modo que ese individuo no perjudicase al honor y dignidad adquirido por la comunidad a lo largo de los años por todos sus ascendentes y antepasados, evitándose así que perjudicase la reputación presente y futura de cada uno de sus miembros.

Como indicaba antes, existen todavía, hoy por hoy, muchas comunidades ideológicas, religiones, sociales y étnicas, las cuales disponen de unas normas y/o reglas éticas y de comportamiento, las cuales se transmiten de padres a hijos y resultan ser inexpugnables para todos sus miembros, de modo que convirtiéndolas en imperativas de cumplimiento, garantizaban que la comunidad dispusiera de un nivel de prestigio, reputación y honor digno del de sus antepasados, de los de su sangre y de los que han conseguido el honor y el prestigio de sus apellidos.

Si nos referimos en concreto a la civilización que tanto histórica como económicamente resultan ser la más avanzada; la de los países occidentales y en concreto los inmersos en el capitalismo neoliberal y globalizado actual (en los cuales se incluye EE.UU., Japón y los países de la Europa occidental, España entre ellos), parece ser que los asuntos cualitativos relacionados con el equilibrio social, de los valores, de la ética, de la reputación y del prestigio de las comunidades, están siendo progresivamente relegados por aspectos y objetivos puramente económicos, los cuales puedan reportar algún beneficio económico y cuantitativo, como único objetivo.

Si aplicásemos exactamente este mismo planteamiento de carencia de globalización social al ámbito del medio ambiente, los fundamentos y argumentos que aportaríamos serían básicamente idénticos. En las comunidades locales tradicionales, las que más relevancia tenían antes de la era de la globalización, sucedía que se disponía de un sentido de la responsabilidad ecológica y con el medio ambiente, puesto que cualquier actividad inadecuada e irresponsable que pudiera desempeñarse en perjuicio del entorno y el medio ambiente, perjudicaría directamente sobre el entorno natural donde se desarrollaba y vivía la comunidad, por lo que se tenía conciencia de lo importante que era el conservar y mantener el entorno y el ecosistema donde se desarrolla la Vida.

Este hecho significativo está presente en los grupos sociales desde el momento en que el hombre pasó de tener un comportamiento nómada a ser sedentario. En el momento en que el hombre comenzó a tener un comportamiento sedentario, lo cual tuvo lugar hace varios miles de año, cuyo único fin consistió en hacer su vida más cómoda y segura, la raza humana fue consciente de la importancia que tenía el hecho de establecer normas tanto a nivel social como de comportamiento y conservación del entorno. Algunos ejemplos son los siguientes: Iniciación en los cultivos y en la cría de animales en cautividad, establecimiento de normas de comportamiento sociales, control de plagas, gestión de desechos y residuos, organización del entorno social, establecimiento de normas de caza y pesca, etc.

En estas circunstancias, el hombre se hubo de adaptar a su nueva situación y tuvo que cambiar drasticamente sus pautas de comportamiento, de modo que fuese posible garantizar la continuidad de esta nueva forma de vida.

Pues bien, la situación que actualmente está viviendo la Humanidad, a raíz de introducción de la producción en cadena o en masa en los sistemas productivos y de la explotación masiva de los recursos combustibles fósiles, y en último término, por la irrupción de la imparable globalización económica a nivel mundial, puede asemejarse a nivel de trascendencia al cambio social que representó el pasar de modos de vida y comportamientos nómadas a ser socialmente sedentarios. Esta comparación nos da una idea de la tremenda envergadura de los cambios a los cuales nos estamos enfrentando y nos tendremos que seguir enfrentando en la Civilización, no solo desde el punto de vista cuantitativo y económico, sino también y con mucha mayor relevancia, a nivel social y medioambiental, ya que en las condiciones actuales resulta vital que se establezcan nuevas normas de comportamiento y nuevas reglas del juego para esta nueva “Era” en la que estamos entrando, las cuales estén dirigidas de forma prioritaria a la búsqueda de un equilibrio entre el aspecto cuantitativo y económico y los aspectos cualitativos sociales y medioambientales, lo cual nos permitirá progresar y desarrollarnos como Civilización en camino hacia el consabido Desarrollo Económico Sostenible, evolucionándose así desde el actual Sistema Capitalista cuantitativo, el cual antepone el beneficio económico ante cualquier otra cosa y a costa de todo lo que sea necesario, hacia un nuevo Sistema que se preocupe además de mantener un equilibrio social y un medio  ambiente sostenible.

Lo que sucede es que esta premisa fundamental que caracteriza a la sociedad Capitalista, consistente en buscar exclusivamente el beneficio económico y el crecimiento cuantitativo permanente, a costa de sacrificar y poner en grave peligro la estabilidad social y medioambiental, ha demostrado claramente ser insuficiente y a más a más está poniendo en grave peligro la continuidad y la estabilidad de la propia Sociedad, teniendo en cuenta que las normas que están siendo definidas por los países han sido concebidas y ejecutadas en beneficio único de los intereses económicos, sin miramiento en otros aspectos tanto o más importantes para la Sociedad, pues las consecuencias a medio y largo plazo de estas decisiones sobre el equilibrio ambiental y social, están siendo y continuarán siendo realmente dramáticas. No hay más que echar un vistazo a las noticias que publican cada día los periódicos, de cómo se está degradando progresivamente el medio ambiente y el clima y en definitiva, de cómo se está deteriorando día tras día, la calidad de vida de los ciudadanos de la Sociedad actual.

Como digo, la consecución de los objetivos puramente económicos y cortoplacistas se ha convertido hoy por hoy en muchos países (principalmente en los países capitalistas y neoliberales), en el único y principal objeto de su esfuerzo y concentración, por parte de todos los poderes políticos, económicos y también sociales que están presentes en cada país.

Esta corriente destructiva se inició básicamente a primeros del siglo XX en EE.UU., a raíz del inicio de la revolución industrial, la cual introdujo los sistemas de producción en masa, la entrada en la era del petróleo, y el incremento desaforado del consumo.

La Revolución Industrial desarrollada a lo largo del siglo XX ha supuesto un incremento de forma exponencial de la actividad económica, lo que ha contribuido a incrementar drasticamente los recursos económicos y el poder adquisitivo, con el consiguiente incremento del consumo, de su nivel cultural y educativo y en definitiva de la calidad de vida de los ciudadanos. Este hecho es incuestionable.

Lo que sí es cuestionable, tal y como se ha comentado anteriormente es que, del mismo modo que se ha conseguido mejorar en promedio y sustancialmente, durante este último siglo, los recursos económicos disponibles, es que en este recorrido se haya descuidado la valiosa herencia y los esfuerzos de nuestros antepasados para mantener (ni mucho menos mejorar), los valores éticos, ni los niveles de integración y responsabilidad social ni la conciencia de sostenibilidad y ecológica, los cuales habían sido adquiridos y transmitidos en entornos sociales locales, con tanta rigurosidad de padres a hijos a lo largo de los siglos anteriores.

En definitiva, el Siglo XX ha contribuido efusiva y eficazmente a una globalización de la economía a nivel Mundial pero sin tener en cuenta que esto debió de ir acompañado necesariamente de alcanzar una globalización social por medio de regulación y normas a nivel mundial, con el fin de garantizar una estabilidad social y una globalización ecológica.

Estas son nuestras grandes asignaturas pendientes, nuestros graves errores y estas son las causas principales de la crisis sistémica y de valores que estamos sufriendo, la cual no siendo inicialmente económica, pues está comenzó a crearse hace mucho años a nivel ético y ecológica y solo ha sido ahora, ha sido en el momento es que se ha mostrado de forma visible para nuestros bolsillos en forma de crisis económica, cuando nos hemos dado verdadera cuenta de la gravedad de la situación que hemos creado.

Este desequilibrio tanto social como ecológico, no es nada reciente, pues se inició justo en el momento en que se comenzaron a aplicar las nuevas estratégicas económicas de producción en masa y globalización económica, lo cual repercutía directa y negativamente sobre la estabilidad social y ecológica, puesto que no se prestó atención alguna a los aspectos que realmente representaban ser clave, que eran los relativos a los ámbitos del equilibrio social y ecológico. Y he aquí las consecuencias.

Hoy en día, la mayoría de las noticias que presenciamos en los medios de comunicación están relacionadas con catástrofes o conflictos tanto a nivel social como ecológico, cuyo origen está en los desequilibrios crecientes que se han ido creados durante todo el último siglo, por no haber puesto atención a ellos. Estas son las graves pero también lógicas consecuencias de nuestras decisiones inconscientes las cuales fueron adoptadas en el pasado, que no eran buenas soluciones a nivel global sino tan solo buenas soluciones a nivel económico con miramientos a corto plazo, que nos arrastrarían inevitablemente a una dramática situación no solo económica sino también ecológica y social a medio plazo, como efectivamente ha sucedido.

Escenario 1: Huida hacia adelante: Reto para el Siglo XXI: Conseguir la globalización de la sociedad y de la protección del medio ambiente y la ecología, con el fin de alcanzar una nueva era. La era de la Globalización de la Humanidad sostenible con el ecosistema.

Escenario 2: Huida hacia atrás: En caso contrario, si no conseguimos alcanzar la globalización a nivel de objetivos sociales y ecológicos, estamos en grave peligro de subsistencia de la humanidad en el sistema globalizado actual y en estas condiciones entraríamos en un nuevo proceso de claro retroceso en el progreso evolutivo de la Civilización en la Historia, en el cual tras numerosos e inevitables conflictos sociales, con el fin de acaparar los mejores y más productivos territorios y los recursos energéticos, nos adentraríamos en una nueva era basada en economías locales, individuales e independientes las unas de las otras, en las cuales se consiga alcanzar una estabilidad tanto social, como ecológica, como económica, de forma independiente e individual en cada uno de los nuevos istmos que constituyan esta nueva forma de civilización anti-globalizada e individualizada.

Y la pregunta que me corresponde lanzar al aire es la siguiente:

¿Con cuál de estos 2 escenarios nos queremos quedar?

Pues si nuestra elección es la del escenario más razonable y deseable, que sería el escenario 1, entonces no sé a qué estamos esperando para ponernos inmediatamente manos a la obra, para asociarnos por un fin común y exigir, de manera responsable y preferiblemente pacífica, a todos nuestros dirigentes y poderes fácticos, de modo que se adopten de manera clara todas las medidas y políticas necesarias dirigidas a la búsqueda progresiva una estabilidad tanto medioambiental como socialmente hablando, la cual una vez alcanzada pueda resultar definitiva.

En definitiva, esta representa, en su esencia, “LA GRAN PRUEBA DE SUPERVIVENCIA Y PROGRESO DE LA CIVILIZACIÓN ACTUAL”; y de nosotros depende, con ayuda de nuestra concienciación por la necesidad y trascendencia de actuar, con nuestra responsabilidad y nuestra fuerza social mayoritaria y libre, que finalmente seamos capaces de persuadir y convencer al resto de dirigentes y poderes fácticos para tomar la senda de lo indicado en el Escenario 1.

En caso contrario; caso de no ser capaces, como Sociedad ni como Civilización, de abordar el camino descrito por el Escenario 1; deberíamos mentalizarnos y preparémonos para presenciar a lo largo de los próximos años (quizás décadas, para quien lo resista), un incremento progresivo de los desequilibrios y catástrofes medioambientales y ecológicas, de las tensiones y conflictos sociales y consiguientemente de las crisis económicas que todo esto conllevará, los cuales todos estos, ya hemos empezado a presenciar y por ello, corremos el riesgo de acostumbrarnos.

Cabe terminar diciendo que estos desequilibrios sistémicos se mostrarán irrefutablemente de una forma mucho más visible y pronunciada, precisamente en aquellos países que han supuesto y representado a los buques insignia del neoliberalismo económico; y por tanto, siendo estos países los que más se han beneficiado de un crecimiento económico, durante el periodo de crecimiento y apogeo del sistema capitalista neoliberal, serán precisamente en aquellos países donde mayor impacto negativo se va a producir, como consecuencia de los graves desequilibrios del sistema, por motivo de que van a tener que descender desde una posición de status económico, de necesidad de recursos energéticos y de nivel de vida medio, mucho más elevada.

C. Marco

Marzo de 2011

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