Los límites de la empatía

Los límites de la empatía_10 ideas imprescindibles para el management en 2017 según Harvard Business Review

 

Hace un par de años, Ford Motor Company empezó a pedir a sus ingenieros (en su mayoría hombres) que llevaran puesto el Empathy Belly, un simulador que les permitía experimentar de primera mano los síntomas de un embarazo –el dolor de espalda, la presión sobre la vejiga, los 14 kilos más o menos de peso adicional, etc.–. Hasta pueden sentir “movimientos” que imitan las patadas que dan los bebés de verdad. La idea es conseguir que comprendan los problemas de ergonomía a los que se enfrentan las mujeres embarazadas al conducir, como la movilidad limitada, los cambios en la postura y el centro de gravedad, y la torpeza del cuerpo en general.

No está claro si hacerlo ha mejorado el diseño de los coches de Ford o incrementado la satisfacción del cliente, pero los ingenieros sí que consideran haberse beneficiado de la experiencia Aún utilizan el dispositivo, y también están simulando la visión borrosa y la rigidez de las articulaciones de los conductores de la tercera edad con un “traje de envejecimiento”. Aunque puede que no consigan nada más, estos ejercicios desde luego representan un intento de “conocer el punto de vista de otras personas”, algo que en su día ya dijo Henry Ford que era la clave del éxito.

La empatía está de moda prácticamente en todas partes. No solo en Ford, y tampoco solo dentro de la ingeniería y los equipos de desarrollo de producto. Se encuentra en el corazón del design thinking, y de la innovación entendida de forma general. La empatía también es destacada como una capacidad fundamental de liderazgo, una que ayuda a influir sobre los demás miembros de una organización, adelantarse a las preocupaciones de los accionistas, interactuar con los seguidores de redes sociales e incluso celebrar mejores reuniones.

Sin embargo, investigaciones recientes (llevadas a cabo tanto por mí como por muchas otras personas) sugieren que todo este entusiasmo podría ser exagerado. Aunque la empatía es esencial para liderar y organizar el trabajo de otras personas –sin ella se toman decisiones desastrosas y se renuncia a los beneficios que acabo de describir–, evitar reconocer sus límites también puede perjudicar el desempeño individual y colectivo.

Aquí enumeramos algunos de los mayores problemas con los que se puede encontrar y recomendaciones para eludirlos.

Problema #1: Agota:

De la misma forma que las tareas mentales más complejas, como mantener diferentes tipos de información en mente al mismo tiempo o mantenerse concentrado en un entorno bullicioso, la empatía merma nuestros recursos mentales. Así que los trabajos que requieren una empatía continua pueden dar paso a la “fatiga por compasión”, una incapacidad aguda de empatizar causada por el estés, y el desgaste, una versión gradual y crónica de este fenómeno.

Los profesionales de servicios sanitarios y humanos (médicos, enfermeros, trabajadores sociales, funcionarios de prisiones) son especialmente vulnerables debido a que la empatía es una cualidad central de su trabajo diario. En un estudio con enfermeros de cuidados paliativos, por ejemplo, los predictores claves de la fatiga por compasión eran psicológicos: ansiedad, síntomas de trauma, exigencias vitales y lo que los investigadores denominan un exceso de empatía, esto es, la tendencia a sacrificar las necesidades propias frente a las de los demás (en lugar de limitarse a “sensibilizarse” con la gente). Variables como el número de horas y el exceso de trabajo también influyeron en su estado, aunque menos de lo esperado. Asimismo, en un estudio con enfermeros y enfermeras surcoreanos, la fatiga por compasión autodiagnosticada predijo con gran acierto sus intenciones de abandonar sus trabajos en un futuro próximo. Otros estudios con personal de enfermería demuestran otras consecuencias de la fatiga por compasión como el absentismo y el aumento de errores a la hora de administrar la medicación.

Evitar reconocer los límites de la empatía puede perjudicar el rendimiento.

La gente que trabaja para organizaciones de beneficencia y otras sin ánimo de lucro (los refugios de animales puede ser un ejemplo) son igual de vulnerables. La rotación voluntaria es extremadamente alta, en parte por la naturaleza empática tan exigente del trabajo y a la que suma una remuneración exigua que exacerba el componente de autosacrificio. Además, la visión tan rigurosa en la sociedad de cómo deber gestionarse una entidad sin ánimo de lucro provoca que se expongan a críticas negativas si actúan como empresas (por ejemplo, invertir en gastos generales o de estructura para lograr que la organización siga funcionando sin contratiempos). La idea más extendida es que si salen adelante, sea gracias a la entrega desmedida de los trabajadores.

La exigencia de empatía es implacable también en otros sectores. Día tras día, los gestores necesitan motivar a los trabajadores del conocimiento al intentar entender sus experiencias y perspectivas futuros para ayudarlos a encontrar el significado personal de su trabajo. Los profesionales de atención al cliente deben aplacar continuamente las inquietudes de clientes angustiados. La empatía es agotadora en cualquier entorno o posición en la que suponga el componente principal del trabajo.

Problema #2: Es un juego de suma cero:

La empatía no se limita a drenar toda la energía y recursos cognitivos, también se agota en sí misma. Cuanta más empatía demuestro con mi mujer, menos me queda para mi madre; cuanta más destino a mi madre, menos puedo mostrar con mi hijo. Tanto el deseo de ser empático como el esfuerzo que supone son finitos, se trate de familiares, amigos, clientes, y compañeros.

Tenga en cuenta este estudio: los investigadores estudiaron las concesiones relacionadas con comportamientos empáticos en el trabajo y en el hogar tras encuestar a 844 trabajadores de diferentes sectores, incluidos peluqueros, bomberos y profesionales de las telecomunicaciones. Las personas que aseguraban “dedicar tiempo para escuchar los problemas y preocupaciones del resto” y ayudar a “personas con un exceso de trabajo” se sentían menos capaces de conectar con sus familias; se sentían extenuados emocionalmente y abrumados por las demandas relacionadas con el trabajo.

A veces el problema de suma cero da paso a otro tipo de concesión. Utilizar la empatía con los más próximos –por ejemplos personas de nuestros equipos u organizaciones– puede limitar la capacidad de empatizar con personas ajenas a nuestros círculos más inmediatos. Dedicamos de forma natural más tiempo y energía a comprender las necesidades de nuestros amigos y compañeros cercanos. Simplemente nos resulta más fácil porque, para empezar, nos importan más. Esta dedicación dispar provoca una brecha que aumenta aún más nuestro suministro limitado de empatía. Aunque gastar la mayor parte de nuestra empatía disponible con las personas más cercanas refuerza nuestros lazos con ellos, también reduce nuestro deseo de conectar con personas menos próximas.

La empatía preferencial puede poner en nuestra contra a las personas que consideren que protegemos a los nuestros (un ejemplo es la reacción que hubo cuando el Papa elogió la gestión de los abusos sexuales en la Iglesia Católica). La empatía preferencial también puede, aunque de forma más sorprendente, desencadenar la agresión de los allegados hacia los de fuera. Por ejemplo, en un estudio que realicé con el profesor de la Universidad de Chicago (EEUU) Nicholas Epley, examinamos cómo dos grupos de participantes –los que se sentaban junto a un amigo (una conexión empática principal) y los que se sentaban junto a un desconocido– tratarían a un grupo de terroristas (personas ajenas con connotaciones especialmente negativas). Tras describir a los terroristas, preguntamos a los participantes hasta qué punto aprobaban considerarlos subhumanos, torturarlos con el submarino o ahogamiento simulado, y qué voltaje de corriente eléctrica estarían dispuestos a descargar sobre ellos. Simplemente por el hecho de estar sentados en una habitación junto a un amigo, la predisposición de las personas a torturas y deshumanizar otras personas aumentó notablemente.

Aunque este estudio representa un caso extremo, los mismos principios pueden encontrarse en las empresas. La compasión por los trabajadores y colegas de una compañía puede producir respuestas agresivas a los demás. Con más frecuencia, las personas más próximas simplemente carecen de interés por empatizar con “los de fuera”, lo que puede provocar que se ignoren oportunidades para una colaboración de provechoso entre departamentos, líneas e incluso empresas.

Problema #3: Puede minar la ética:

Por último, la empatía puede provocar lapsus en el juicio ético. Lo hemos visto en parte en el estudio sobre terroristas. En muchos casos, sin embargo, el problema no nace de una agresión hacia personas ajenas, sino más bien de una lealtad extrema a los cercanos. Al esforzarse y concentrarse para intentar ver y sentir las cosas del mismo modo que las personas con las que mantenemos una relación cercana, también podemos adoptar sus intereses como propios. Esto nos puede predisponer más a perdonar las transgresiones de otros o a comportarnos mal nosotros mismos.

Múltiples estudios de ciencias de la conducta y sobre la toma de decisiones demuestran que las personas están más predispuestas a hacer trampas cuando éstas beneficien a otra persona. En varios entornos, con beneficios que varían desde la situación económica hasta la reputación personal, las personas utilizan ese supuesto altruismo para racionalizar su deshonestidad. La situación empeora si empatizan con las dificultades de otra persona o se internaliza el dolor de alguien que ha sido tratado de manera injusta. En estos casos, las personas tienen más probabilidades aún de mentir o engañar para beneficiar a otra persona.

En el lugar de trabajo, la empatía con otros compañeros puede inhibir las filtraciones y las denuncias; algo que, cuando ocurre, suele preceder a un escándalo mayor. Tan solo pregunte a la policía y el ejército de Estados Unidos, a la Universidad Estatal de Pensilvania (EEUU), a Citigroup, a JPMorgan y a WorldCom si no. Los tipos de problemas que han diezmado esas organizaciones –la brutalidad, los abusos sexuales, el fraude– suelen sacarse a la luz por terceras personas que no se identifican realmente con los malhechores.

En mis investigaciones con los investigadores de la Universidad Boston College (EEUU) Liane Young y James Dungan estudiamos los efectos de la lealtad en personas que utilizan Mechanical Turk de Amazon, un mercado en línea donde los usuarios ganan dinero a cambio de realizar tareas. Al principio del estudio, pedimos a algunos participantes escribir un ensayo sobre la lealtad y a otros que escribieran sobre la justicia. Más tarde, se le presentó a cada participante un trabajo mal hecho por otro turkero. Los que habían recibido el empujoncito de la lealtad estaban menos dispuestos a destacar el mal trabajo de un compañero. Este descubrimiento complementa las investigaciones que demuestran que los sobornos son más comunes en los países donde prima el colectivismo. El sentimiento de pertenencia a un grupo y la interdependencia entre sus miembros a menudo lleva a las personas a tolerar lo incorrecto. Les hace sentir menos responsables de ello, y diluye la responsabilidad entre el colectivo en general en vez de atribuirla a una persona individual.

En resumen, la empatía con el círculo inmediato de una persona puede entrar en conflicto con la justicia para todos.

Cómo refrenar el exceso de empatía:

Estos tres problemas podrían parecer intratables, pero como gestor puede hacer varias cosas para reducirlos dentro de su organización.

Repartir el trabajo:

Un buen comienzo sería pedir a cada trabajador que se centre en un conjunto determinado de personas o partes interesados en lugar empatizar con todo el mundo. Algunas personas pueden centrarse en los clientes, otras en los compañeros; piense en ello como la creación de un grupo de fuerzas especiales para satisfacer las necesidades de distintos actores. Esto hace que la tarea de establecer relaciones y recoger visiones y opiniones sobre algo resulte menos laboriosa para las personas. También se logrará más en términos agregados, al distribuir las responsabilidades “empáticas” entre su equipo u organización. Aunque la empatía es finita para cualquier persona a nivel individual, está menos limitada cuando se gestiona a nivel colectivo.

Hacer que no implique tanto sacrificio:

Nuestra percepción mental puede aumentar o reducir propensión al exceso de empatía. Por ejemplo, exageramos los problemas de suma cero cuando damos por sentado que nuestros propios intereses y los de los demás son claramente contrarios. (Esto a menudo sucede durante la negociación de acuerdos, cuando las partes con diferentes posturas respecto a un tema se atascan porque están obsesionadas con las brechas que las separan). Una mentalidad conflictiva no sólo nos impide entender y responder a la otra parte, sino que también nos hace sentir como si hubiéramos “perdido” cuando no nos salimos con la nuestra. Podemos evitar el desgaste al buscar soluciones integradoras que respondan a los intereses de las dos partes.

Piense en esta situación: negociar un salario entre un mánager que está contratando y un candidato prometedor se puede convertir en un tira y afloja eterno si las dos personas tienen distintas cifras en mente y solo piensan en dinero. Pero supongamos que al candidato realmente le importa más la estabilidad profesional y el mánager quiere evitar que se marche al poco tiempo. En ese caso, ofrecer un contrato con mayor seguridad y estabilidad supondría una victoria para los dos partes. Se trata de una muestra de empatía del mánager, pero que no exprimiría su reserva de empatía como si hubiera cedido en el salario: retener en la empresa nuevos trabajadores encaja con sus deseos.

Dé un descanso a las personas y permita que se centren en sus propios intereses.

Hay una cantidad finita de empatía, pero es posible economizarla de algún modo. Si plantea preguntas en vez de conformarse con suposiciones, también encontrará fórmulas para ello.

Dé un descanso a la gente:

Como profesor de gestión empresarial, no puedo evitar una mueca cuando mis alumnos se refieren al currículo de mi departamento –sobre liderazgo, equipos y negociaciones– como “competencias blandas”. Entender y responder a las necesidades, los intereses y deseos de otros seres humanos es el trabajo más duro de todos. A pesar de las afirmaciones de que la empatía es algo que surge de forma natural, ponerse en la piel de otra persona requiere un gran esfuerzo mental, al igual que responder con compasión en lugar de indiferencia.

Todos sabemos que las personas necesitan descansar cada cierto de trabajos técnicos, analíticos y rutinarios como, por ejemplo, introducir datos. Lo mismo sirve para la empatía. Busque la forma de dar un tiempo de descanso a sus trabajadores. No basta con impulsar a las personas a perseguir proyectos autodirigidos que también beneficien a la empresa (y que a menudo se convierten en más trabajo) como hizo Google con su política de un 20 % de tiempo libre para proyectos personales. Anime a las personas a centrarse únicamente en su propio interés. Investigaciones recientes han comprobado que las personas que realiza varios descansos para centrarse en sí mismas son capaces de mostrar después más empatía con los demás. Puede parecer una paradoja, pero cuando una persona está descansada también es más capaz de detectar, descifrar y satisfacer las necesidades de los demás.

¿Cómo se da entonces la oportunidad de parar y descansar de pensar y cuidar de los demás? Algunas empresas están comprando cámaras de aislamiento como las cabinas de bienestar y aprendizaje de Orrb Technologies para que los trabajadores puedan meterse literalmente en una burbuja para relajarse, meditar o hacer lo que sea que les ayude a recuperar fuerzas. McLaren, por ejemplo, utiliza estas cabinas para mejorar la concentración de sus pilotos de F1. Otras empresas, como el distribuidor de piezas eléctricas Van Meter dependen de ideas mucho más sencillas como desactivar las cuentas de correo electrónico de sus trabajadores si están de vacaciones.

Sin embargo, y a pesar de sus limitaciones, la empatía es esencial en el trabajo. Así que los mandos responsables deberían asegurarse de que los empleados la inviertan inteligentemente.

Cuando se intenta empatizar, y como sugiere Nicholas Epley en su libro Mindwise, normalmente es mejor hablar con las personas sobre sus experiencias (conocerlas) que imaginar cómo podrían sentirse. Un estudio sostiene esta idea. En él, se preguntó a los participantes cómo de capaces creían que era una persona ciega para trabajar y vivir de forma independiente. Pero antes de contestar a la pregunta, también se les pidió a algunos que llevaran a cabo tareas físicas complejas con los ojos vendados. Quienes habían simulado padecer ceguera, consideraron que una persona invidente sería mucho menos capaz de valerse por sí sola. La razón es que el ejercicio les llevó a preguntarse “¿Cómo sería si yo fuera ciego?” (la respuesta: ¡muy difícil!) en lugar de preguntarse “¿Cómo es ser ciego para un invidente?”. Este resultado explica por qué el uso del Empathy Belly en Ford, aunque bienintencionado puede estar equivocado. Después de llevarlo puesto, los ingenieros podrían sobreestimar o malinterpretar las dificultades experimentadas por conductoras que realmente están embarazadas.

Hablar con la gente –preguntarle cómo se siente, qué quiere y qué piensa– puede parecer simplista, pero es más preciso. También es menos exigente para los trabajadores y sus organizaciones porque implica la recopilación de datos reales en lugar de especulaciones eternas. Es una forma más inteligente de empatizar.

Fuente: Adam Waytz es profesor adjunto de gestión y organizaciones de la Escuela de Negocios Kellogg de la Universidad Northwestern (EEUU). https://www.hbr.es

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Could creativity drive the next industrial revolution?

Colourful umbrellas decorate Dorner Platz (Dorner square) in Vienna, Austria September 1, 2016. REUTERS/Leonhard Foeger     TPX IMAGES OF THE DAY      - RTX2NRH9

Growth in the first industrial revolution was driven by engineering, the second through electricity and production lines, and the third by technology and information. The modern economies that will undergo a fourth industrial revolution will not be those that worship machines, but those that support human creativity. When we understand how people think and work best, we will be compelled to put our workers’ well-being first in the name of both health and economic productivity.

For centuries, human health has been systematically traded for economic growth. The word labor originated in medieval Europe during a decline in slavery and widespread adoption of money, and symbolizes the monetization of human skill: “productive work, especially physical toil done for wages.” Its modern definition, and how we perceive productivity, came about through the process of industrialization.

The first, second, and third industrial revolutions:

In the mid-17th century, the nature of work changed when rural, agrarian societies shifted to become urban and industrial. Economic growth meant going underground for energy and into factories for manufacturing. The detrimental effects to workers’ health in these industries are well documented: In the name of financial gain, miners and factory workers were subject to hazardous conditions that often resulted in illnesses, physical pain, and early death.

The first industrial revolution presented economic opportunities fraught with dangerous labor. The tradeoff of well-being for economic benefit was clear: Employers knowingly ran businesses that paid workers not just for their time, but also for their health.

Employers knowingly ran businesses that paid workers not just for their time, but also for their health. Over time, machines took over from humans in dictating the pace of production, and working hours soared. Rising demand outpaced supply, meaning that businesses could maximize profits by manufacturing around the clock. An extensive study by the International Labour Organization (ILO) into working hours explains how the concept of “working time” in early industrialization was based on the perception that hours spent outside work were regarded as “lost time.”

Through these developments, the perceived dichotomy of work and life emerged: Work is the time dedicated to economic gain, while life is the time spent on our mental and physical needs. Four hundred years later, our contemporary culture of “living for the weekend” is a reflection of how this form of exchange became an accepted aspect of our existence.

The fourth industrial revolution:

Western countries now firmly in throes of the third industrial revolution successfully shifted from manual to skilled labor. Yet the mentality that time spent outside work is “lost” hasn’t changed. The ILO study points out that even a recorded decrease in working hours is shaky because of the institutionalization of overtime and out-of-office work, such as mindlessly replying to emails on your phone.

One example of how businesses and organizations are trying to create a more effective workforce is not actually based in work, but in the office spaces in which it is conducted.

The new wave of “fun” workplaces that are now standard in high-tech companies is a continuation of finding solutions to the wrong problem; the aim of such designs is often to encourage longer work hours and company loyalty. Facebook went as far as offering workers $10,000 to live closer to the office.

However, the link between an employee spending more time in the office and being more productive with their time is rather tenuous. Workers might clock more hours and stay longer at a company if the surroundings are comfortable, but the assumption that this makes them better at what they do is unfounded.

Another design-based example is open-plan offices. In the push to lower overheads—and under the false assumption that it would encourage better working practices—private rooms were traded for non-divided workspaces. This resulted in environments that increase stress, particularly due to noise. Stress has become the dominant cost to human health at work. A 2016 report found that stress accounted for 37% of all work-related ill-health cases in the UK and 45% of all working days lost due to ill health.

Studies carried out as early as the 1970s have shown that stress can be beneficial for performing simple or familiar tasks, but detrimental to ones requiring complex, flexible thinking. The prefrontal cortex is an area of the brain associated with executive function, which contributes to decision making, predictions, and many of our highest cognitive processes related to learning and imagination. Increased levels of catecholamine released during stress harms the performance of the prefrontal cortex, including persistent loss of these functions from chronic stress. Naming just one aspect of how working conditions affect us cognitively, there are many more that stem from our environmental and social context.

As robots increasingly take on manual labor, we will need to foster what differentiates human from machine (at least for now): creativity. Evidence that psychological and physical well-being is paramount to creative thinking will turn the historic exchange of human health for economic growth on its head. As Klaus Schwab, founder of the World Economic Forum writes, “I am convinced of one thing—that in the future, talent, more than capital, will represent the critical factor of production.”

Source: Itai Palti, Director of architecture and design, The Centric Lab.

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Así es como el estrés puede influir en que sufras un infarto

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Los infartos de miocardio son la principal causa de muerte en todo el mundo. Se trata de un tipo de accidente coronario relacionado con el estilo de vida; en particular, la aparición de infartos está directamente influida por el estrés mantenido y con hábitos poco saludables.

En este artículo analizaremos los mecanismos por los cuales el estrés puede facilitar que se produzcan infartos. Para ello es necesario que nos detengamos previamente en la definición de estos dos conceptos.

¿Qué es el estrés?

Podemos definir el estrés como un conjunto de respuestas fisiológicas que se dan ante la aparición de estímulos o situaciones que el organismo percibe como amenazantes o exigentes.

Estas reacciones del cuerpo son inespecíficas y estereotipadas; esto significa que no dependen de un tipo concreto de estimulación ambiental y que son muy similares independientemente de las causas que las provoquen.

Las respuestas fisiológicas de estrés dependen de la activación del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal y del sistema nervioso autónomo. Los efectos a corto plazo consisten en un aumento de la frecuencia cardiaca y del consumo de la energía almacenada, así como de otros signos de activación física.

El fisiólogo Hans Selye describió tres fases del estrés en su modelo del Síndrome General de Adaptación. Durante la fase de alarma el cuerpo reconoce el estresor y se moviliza para hacerle frente; si aun así el estrés perdura se pasa a la fase de resistencia, en que la activación disminuye un poco para poder mantenerse a largo plazo.

Cuando el organismo ha consumido sus recursos aparece la tercera fase, denominada “de agotamiento” y caracterizada por la reaparición de los síntomas intensos propios de la fase de alarma. Aunque las fases avanzadas de la respuesta de estrés perjudican al organismo, las alteraciones suelen desaparecer tras un periodo de descanso durante el cual la persona genere nuevas reservas energéticas.

Consecuencias del estrés:

Cuando el estrés se mantiene de forma sostenida provoca lo que conocemos como síndrome de estrés, consistente en la aparición de úlcera péptica, el aumento del tamaño de la glándula suprarrenal y la disminución del timo. Estas alteraciones se relacionan con la secreción masiva de glucocorticoides y la supresión de la respuesta inmunitaria, que facilita el desarrollo de enfermedades.

El estilo de vida actual, cada vez más estresante, ha promovido un aumento claro en la prevalencia de trastornos de la circulación sanguínea, como los infartos y la hipertensión. Tener la tensión alta aumenta la probabilidad de que se acumulen placas ateroscleróticas, y por tanto de que se den accidentes cardiovasculares.

También hay muchos síntomas psicológicos que pueden estar influidos por el estrés: ansiedad, irritabilidad, apatía, tristeza, inestabilidad emocional… Entre los trastornos causados por estrés destacan la ansiedad y la depresión que, como los trastornos cardiovasculares, son consideradas enfermedades del estilo de vida.

Definición de infarto:

Los infartos son la principal causa de muerte a nivel mundial, según la Organización Mundial de la Salud, y su frecuencia no deja de crecer; mientras que en 1990 explicaban el 12% de las muertes, en 2013 esta cifra se acercaba al 17%.

El infarto consiste en la muerte (o necrosis) de parte del tejido de un órgano. Generalmente la necrosis se produce como consecuencia de la obstrucción de la arteria que lo irriga.

Cuando el tejido necrótico se encuentra en la musculatura del corazón hablamos de infarto de miocardio. Los infartos pueden producirse también en otros órganos; además del corazón, los más habituales son el cerebro, los riñones y el intestino.

Si el accidente tiene lugar en los riñones hablamos de infartación renal, mientras que si se producen en el intestino el término correcto es “infarto intestinal mesentérico”. Los infartos cerebrales se conocen como “accidentes cerebrovasculares” o “accidentes vasculares encefálicos”.

La obstrucción arterial suele deberse a la acumulación de placas de ateroma (o aterosclerosis) pero también puede ser consecuencia de hernias, de la presencia de tumores o de la deformación del órgano.

Entre los factores más relevantes que predisponen a la aparición de infartos se encuentran el consumo de tabaco y alcohol, la obesidad, el sedentarismo, la diabetes y los niveles elevados de colesterol. Asimismo se producen con más frecuencia en varones, en personas de más de 40 años y en las que tienen antecedentes familiares de trastorno cardiovascular.

¿Cómo produce infartos el estrés?

La aparición de infartos a consecuencia del estrés se debe a la conjunción de una serie de mecanismos causales interrelacionados. En concreto, la investigación científica ha relacionado los infartos con el aumento de los niveles de cortisol y la hiperreactividad de la amígdala.

El cortisol es una hormona esteroidea que se produce en la glándula suprarrenal y es liberada en respuesta a condiciones de estrés. Aunque es fundamental para que el organismo pueda consumir energía, la secreción excesiva y continuada de cortisol puede inflamar las arterias, estrechándolas y facilitando que se bloqueen.

Las amígdalas son dos estructuras cerebrales que se sitúan en los lóbulos temporales y están implicadas en el aprendizaje de respuestas emocionales, incluyendo las de miedo, ansiedad y estrés. Cuando los niveles de estrés son altos durante gran parte del tiempo, las neuronas de la amígdala aprenden por condicionamiento clásico a provocar respuestas de estrés ante estímulos que no suponen realmente una amenaza.

Por tanto, el estrés continuado en sí mismo afecta de forma negativa al sistema cardiovascular, pero además facilita que la amígdala asocie la respuesta de miedo a estímulos inofensivos. De este modo se produce un círculo vicioso en el que el estrés provoca más estrés, aumentando el riesgo de infartos y otros problemas circulatorios.

No obstante, la práctica continuada de ejercicios de relajación física y cognitiva pueden ayudar a que el cuerpo deje de emitir respuestas de estrés en momentos inadecuados. La investigación científica da soporte particularmente a los procedimientos de relajación muscular progresiva y de respiración lenta y profunda.

Referencias bibliográficas:

  • Ressler, K. J. (2010). Amygdala Activity, Fear, and Anxiety: Modulation by Stress. Biological Psychiatry, 67(12); 1117 – 1119.
  • Tawakol, A. et al. (2017). Relation between resting amygdalar activity and cardiovascular events: a longitudinal and cohort study. The Lancet, 389(10071); 834- 845.

Fuente: Alex Figueroba Psicólogo clínico.

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La conquista de la vocación profesional

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Cada vez más personas están reinventándose, buscando la forma de convertir su pasión en su profesión. Eso sí, para encontrar nuestra vocación, hemos de escuchar primero a nuestra voz interior.

Nos guste o no, formamos parte de una sociedad edificada sobre un sistema monetario que nos obliga a competir entre nosotros para ganar dinero. Es el precio que pagamos para saciar nuestras necesidades básicas y otras que nos vamos creando. Y hasta que no cambien las reglas del juego, el trabajo va a seguir protagonizando nuestra rutina diaria.

Muchos historiadores coinciden en que se trata de una nueva forma de esclavitud, mucho más refinada que la de épocas anteriores. Según el portal de ofertas de empleo Monster, el 15% de la población activa española dedica más de 50 horas semanales a su profesión, sin contar las horas extra, el tiempo destinado a comer o los desplazamientos in itinere. La mitad de los asalariados, por otra parte, pasa en su entorno laboral más de 40 horas; el 25%, entre 25 y 40 horas, y el 10% restante, menos de 25 horas.

Sin embargo, estar en el trabajo no es lo mismo que estar trabajando. Al ser tratados como máquinas sin necesidades ni sentimientos, la gran mayoría de españoles sufre su jornada laboral de cuerpo presente y mente ausente. Pero quien se desconecta de su corazón durante tantas horas, tantos días a la semana y tantos meses al año, corre el riesgo de convertirse en un autómata que existe, produce y consume por pura inercia.

LA MONOTONÍA COMO SÍNTOMA
“El infierno es despertar cada día y no saber qué haces aquí.”
(
Frank Miller)

Dado que en nuestra sociedad todavía prevalece el paradigma “del tener y del hacer”, en general consideramos que lo importante es “lo que tenemos”, no “lo que somos”. Y esta creencia condiciona “lo que hacemos”. Para muchas personas, el trabajo absorbe gran parte de su tiempo y energía; lo conciben como una carrera profesional –tanto de velocidad como de fondo–, marginando el resto de dimensiones de su vida en pos del dinero, la respetabilidad, el poder y la fama.

Para otros, estas metas externas no forman parte de sus prioridades cotidianas, con lo que en vez de vivir para trabajar, trabajan para vivir. Sus motivaciones laborales consisten en garantizar su seguridad y estabilidad económicas; perciben el trabajo como un trámite para pagar sus facturas. De ahí que se interesen, sobre todo, en la cantidad que cobran a final de mes, así como en el horario que deben cumplir entre semana.

En estos dos casos, la función profesional se desempeña como un medio para satisfacer necesidades y deseos personales. Apenas se tiene en cuenta la finalidad de dicha actividad en su relación con el resto de seres humanos y el entorno medioambiental del que todos formamos parte. Al negar su parte trascendente –la que va más allá y a través de cada individuo–, muchos terminan por reconocer que lo que hacen no tiene sentido.

Y dado que el trabajo ocupa casi un tercio de la vida, terminan por llevarse el malestar a casa. Los psicoterapeutas contemporáneos lo denominan “vacío existencial”, y se caracteriza por experimentar la vida como algo gris, monótono e insípido. De ahí que triunfe la cultura del entretenimiento –encabezada por la televisión–, que permite que la sociedad pueda saciar su necesidad de evadirse de la realidad en todo momento.

LA DECADENCIA DEL EGOCENTRISMO
“Quien sigue al rebaño acaba pisando excrementos.”
(DARÍO LOSTADO)

El cambio y la evolución son lo único que prevalecen con el paso del tiempo. Sin embargo, los seres humanos nos resistimos constantemente a este fluir natural de la vida. Prueba de ello es la manera en la que nos estamos enfrentando a la crisis financiera actual, que para muchos expertos pone de manifiesto una crisis mucho más profunda, relacionada con nuestro estilo de vida, nuestras creencias, nuestros valores y nuestra inconsciencia.

Al hablar de “crisis”, solemos obsesionarnos con aquello que escapa a nuestro control, permitiendo que nos invada la incertidumbre, el miedo y la inseguridad. Con ello, fortalecemos nuestro arraigado sentido de conservación e inmovilidad existencial. Así, en vez de ver e interpretar la crisis como nuestra enemiga, hemos de comprender que se trata de un proceso totalmente necesario: es el escenario donde se fraguan las transformaciones que nos permiten seguir creciendo individual y colectivamente. De ahí que sea mucho más eficiente ver la situación actual como una oportunidad para atrevernos a cambiar y evolucionar como personas y, en consecuencia, como profesionales.

Se dice que el maestro aparece cuando el discípulo está preparado. Es decir, que las cosas suceden justo cuando tienen que suceder. Como sociedad, poco a poco estamos tomando conciencia de la insostenibilidad del sistema capitalista, así como de la decadencia de la filosofía y los valores imperantes, basados en el individualismo, en el egoísmo, en el trabajar solamente para nuestro propio beneficio (y el de los nuestros) sin importar(nos) todo(s) lo(s) demás… Por más que nos resistamos y nos aferremos al pasado, es hora de cambiar en el presente para alinearnos con el futuro que viene.

DEL TENER AL SER
“Se ríen de mí porque soy diferente. Yo me río de ellos porque son todos iguales.”
(Kurt Cobain)

Algunos economistas aseguran que se avecinan cambios y transformaciones imparables e irreversibles. Nos estamos acercando al despertar de un nuevo paradigma basado en “lo que somos”, relegando a un segundo plano “lo que tenemos”. Y las consecuencias de este salto evolutivo se verán reflejadas precisamente en “lo que hacemos”.

Los sociólogos, por su parte, afirman que el puente entre estas dos maneras de pensar, de ser y de actuar se construirá por medio de la responsabilidad y el liderazgo personal. Aunque nos hayan hecho creer que somos víctimas de nuestras circunstancias, y que lo mejor que podemos hacer es conformarnos para evitar nuevas frustraciones, en última instancia gozamos de libertad para tomar decisiones y elegir conscientemente nuestro camino en la vida.

Para saber si estamos preparados para encarnar el cambio que queremos ver en el mundo, los psicólogos y coachs especializados en orientación profesional suelen formular las siguientes preguntas: ¿Cómo te levantas y encaras los lunes por la mañana? ¿Lo haces con vitalidad, entusiasmo y alegría? ¿O más bien con desgana, frustración y resignación? ¿Disfrutas de tu profesión y das gracias por poder desempeñarla? ¿O sueles quejarte y lamentarte por tus actuales condiciones laborales, deseando que llegue el viernes cuanto antes? ¿Sueles mirar el reloj mientras trabajas? ¿O más bien pierdes por completo la noción del tiempo?

Entre otras cuestiones, estos expertos también promueven otro tipo de reflexiones, interesándose por aspectos más intangibles y relevantes: ¿Tu profesión ayuda y beneficia realmente a otros seres humanos? ¿Atiende y cubre alguna de sus necesidades básicas? ¿Tiene algún sentido lo que haces? ¿Qué es lo que te retiene en tu actual puesto de trabajo? ¿Qué perderías si lo dejaras? ¿Y qué ganarías si te atrevieras a abandonarlo? Y por último y tal vez más importante: ¿Qué harías si no tuvieras miedo?

EL SENTIDO DEL TRABAJO
“La vida nos exige una contribución, y depende de cada uno de nosotros descubrir en qué consiste.”
(Viktor Frankl)

Aunque no es nada fácil enfrentarse a uno mismo, cada vez más seres humanos están siendo coherentes con las respuestas que obtienen en su interior. De ahí que se esfuercen en concebir su función laboral como una oportunidad para contribuir con su granito de arena en la evolución consciente de la humanidad. Desean construir valor a través de sus valores, y disfrutar de otro tipo de riquezas menos materiales creando riqueza real para la sociedad.

Muchos han descubierto que no hay nada más gratificante que poder ofrecer, dar, servir y contribuir de alguna u otra forma en mejorar la vida de los demás. Y es precisamente este poder el que andan buscando. Más allá de concebirse como un fin en sí mismos –dando lugar a la peligrosa enfermedad del “egocentrismo”–, parte de su profesión consiste en “trabajarse a sí mismos” para ser medios al servicio de los demás. Sólo así es posible despertar y potenciar el altruismo que anida en lo más profundo de cada corazón humano.

Eso sí, para poder ejercer nuestra profesión con este sentido trascendente, primero hemos de descubrir quiénes somos (cuál es la verdadera esencia que se oculta tras la máscara que nos ha sido impuesta por la sociedad); qué nos hace vibrar (qué materias o áreas de la realidad nos ilusionan y apasionan) y, por último, qué formación –tanto académica como autodidacta– podemos adoptar para potenciar nuestras virtudes y nuestros talentos innatos.

REDEFINIR EL ÉXITO
“¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?”
(Jesús de Nazaret)

El objetivo de este autoconocimiento y desarrollo personal es dar lo mejor de nosotros mismos a través del ejercicio de una profesión útil y con sentido, lo que a su vez repercute directamente sobre nuestro bienestar emocional. Ya lo afirmó el filósofo Voltaire: “He decidido hacer lo que me gusta porque es bueno para mi salud”. Para lograrlo, hemos de echar un vistazo al mercado y ver qué podemos aportar en este momento a la sociedad. Así, el cambio de paradigma que surge al descubrir y alinearnos con nuestra verdadera vocación profesional consiste en concebirnos como lo que en realidad somos, la “oferta”, y no la “demanda”, como tan acostumbrados estamos a vernos.

La finalidad de este viaje hacia dentro es redescubrir que es para cada uno de nosotros el “éxito”. Según los dos filósofos más destacados del management actual –Steven Covey y Fredy Kofman–, en la nueva economía que se avecina el verdadero éxito implicará tres cosas: “hacer lo que amamos” (estrechamente relacionado con lo que somos en esencia, de ahí que nos apasione y nos haga vibrar), “amar lo que hacemos” (vivir nuestra función con coraje, compromiso y entusiasmo, lo que depende, sobre todo, de nuestra actitud) y concebir dicha profesión con “vocación de servicio”, siendo muy conscientes de que la auténtica felicidad brota de nuestro interior al hacer felices a los demás. De ahí que el poeta y filosofó hindú Rabindranath Tagore expresara que “quién no vive para servir no sirve para vivir”.

Fuente: Borja Vilaseca.

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Be a knowmad, my friend

Cuatro, tres, dos, uno…

He llegado a la conclusión de que todos tenemos un momento en nuestras vidas de “cuenta atrás”, que nos marcan de alguna manera. Grandes o pequeños momentos. El astronauta, en el cohete espacial, esperando el lanzamiento -o no- cuando la cuenta llegue al final. El niño, al que le toca en el juego encontrar a los demás, acelerando el ritmo de la letanía numérica para minimizar las posibilidades de escondite de los otros pequeños…

En mi caso, la cuenta atrás que más me ha impactado es la que da título a este artículo, mismo título a su vez del TEDxSevilla en el que tuve el honor de participar. Era la primera vez que tenía 18 minutos exactos, ni uno más ni uno menos, ¡para hablar de los knowmads! Me parecía una misión imposible poder sintetizar todo lo que abarca este concepto en menos de 20 minutos. Recuerdo cómo se me escapaba la mirada de vez en cuando al dichoso minutero digital pensando “vale, me quedan x minutos, y no puedo dejar de contar esto, y esto otro…”. Ahora me siento un poco igual. Y es que cuando un concepto te cambia la vida… ¡Uf! A ver cómo lo explicas en minutos, en unas líneas.

Cuando llegó a mí esta palabra recuerdo que sentí una enorme curiosidad. De alguna manera era algo destinado a aparecer en mi vida, pues estaba justo iniciando un proceso interior de necesidad de cambio profesional. Y cada vez estoy más convencida de que nada llega porque sí, sino que acabamos construyendo nuestra realidad de manera causal, que no casual.

Por eso, cuando descubrí hace ya unos cuantos años el término, me puse a investigar. Descubrí al gran Dr. John Moravec, estudié el proyecto “Knowmad Society”… Y algo adicional. Tampoco había mucho más, al menos en castellano. Pero recuerdo que pensé: “yo quiero ser eso de mayor” (sé que es una frase un tanto infantil, pero es mi manera de estar en beta permanente). Y después añadí: “yo quiero ser eso de mayor y rodearme de personas que también lo sean o lo quieran ser”. E inicié mi transición hacia la vida nomádica. Empecé a investigar también a su vez sobre el futuro de trabajo, las tendencias laborales, los cambios que la digitalización y la demografía traían consigo… y fue sumar dos más dos para entender que el perfil que mejor encajaba en este futuro líquido y cambiante era el knowmad. Y, oh sí, yo deseo para mí y para todos mis compañeros –por seguir con analogía de juegos infantiles- el mejor de los futuros laborales.

Lo que en aquel momento no imaginé es que tendría la fortuna y honor de ser pionera en España y otros países hermanos de Latinoamérica en divulgar los beneficios de integrar este concepto en la vida profesional de las personas (conferencias, workshops, talleres, artículos, libro…), y aún menos que acabaría ayudando a las empresas también a transformarse en compañías de actitud y filosofía nomádica (flexibles, abiertas al cambio, transparentes, innovadoras, creativas…). Por eso, cuando digo que el concepto knowmad me cambió la vida, lo digo en sentido metafórico, emocional, inspiracional y literal.

Hoy, gracias al interés y a la labor de mucha gente, de buena gente, de gente cooperativa e inteligente, como Mundo Knowmad o The Knowmads Hub, por mencionar algunos, si googleas “Knowmad” te aparecen miles de artículos y referencias. Cada vez aparecen más perfiles en LinkedIn en el que las personas se autodenominan knowmads. Que se sienten bien, más felices, con mejor empleabilidad, orgullosos de ser knowmads. Y esto… va a ir a más. Porque, como explico en mi libro “Knowmads. Los trabajadores del futuro” (LID): no es un término pop-up que nace, eclosiona y rápidamente muere. A la palabra knowmad le pasa como a millennial: sirve para designar algo, pero lo que le mantiene y mantendrá en el tiempo es la riqueza de contenido y masa real (cantidad de gente) que tiene detrás. No es pasajero porque va a ser el tipo de profesional que más crezca y se desarrolle en el futuro, básicamente porque es el que reúne todas las condiciones para adaptarse mejor a él.

Recordemos que para 2020 se estima que el 45% de la fuerza laboral mundial será knowmad. ¡Casi la mitad de la población activa!

Es importante para mí matizar una cosa: prefiero pensar en lo knowmad más que como en un perfil (que podríamos denominar “nómada digital”) como una mentalidad, una forma de vivir y de trabajar. Por eso, tener una mentalidad nómada sirve tanto para asalariados, freelances, emprendedores, empresarios… Da igual. No importa cargo, régimen, edad. Es útil a cualquier persona en activo, porque a todos nos afecta el ‘fow’ (future of work) y, por lo tanto, a todos nos conviene estar preparados y capacitados para esta nueva realidad.

Por ello, con el permiso del gran Bruce Lee, déjame que te sugiera y a la vez apremie: Be a knowmad, my friend.

Disfruta del camino.

Fuente: Raquel Roca. https://educationfutures.com/

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Coreografía del aprendizaje

La escuela moderna, en su mejor momento, es una extensión satisfactoria de la irrealidad de la percepción social. Mientras que nos acercamos al ocaso de una era industrial, reconozco que, entre sus paredes, los salones de clase tienen que ver más con un sueño abstracto de utilidad futura, mientras que la vida sigue su curso fuera de las aulas. La mitad del tiempo y, medio dormidos, profesores y estudiantes se mantienen mutuamente atrapados en una ‘ficción relevante’: La importancia del conocimiento de nuestras vidas, la relevancia de las relaciones entre sí, y la pertinencia de las cuestiones de nuestro tiempo y para la sociedad en que vivimos.

Sin embargo, como en sus inicios, la escuela moderna ha ayudado a emancipar a millones de estudiantes a ser independientes. Al comienzo de este milenio, la escolarización ha alejado a las personas de la ignorancia y la pobreza más que cualquier otra cosa en toda la historia, empleando los mismos principios de eficiencia que enmarcaba la era industrial.

Justo cuando la escuela moderna del siglo XX descubrió su razón de ser, así como el rol requerido por sus docentes, las escuelas en la Sociedad Knowmad necesitaron encontrar su lugar y propósito en el modelo social que ellos mismos estaban creando. Sabemos que la escuela le da forma a la sociedad, lo que en mi opinión, es hacia donde la educación debería hacer énfasis. Las escuelas son la fuerza primaria del cambio personal y social. Si esto es así, ¿cuál es el rol de la enseñanza? O para ser más específicos, ¿cómo enseñamos intencionalmente para el cambio social?

Imaginemos que estamos organizando una actuación con el fin de participar en nuestra narrativa colectiva. Una danza u obra de teatro que no se ejecuta sin razón aparente, sino que está diseñada para tener un impacto y contribuir a la comprensión de nosotros mismos y del mundo en el que vivimos. Videoartistas, soundscapers (creadores de paisajes sonoros), actores, escenógrafos, bailarines, vestuaristas, el director e incluso el público; todos participan desde diferentes perspectivas. Es un esfuerzo de crear una obra de arte que reemplace a cada individuo. Aquellos que se dedican a organizar obras de teatro y artistas saben que, con el fin de crear algo que realmente tenga valor, algo que responda a una urgente y alta necesidad de realización, necesitan aprender y cambiar durante el camino, y ese aprendizaje y cambio son parte de la obra que ellos crean. De esta manera la actuación se transforma en un vehículo por el cual cada persona puede desarrollarse y expresarse. En ese estado de interdependencia el grupo, como colectivo, evoluciona para dejar su rastro. Ningún director se limita a imponer una idea para que esto suceda, sino más bien guía el proceso colectivo.

Veo a la educación para los knowmads como tal: un trabajo colectivo como si fuese una obra de arte. La investigación-acción que realizo para este tipo de educación es siempre el buscar por el tipo de estructura de aprendizaje e intervenciones apropiadas que den forma activa a nuevas relaciones flexibles y significantes, porque la construcción de las sociedades, surgen en la naturaleza de las relaciones.

La metáfora de la coreografía y la dirección no es una idea clásica, pero sí es un enfoque que comparto con el filósofo Christopher Alexander (1979) que trata sobre la arquitectura y el desarrollo urbano en The timeless way of building, o en cómo Falk Ritchter crea y dirige sus actuaciones. Nacido en Hamburgo, Alemania, en 1969, Richter es un director de teatro, además de guionista. Entre sus trabajos se encuentran: Gott iste in DJ, Electronic city, Protect me, y Trust. En sus obras, el texto y el movimiento fluyen desde dentro hacia fuera, contenidos en una narrativa emergente. Esta experiencia despierta una sensación real en la audiencia, pero quizá genera mucho más para los propios actores, los cuales, durante el proceso de creación, están descubriendo la forma que la obra va tomando a medida de que la van construyendo. Lo que me fascina es que aquí, aprender es una forma de hacer y crear una nueva forma de aprendizaje.

En este ensayo, comparto algunos de los componentes básicos de este proceso de aprendizaje creacional que he descubierto durante la investigación en The Learning Lab, que es un centro de investigación para el cambio social. La investigación-acción a la que aludo en este capítulo se ha desarrollado principalmente en la Universidad de Amsterdam con cuatro grupos de estudiantes de honor, provenientes de distintas disciplinas y nacionalidades. Ver http://www.thelearninglab.nl para más detalles.

‘La Búsqueda’

Escribo desde un lugar en donde la educación está luchando para hacerse un lugar en la sociedad. A menudo me encuentro en búsqueda de significado y dirección cuando ayudo a las escuelas o universidades en su transición. Al mismo tiempo, veo a muchos estudiantes y docentes luchando por hacer un lugar para la educación en sus vidas. La educación, junto a sus formas y procedimientos, se suelen dar por sentados. Los objetivos de emancipación e industrialización de la educación moderna han sido logrados, pero la innovación en la educación solo ocurre bajo una estricta y conservativa inspección. Todo lo mencionado anteriormente, lleva a las escuelas y a sus actores a la búsqueda de su historia, dentro de los pequeños márgenes de libertad que tienen para hacerlo- en pequeños momentos de vitalidad entre los docentes y estudiantes, por ejemplo, o los espacios no regulados entre clases.

Ya no vivimos más entre las necesidades de una sociedad industrial. Parece que nos hemos trasladado al nivel más alto de la pirámide de Maslow (1943). Esto significa que nuestras necesidades y valores han cambiado desde la seguridad material hacia la necesidad de aprendizajes de orden superior: significado y auto-realización (ver también Inglehart, 1990). Esto se refiere a la necesidad que se siente de ser más creativos y estar más actualizados como seres humanos, convirtiéndonos en la mejor “versión” de nosotros mismos.

No es una coincidencia que tanto los centros educativos como los alumnos se encuentran en una búsqueda para encontrar su misión. El contexto cuando hablo sobre aprendizaje es el de una búsqueda, no de una transferencia de conocimientos. Es una práctica de investigación creativa. El objetivo es ir siempre más allá de las metas abstractas tradicionales de aprendizaje como ‘formación’, y en su lugar seguir un propósito superior definido, donde el aprendizaje cualitativo requiere acciones de dirección y ejecución. No estoy negando la necesidad de transferir conocimientos, pero ya tenemos mucho de eso y sus métodos son cada vez más avanzados debido al auge de la era digital.

Estoy escribiendo para los hacedores del cambio que no ven a su trabajo solo como una vía para vivir diariamente, sino como un vehículo para la creatividad y la expresión, como si fuese un regalo para la sociedad. La creatividad está en la agenda de cada uno, pero la forma en que la utilizo aquí no es para la generación de buenas ideas. En cambio, hace referencia al consciente “mundo que hace”, es decir, participando en el entorno, ejercitando nuestro personaje y utilizando nuestro entusiasmo. En pocas palabras: trasladando su pasión a la acción. No estoy diciendo de cómo enseñar geografía, por ejemplo, pero comparto mis experiencias para ayudar a los geógrafos a ser agentes de cambio dentro de su área de conocimiento. Sin embargo espero que aquellos docentes que se orientan por el contenido de clase, tomen alguno de estos principios y trabajen en un enfoque que transforme los ambientes de aprendizaje en ambientes más reales. Este ensayo es, en particular, para las personas que educan a hackers en el sistema educativo. Los hackers, en mi opinión, son aquellas personas capaces de cambiar un sistema a partir de elegantes intervenciones. Ellos lo saben hacer mejor que cualquiera y saben cómo evitar las estructuras que los limitan. Ellos ‘se la juegan’, poniéndose ‘en contra’ de la comunidad, para estar al servicio de ella.

En el “Lab”, los estudiantes se preguntan qué es lo que realmente les importa en su mundo. Así una búsqueda ha nacido. Un estudiante de econometría, pregunta por qué hay tan poco dialogo crítico e investigación profunda en su disciplina. ¿Cómo pudo la econometría, la cual ayudó a diseñar los frustrados modelos de la crisis de capital en el año 2008, darse cuenta y tomar conciencia de su responsabilidad? Este estudiante, decidió mostrar los objetivos pocos fiables y oscuros de su disciplina. Determinó como propósito vivir una vida, aspirando a llegar a ser la persona en la cual quería convertirse. Otra estudiante busca la posibilidad de realizar una danza por la que pueda ser entrenada a fondo mientras es capaz de seguir la inspiración inmediata de la cual se desprende su propia creación. Este fue un proyecto muy consciente inspirado en su búsqueda para redefinir su relación personal con el mundo y el origen de la creatividad. Una búsqueda también puede representar el deseo de un grupo de estudiantes, que tienen intención de crear un servicio para taxis del Aeropuerto de Schiphol, cuyo elemento principal sea el hidrógeno, por citar algunos ejemplos. El objetivo es conectar a actores claves en nuestra sociedad desde diferentes campos en torno a un interés específico. Esto es, para los estudiantes, una experiencia profunda para despertar en ellos la posibilidad de que puedan encontrar y seguir su propia búsqueda.

En la educación, contemplada como una búsqueda, la pregunta que los educadores debemos hacernos no trata sobre qué es lo que los estudiantes deben aprender, sino sobre cómo crear condiciones que permitan fluir, transformándose en significativas. Esto abarca conocimientos, opiniones y habilidades, para unirse a la voluntad de crear y transformarlas en una herramienta que pueda extenderse a sus comunidades. La búsqueda es el dominio del homo faber, el ser humano creativo, el cual crea “su” mundo y el significado que encuentra en él.

La necesidad por La Búsqueda no es particularmente para la educación, es una parte intrínseca de la vida. Sin embargo, lo que es particular para la educación de la que escribo, es el tiempo enfocado por diversos grupos de personas que ocupan un espacio, el cual se encuentra diseñado para la creación y desarrollo de la realidad. Para que las preguntas, acciones, encuentros y decisiones se conviertan en asuntos reales de la vida y de la muerte interior. Esto es lo que hace a la “Búsqueda” tan excitante, peligrosa y hermosa.

¿Quién de ustedes recuerda lo que aprendieron en la universidad? El hecho de que haya resultado razonablemente bien es un signo de que no es tanto el contenido que hayamos retenido o las habilidades que adquirimos, sino son las reflexiones en torno a la búsqueda que hemos perseguido lo que hace la diferencia. Quizá muchas escuelas trabajan en ese sentido y proporcionan a los más jóvenes espacios para llevar a cabo este reto. Mi pensamiento inicial cuando comencé a diseñar ambientes de aprendizaje en las universidades fue: “¿Por qué no contar con un lugar de reunión en la educación?.

“El Vacío”

El lugar de reunión que creamos en “The Learning Lab” se llamaba “El Vacío”, pero no estaba literalmente “vacío”. Lo que Ritcher y Alexander tienen en común es que ambos comenzaron desde un vacío en el cual cualquier involucrado puede entrar con sus propias historias, aspiraciones, inspiraciones, necesidades y comenzar a trabajar. Uno comienza vaciando todo, comienza a “desaprender”. Los estudiantes ya no pueden seguir desempeñando el rol de estudiantes como tales, sino que deben convertirse en humanos con verdaderas preguntas. Llenando el espacio de ellas, se integran además las relaciones que ellos poseen con los sucesos del mundo que los rodea, así como también, los lazos que tienen con otras personas y lugares más allá del salón. El tiempo y las circunstancias dictan la urgencia de “construir” en ese espacio (Alexander, 1979). Para nosotros, en el laboratorio, esto significa que “El Vacío” fue llenado con material que tanto alumnos como docentes trajimos. Este material que trasladamos obtuvo la forma de experiencias significativas para nosotros (como por ejemplo artículos con noticias, descubrimientos científicos, películas, historias personales, etc.). Y también trajimos nuestros sueños, miedos y disposiciones. La convergencia de estos componentes determinaba la dirección del aprendizaje. Fue la primera condición que encontré para que éste se mantenga vivo. Al igual que en arquitectura o en el desempeño, el aprendizaje necesita relacionarse estrechamente con las preguntas realizadas por el estudiante.

En consecuencia, el tiempo que compartimos trata sobre cómo llenar el vacío con lo que cada uno hace con su tiempo, y de lo que cada uno de nosotros quiere impulsar desde nuestras intenciones, esperanzas, temores, intereses y capacidades. Por lo general se comienza en un lugar que prepara el escenario y el contexto para esta búsqueda en particular. En aquellos primeros días, tratamos de averiguar por qué estamos juntos. Aunque, a veces, al final de la práctica, nos damos cuenta que por casualidad terminamos es un lugar completamente diferente hacia donde nos habíamos decidido dirigir. Pero esa también forma parte de la naturaleza de la misión:  encontrar lo que no se estaba buscando, y nunca habría encontrado si usted hubiera planificado una ruta desde el punto A al punto B.

En el Vacío, de repente nos damos cuenta de que no somos “estudiantes”, sino que somos personas con una historia y una perspectiva. Mientras que en “La Búsqueda” y llenando “El Vacío”, el laboratorio de aprendizaje se convierte en una coreografía. Esto no es en el sentido de planificación de una coreografía, donde el tiempo y el espacio son “esculpidos con cuerpos” (al igual que un plan de estudios permite predefinir el tiempo y el espacio en la escuela), sino como el sentido sobre el que se basan los guiones y patrones de escultura en donde se asignan las coordenadas de movimiento, no el propio movimiento en sí.

Las preguntas acerca de la coreografía en la actualidad son por lo general:

  • ¿Qué es lo que realmente queremos saber con este proyecto?
  • ¿Qué es lo que realmente queremos cambiar?
  • ¿Qué se quiere hacer?
  • ¿Cómo es que queremos trabajar?
  • ¿Quiénes realmente queremos ser?
  • ¿Qué debemos construir?
  • ¿Qué debería ser investigado?

Aprovechando el momento:

He llegado a creer que el tipo de aprendizaje que busco siempre se afirma en el presente y que la pregunta que estamos explorando necesita ser “caliente”, es decir, aquí y ahora. Esto significa que debemos enfrentarnos a un mundo en medio de un proceso de cambio y enfrentarnos a estudiantes con un nivel para el cual ya están preparados. El aprendizaje, desde esta perspectiva, se compone de todas aquellas cosas por las cuales uno no se puede preparar, al igual que en la práctica de la enseñanza. Desde este punto, debemos pensar a la educación desde la realidad, en lugar de armar una simulación para “prepararnos para la realidad”. Esto hace que esta situación sea dificultosa de describir, enseñar o aceptar, porque puede ser perturbadora, impredecible y elusiva.

Por ejemplo, un estudiante mira con decepción su fracaso de realizar una película que quería hacer en el laboratorio. Sin embargo, adoptando esa decepción como material para explorar oportunidades de desarrollo, puede descubrir que el resultado era menos importante que el viaje que decidió tomar, ya que tuvo que actuar con valentía. Esta es una experiencia típica, pero todavía es imposible preparar una clase que se ocupe en este tipo de asuntos, porque pierde su relevancia porque no está conectado a la experiencia que se tenía.

Por supuesto, existe una preparación para crear las condiciones que den lugar al aprendizaje, así como docentes altamente preparados para diseñar ambientes de aprendizaje, que poseen la habilidad de intervenir en el proceso de aprendizaje de maneras apropiadas. Sin embargo, poner atención a eso es probablemente el mayor desafío a los que se enfrentan los educadores knowmads. Podría decir que lleva mucho más tiempo y esfuerzo que otorgarles una serie de lecturas. Pero el momento de aprender, el momento pedagógico, aparece de forma inesperada y debe ser aprovechado en el momento.

Adquirir sentido:

En una sociedad knowmádica, la significancia no es un hecho y mucho menos es socialmente compartida. Mientras que se utilizó para encontrar un propósito común en las grandes narrativas de progreso o religión, una ola post-moderna de ‘fragmentación’ nos ha dado la oportunidad de encontrar un nuevo sentido en las historias individuales que vivimos y en los relatos dispersos que colectivamente construimos. El aprendizaje en una Sociedad Knowmad por lo tanto, implica el desarrollo de la capacidad de apropiarse de su progreso y entregar un significado a las experiencias de uno mismo.

En la educación, el origen de esta falta de sentido radica en parte, a la migración colectiva que hacemos desde la relevancia hacia la abstracción. Dewey (1929), es recordado por advertir acerca de la “falencia intelectual” que llevó a la cultura occidental a valorar más la abstracción en lugar de lo concreto y particular. Solo lo que puede ser pensado o puesto en palabras es real. Afectos, valores, intuiciones y decisiones están excluidos del mundo real y habitan en el reino “personal” a favor del conocimiento abstracto. Lo que nos importa a nivel individual ha sido tomado en cuenta muy poco o nada en la escuela; lo que explica por qué en ellas no se atendió la forma de desarrollar en los estudiantes, un buen sentido de lo que realmente les importa.

Además, el aprendizaje obsoleto y las normas abstractas que tienen muy poco que ver con nosotros, son algunas de las principales causas de desarraigo. El ‘desarraigo’ es la condición que describe una desconexión con lo que más nos importa, ya la que en ella no existe una relación significativa. En la escuela, las cosas que se nos pide memorizar, analizar o reproducir de forma ‘creativa’ ya no nos conectan con nuestro futuro, como solía ser cuando la educación era una ruta de acceso altamente valiosa a un empleo fuertemente valorado en la sociedad industrial. Pero para lograr esa conexión, es necesario tener una idea de quién eres. La sociedad nos insta a ser libres en elegir quiénes queremos ser, desafiando todas las respuestas que encontramos por nuestros propios medios, con la posibilidad de una identidad alternativa. Sólo al proporcionar las condiciones para que el significado personal surja, iremos más allá de una educación post-moderna de ‘deconstrucción’.

¿Por qué necesitamos una coreografía en lugar de un currículum?, se torna muy claro cuando te das cuenta que – tal como Soren Kierkegaard dijo en varios sentidos durante su carrera – “la vida es vivida hacía adelante, y entendida hacía atrás” El aprendizaje para los agentes de cambio tiene que ver menos sobre analizar el pasado y más acerca de tratar de diseñar el futuro. Sin embargo, desde que nadie sabe qué pasará en el futuro, especialmente en tiempos de cambios en el sistema, nos damos cuenta de nuestras experiencias cuando miramos hacía atrás o mientras vamos por el camino. Los artistas utilizan la teoría aplicada, o el método de testear la hipótesis, solamente para su desarrollo técnico, pero la importancia y la comprensión del trabajo viene en orden inverso. En primer lugar se hace algo, luego el significado se construye. También implicaría aplicar el plan de estudios en sentido invertido. En el pasado, los estudiantes debían seguir un currículum prescripto, ahora el “currículum” es cambiar con él. Esto sugiere una completa reversión de la forma en que pensamos acerca del aprendizaje. La coreografía es, en principio, un agente en la creación de sentido.

En entornos complejos y desconocidos que cambian rápidamente y en donde, por ejemplo, incluso las grandes empresas no tienen seguro el desempeño, ya que pueden fracasar tan rápido como ponerla en marcha, tener su propia brújula es lo único que mantiene a uno en un camino con sentido. Mantener la propiedad sobre su vida requiere algo totalmente diferente de lo que se hizo hace algunos decenios. Los sentimientos de propiedad y la autodirección solía venir con un trabajo confiable y que poseía una experiencia particular, Pero los empleos y la experiencia cambian demasiado a menudo hoy como para darte el control. Se hace más difícil contar una historia coherente de quién eres o de por qué estás aquí para cuando tu ocupación cambió tan rápidamente como lo hace hoy. Esto es lo que aprendí de mi mentor Richard Sennett, quien describió la pérdida de esta coherencia personal en su libro, The corrosion of character (Sennett, 1998). Para Sennett, las personas más vulnerables de la sociedad ceden a los caprichos de un capitalismo pervertido, por lo que resisten a la cultura de la flexibilidad. Y, mientras yo también pienso que la forma de capitalismo que creamos nos plantea este problema, creo que nuestra mejor manera de salir de allí es a través de la flexibilidad, ya que es parte del paradigma al que nos estamos adaptando.

Las escuelas, por sí solas, no puede dar a los estudiantes las condiciones para una vida plena, y especialmente no lo pueden hacer a los grupos más vulnerables de la sociedad. No todo el mundo es ni puede ser un knowmad, si con ello, nos referimos a alguien que pueda hacer frente a la incertidumbre más profunda. Vamos a tener que desarrollar nuevas relaciones socioeconómicas que ofrezcan nuevos tipos de seguridad para la inmensa mayoría de la sociedad. Esto requiere el arte de sentirse cómodo con estar en una búsqueda sin fin y la elección de nuevas dependencias que pueden ayudar a hacer frente a las incertidumbres propias de la Sociedad Knowmad. Una experiencia de aprendizaje continuo, sin un destino claro, pero con lazos sociales más fuertes y significativos, se relaciona con la creación de significado que se encuentra en el centro de aprendizaje.

De repente, las relaciones que los estudiantes construyeron entre sí y las personas que conocieron en sus proyectos se convirtieron en parte de su viaje, y figuran en los ‘mapas de carretera’ que hicieron con el fin de mirar hacia atrás y ver qué y cómo aprendieron. Conocer sus dependencias les da el poder de convertirlas en relaciones de reciprocidad y reconocimiento que los fortalece en su camino de reinvención personal. También mirar hacia atrás y convertirse en narradores hábiles les permitió “conectar los puntos” como Steve Jobs habló de su discurso de inicio en Stanford, de sus vidas caóticas y discontinuas, y formar una nueva coherencia (Universidad de Stanford, 2005).

Pasar de una filosofía del conocimiento a una filosofía de experiencia intencional del significado, se traduce como dejar ir la idea de que lo más importante en la escuela es aprender teorías y prácticas que más tarde, en la vida real, tienen que ser aplicadas. Esto suena radical y tan alejado con lo que estamos familiarizados, que podemos sentirnos tentados a pensar que ello implica que no se aprenderán habilidades. En realidad, no es así, sin embargo, solo sugiere que debemos conectar conocimientos y habilidades para construir experiencias significativas.

Al hablar de conocimientos específicos y habilidades, al principio pensé que teníamos que hacernos de un montón de material y entender muchos conceptos al tratar con ellos, pero descubrí que el desarrollo del conocimiento real sucede cuando una idea continua su camino en todas sus dimensiones: personal, social, objetivo, subjetivo, etc. Todo esto es necesario para llegar a la esencia de lo que el profesor / coreógrafo y los alumnos están aprendiendo. Sería un gran error, sin embargo, tomar esta búsqueda de “la esencia” como una forma de especialización. El punto no es estudiar más divisiones de la misma cosa o profundizar en una faceta de una idea, sino descubrir las relaciones de las partes con el todo. La comprensión de estas relaciones excede el conocimiento de uno de los artefactos particulares, y lo hace transferible a otros dominios. De esta forma nos aseguramos que lo que sea que estemos estudiando, tiene sentido en más de un nivel de comprensión.

El contexto

Antes de discutir más sobre el coreógrafo, me gustaría explorar el contexto de esta forma de enseñanza. Si dividimos los tipos de experiencias de aprendizaje entre el consumo y la creación de experiencias por un lado, y en las experiencias objetivas y subjetivas por el otro, podemos determinar fácilmente, a partir de nuestras propias experiencias, cómo la gran parte de la enseñanza se ejecuta como la transferencia de conocimientos asumidos previamente, o como el reflejo de lo que el estudiante está realizando, como un experimento, o como un aprendizaje basado en problemas. Pero, a menos que surjan los problemas a partir de una necesidad sentida en el alumno, o los conocimientos transferidos se le preguntó específicamente para, sólo hay muy poco aprendizaje pasando, un desarrollo mucho menor. Todo conocimiento es subjetivo en el sentido de que siempre es conocida y valorada por una persona.

El desafío en una sociedad knowmad será encontrar formas de propiciar la creación de conocimiento subjetivo que otorgue relevancia a hechos objetivos observados, la información descargada, y lo que fue experimentado. La transferencia es lo que un profesor, un libro o página web transmite al alumno. El experimento se refiere a un evento que puede ser medido y analizado; por otro lado, la reflexión es generalmente el punto de vista de un profesor que puede dar sobre el rendimiento del alumno. En este esquema, un conocimiento subjetivo creado se desprende de una misión, y es esta búsqueda, con una ruta y propósito definido, que teje los otros tres modos de aprendizaje en un todo coherente.

Figura 3. El cuadrante del aprendizaje

El trabajo:

Si dejamos de lado la idea de un plan de estudios fijado como un programa cuidadosamente diseñado por el ‘genio’ del maestro, en lugar de imaginar un conjunto de reglas simples que definan los componentes básicos de un viaje de aprendizaje que sean adoptadas por sus knowmads, por ende, la enseñanza se convertirá en el dominio de los procesos y la dirección creativa de la aventura de aprendizaje. La aventura pone en marcha un nuevo léxico de comprensión y nunca puede ser el mismo, ni seguir el mismo camino.

Nuestro lenguaje, sin embargo, a menudo nos impide pensar más allá de los patrones que conocemos. Si no entendemos la importancia de la aventura, es porque la confundimos con entretenimiento. Si no somos capaces de entender la iniciación, es porque la asociamos a una práctica propia de tribus distantes. Si no obtenemos el significado de una búsqueda, es porque hemos perdido contacto con nuestra necesidad de buscar la verdad en lugar de determinar los hechos. Si creemos que la belleza no tiene lugar en el aprendizaje, es porque nos confundimos con el decorado. Y, si los educadores no ven el amor como la quinta esencia de la educación, es porque pensamos en él como si fuera un romance. El aprendizaje para agentes de cambio significa encontrar un nuevo lenguaje, una y otra vez, mediante una experiencia estética que sea tan convincente que nuestras creencias acerca de lo que consideramos importante sean más flexibles.

En mi investigación para el tipo de diseño de procesos de un viaje de aprendizaje para un knowmad, he tratado de mantenerme alejado de los métodos fijos y en su lugar traté de reinventar las formas y el lenguaje de cada nueva situación. A pesar de que era tentador volver a utilizar los métodos, o emplear uno simplemente porque pensaba que era interesante (uno muy difícil de suprimir), el truco era quedarse con la pregunta más relevante: “¿Qué es lo que realmente necesitan ellos de mí ahora?”, o “¿Qué estoy haciendo? ¿Estoy tratando de convencer a alguien? ¿De verdad estoy ayudando? ¿Estoy escuchando?, etc.

El asunto era demasiado complejo para saber de antemano lo que se tenía que hacer. Junto con las personas con las que trabajé, tuvimos que actuar rápido, y, como digo casi siempre: “en el acto”. La base sobre la cual dichas acciones se fundamentan, se encontraba en la experiencia acumulada que obtuvimos mediante el aprendizaje experimental, una buena formación general, dedicada a reflejar la práctica de situaciones pasadas y de nuestra intuición.

He descubierto que un exitoso viaje de aprendizaje es aquél en el que el propósito individual y grupal se dirigen hacia una manifestación de valor, apoyándose en gran medida de la capacidad del “coreógrafo” para observar las relaciones que realmente importan. Existe un sinnúmero de parámetros cuando se trata con un grupo co-creativo y dinámico. Saber quiénes hacían el trabajo en un momento dado resultó crucial. Esto significa no estancarse en los detalles, manteniendo el propósito clave y nuestro proceso en mente en todo momento. De lo contrario, se corre el riesgo de exigir cosas a los estudiantes para lo que no están listos todavía, o hacer que pierdan la visión del cuadro completo. El arte residía en lo que se observaba del movimiento, lo que provocaba el aprendizaje y lo que impulsaba al alumno a participar. A veces esto significa no comunicar de forma anticipada el escenario completo de a dónde se quiere ir como coreógrafo, ya que puede ser demasiado abrumador o abstracto y terminar enfocándose en lo que es irrelevante en ese momento para los alumnos. Se trata, en realidad, de proporcionar una mano que guíe a través del  camino por el que se descubre el territorio juntos.

The Learning Lab estaba destinado a ser un laboratorio para mí como para los estudiantes. Me estaba preparando para el fracaso, pero esto era necesario para cultivar un claro sentido de juicio. Lo que descubrí fue que la propia condición de estar en un experimento juntos habilitó un tipo especial de aprendizaje, y una forma de emoción que no podría ser creada de otra forma. En esto, me refiero a la clase de aprendizaje en el que consiste no sólo acerca del estudio de un objeto, sino también sobre uno mismo. La forma en que aprendes formar parte del estudio. En este sentido, ¡el método de investigación se convirtió en el método de “enseñanza”!

A pesar de que a menudo puede comenzar a partir de un vacío, el diseño de un laboratorio o el aprendizaje de búsqueda no se encuentra completamente libre de la estructura. De igual forma, tampoco se trata únicamente de una serie de experimentos en conjunto. Sin los límites de una asignatura (autoimpuesta o no), no hay medio para el aprendizaje, de la misma manera que el cauce se constituye como un medio para que el agua fluya y se convierta en un río. De otra forma también es cierto: sin el propósito y la pasión del coreógrafo y el alumno, no existe nada que crezca en medio, y nada que fluya en el cauce.

Cada intento de diseñar la experiencia completa corre problemas, como las predicciones hechas acerca de lo que se necesitará en un momento determinado suelen ser equivocadas. El programa cambia todo el tiempo, en función de las necesidades reales y las actividades que se realizan. No existe un diseño perfecto y ningún diseño se termina nunca. “Todo está siempre en fase beta,” como mis estudiantes solían decir, a fin de ajustar y corregir el programa. No es, por lo tanto, una señal de fracaso, sino una parte deseada del proceso en el que nos aseguramos de que siempre estamos aprendiendo, permaneciendo fiel a las necesidades y urgencias del grupo.

El coreógrafo

Cuando un grupo de estudiantes se reúne por primera vez, siempre es emocionante. Muchas preguntas, dudas y expectativas tácitas llenan el espacio y todos los ojos se centran en el “maestro”. En la filosofía de muchos reformadores de la educación hoy, la tarea del profesor consiste en ajustar el programa a las necesidades de los estudiantes, como un entrenador sin contenido. El entrenamiento es demasiado pasivo en mi opinión, y se limita al desarrollo del alumno y su adquisición de conocimientos y habilidades. Un coreógrafo, por el contrario, también se pone escenifica una pieza. Más cerca del sistema universitario, lo compararía con el científico que construye su investigación con sus alumnos. Me di cuenta que estaba en una misión como ellos, aunque la mía incluía la búsqueda de formas para desentrañar las suyas. Una vez más, mi capacidad no era como la de un “maestro”, sino como la de un creador de la realidad, la transformación de la educación superior y el proceso por el cual he utilizado a fin de diseñar experiencias de aprendizaje para los “estudiantes”. En mi caso lo que surgió como una innovación educativa como tal, bien podría ser el cambio de otro maestro en el cuidado de la salud o la enseñanza de inglés a los inmigrantes de la comunidad.

En mis conversaciones con Falk Richter, descubrí que mucho de este rol tiene similitud con el rol de un director. El término “director” te da una idea de que lo sustancial del papel que desempeña podría deberse a co-diseñar y guiar la arquitectura de una búsqueda de aprendizaje. De igual forma, un maestro como director logra libertad para ir tras su capacidad creativa. Pero cuando éste se encuentra parametrado por una currícula, solo puede intentar crearla. Sin embargo, si hemos de educar a los agentes de cambio, entonces los profesores deben también ser agentes de cambio, y ser un ejemplo tanto como sea posible en carácter y capacidad. La única manera de desarrollar esto es iniciando e intensificando la exploración. Por otra parte, si el maestro no está aprendiendo, no está transfiriendo la experiencia de aprendizaje.

Un maestro puede comenzar con una visión de lo que quiere ver al término de su trabajo. Sin embargo, trabajando desde el vacío, la visión se conformará y se concretará a partir del material que los estudiantes presenten. El director o coreógrafo busca una cierta calidad de partes desde donde se realiza el viaje. Su sentido de calidad depende de su propia capacidad estética. Un coreógrafo creativo necesita reinventarse a sí mismo cada vez más, o tanto como sea necesario para poder interesarse verdaderamente en lo que está haciendo. No es suficiente con solo hacer lo suyo. Puede ser suficiente para la transferencia de conocimientos, pero no va a ayudar a que los knowmads naveguen por el caos inherente a la sociedad moderna. Él tiene que analizarse a sí mismo todo el tiempo con el fin de saber lo que está buscando lograr en el grupo de aprendices, lo que quiere hacer con ellos y lo que ellos quieren crear con él. Su arte deberá ser ver lo invisible, como Miguel Ángel, que vio una famosa escultura terminada en un bloque de mármol. Esto es cierto no solo para una aventura, también lo es para cada momento o persona. Es bueno para ver posibilidades de desarrollo y caminos interesantes a medida que surgen en el momento. Estas posibilidades son donde reside la vida. Algo carece de vida o de relevancia cuando, como dije, si una pregunta o acción no llega de una urgencia real.

Durante el curso de The Lab, los estudiantes lentamente se apropian del espacio y probarán hasta dónde pueden llegar. La “danza” se desarrolla bajo la mirada del coreógrafo. En muchos sentidos, esta danza es lo que Wittgenstein (1953) llamaría un “juego de lenguaje”. Esto es espontáneo y se mueve en flujo, pero al mismo tiempo se rige por reglas desarrolladas durante la interpretación sobre la cual la danza deriva su significado. Al convertirse en parte de la actuación, el coreógrafo percibe lo que es apropiado o inadecuado para este espacio. Hay fronteras que el coreógrafo establece y en su búsqueda los estudiantes se sienten donde están. El rol coordinador, habilitador y, en ocasiones, subversivo del coreógrafo de aprendizaje es el de un filtro indirecto e implícito. Si uno es demasiado explícito acerca de por qué algo cae fuera del alcance de lo apropiado, los estudiantes cerrarán su campo de creatividad y toda posibilidad de aprendizaje solo para cumplir con la expectativa del coreógrafo. Entrega demasiado poco, y no podrán comprometerse completamente con su guía. A veces ésta se encuentra con  la resistencia de algunos aprendices porque sienten vulneradas sus identidades, o en el concepto de su propia búsqueda. Esta vulneración es esencial para el proceso de aprendizaje. Es por eso que presento el protocolo que emerge para el laboratorio de una manera subversiva. El baile posee dirección, pero fundamentalmente mantiene el trabajo e identidad de los intérpretes. Los estudiantes lo llaman magia a veces, porque tienen una sensación continua de no conocer la figura completa de lo que están haciendo, mientras que sienten que yo tengo un sentido de posibilidades y calidad sobre su trabajo en cualquier tiempo y espacio en particular.

Esta es la materia sutil con la que el coreógrafo tiene que lidiar para que el aprendizaje se genere y para que un movimiento significativo surja de las fricciones y la colaboración entre los estudiantes y entre los deseos y sus posibilidades.

El papel del coreógrafo es entonces ayudar en la selección de material atractivo con el que el grupo puede empezar a construir, con el fin de sacar provecho de experiencias; aprovechar fuentes de inspiración y ayudar a componer la energía que será los elementos básicos para La Búsqueda.

Las posibilidades para el aprendizaje real y la creación intencionada son aquéllas que estimulan el deseo de las personas a tomar decisiones conscientes, que las despiertan y las hacen presentes. Son posibilidades de verdad. El coreógrafo invita a la verdad, que nunca es un hecho consumado, sino una realidad creada, al ver por primera vez lo que las narrativas surgen del grupo o del estudiante, y luego sacar provecho con una intervención. Las intervenciones pueden ser cualquier cosa que va desde una simple pregunta hasta tareas, alterando o contribuyendo acciones, historias u operaciones a gran escala que establezcan un contexto o proceso. Junto al contexto y las relaciones, las intervenciones son el principal instrumento del coreógrafo del aprendizaje. Las intervenciones deben generarse de forma sistémica. Es decir, necesitan ser dirigidos a aquellos puntos de acupuntura en el organismo vivo o “ecología” del estudiante que quitarán lo que bloquea el desarrollo. De la misma manera que se necesita una comunidad para que un niño se desarrolle, se necesita una ecología de ideas y experiencias para el desarrollo de un estudiante. En la educación para una sociedad knowmad, es crucial que los estudiantes no sean solo objeto de esta ecología, Pero necesitan entender su lugar dentro de la ecología y ser capaces de actuar dentro de ella. La comunidad, las fuentes de conocimiento y experiencia, la tutoría, la infraestructura de apoyo, el contexto social e histórico, la red, el potencial situacional, todos juegan parte de la ecología del aprendizaje. Mencionaré un poco más adelante, a continuación.

Pedagogía de la resistencia:

En inglés, la palabra “pedagogía” rara vez revela el significado holandés de la misma manera, o el alemán Bilding o Erziehung.  A lo que se dirigen no es una forma de instrucción, sino, es la responsabilidad que los maestros toman por el proceso mediante el cual los estudiantes se convierten en seres humanos plenamente desarrollados, comprometidos con la realidad del mundo. Sin embargo, por razones prácticas, permítanme usar la palabra “pedagogía” aquí.

Las intervenciones del coreógrafo son pedagógicas y generalmente no se presentan como un conjunto muy cómodo de intervenciones. Porque quitar bloqueos al desarrollo no se trata de suavizar el camino, en realidad, a menudo es todo lo contrario. El coreógrafo intenta establecer un diálogo entre el alumno y el mundo porque la pregunta principal que subyace a todos los procesos que he descrito en este capítulo tratan sobre si estás dispuesto a estar vivo o no. El principal objetivo pedagógico del coreógrafo es crear la experiencia de lo que significa estar vivo en este mundo. Esta experiencia desafía los prejuicios, las creencias y las fantasías a las que tendemos a retroceder para no sentir los retos que la vida nos plantea. Si aceptamos el desafío, entonces por ende tendríamos que cambiar nosotros mismos, pero también ello significaría que las creencias y la identidad en las cuales invertimos tanto fue en vano. Si no nos retiramos a la negación, podríamos atacar y destruir las ideas, personas o cosas que desafían las imágenes de nosotros mismos con las que nos sentimos cómodos. Se necesita coraje, atención y persistencia para desnudar la resistencia de nuestra propia vida. Y es en ese espacio de resistencia que verdaderamente aprendemos, donde descubrimos la otra parte, lo que estaba oculto hasta ese momento. Quitar el bloqueo para aprender significa eliminar la respuesta de luchar o volar. A fin de evitar un pensamiento simplista o un fundamentalismo, significará hacer todo lo posible para evitar que la gente se engañe, se esconda de la realidad o que la destruya, finalmente.

En una película que se hizo sobre The Learning Lab, se puede observar a los estudiantes reunirse por primera vez en un cementerio por la noche para experimentar y reflexionar sobre lo que realmente quieren hacer con el tiempo que tienen, tanto en sus vidas como en The Lab (ver la película de van Doorn & Smit, 2010). La parte más incómoda de esa experiencia no fue el cementerio, sino el hecho de que no tenían alguien para guiarlos. Simplemente fueron enviados con linternas. Ante la ausencia de expectativas claras por parte del profesor, le correspondió a los propios estudiantes decidir qué podría significar para ellos esa experiencia y cómo utilizarían su tiempo. Después de las primeras risas y cogiéndose uno del otro, la etapa de aprendizaje se hizo silenciosa y las preguntas comenzaron a surgir en sus mentes. Ellos eran diferentes entre sí, pero de alguna manera estaban relacionados con la pregunta “¿qué estoy haciendo?”. Esta es una pregunta muy conflictiva si se consideran todas sus consecuencias. Esta experiencia preparó el terreno para el aprendizaje profundo en los meses que siguieron,  una atención enfocada en el propio comportamiento y los pensamientos, además de la conciencia de que cada uno de nosotros es responsable de su propia realidad e iniciativa.

La ecología de aprendizaje:

A medida que el desarrollo de los agentes de cambio se centra tanto en la formación de teorías, en el crecimiento personal, como en la creación colectiva;,el entorno en el que todo esto sucede debe ser necesariamente un conjunto rico, integrado y ‘multicapa’. Lo veo más como un ecosistema en el que los estudiantes crecen, en vez de un curso claramente delimitado.

Cuanto más reconocemos la diversidad de formas en que las personas se desarrollan, menos obvio se vuelve colocar en una habitación a un grupo de estudiantes escogidos al azar, con un maestro enseñándoles algún tema. Es menos obvio también que exista un solo tipo de educación. De ahí se desprende lo de “ecologías de aprendizaje” a las que se refiere Moravec (en Cobo & Moravec, 2011). La forma en que estas personas se encuentran se hará más importante a medida que más universidades empiecen a usar prácticas relacionadas a tal fin. La razón es que los estudiantes y los profesores deben ser capaces de comprometer sus propias vidas para el desarrollo del propósito personal.

La ecología del aprendizaje de la que hablo gira, a escala micro, alrededor de The Lab. Una parte muy importante de ella involucró a la gente que guiaba el laboratorio. Una pieza clave para dirigir una investigación creativa es la reunión del equipo adecuado, lo cual incluye a los agentes de aprendizaje así como a los estudiantes. Un equipo apropiado es ese grupo de personas que puede crear un contexto y una energía lo suficientemente fuertes como para soportar las inseguridades, las preguntas y las aspiraciones de los estudiantes. La química del grupo es increíblemente importante. Mientras que los profesores normalmente se enfocan simplemente en las asignaturas que enseñan, tendríamos que buscar nuevas asociaciones que cubran las necesidades del equipo de aprendizaje.

Durante el laboratorio, experimenté tomar muchos roles diferentes, a veces conflictivos, cada uno responsable de un aspecto de la ecología interna del aprendizaje. Algunos pueden estar unidos en una sola persona, otros probablemente estarían mejor distribuidos en un equipo de agentes de aprendizaje, a veces también incluyendo a estudiantes. En el Lab que realizamos en el 2011, mis alumnos desarrollaron una serie de tipos ideales que ayudaban a entender la ecología de la investigación creativa, la cual consistía en una búsqueda. A continuación presento algunos ejemplos:

  • El “desenfadado” es el agente que más intensamente utilizo al principio de cada búsqueda. Ayuda a los estudiantes a replantear sus realidades y a liberarse de sus patrones habituales de pensamiento y observación. No hay un método predeterminado, lo que hace que sea un papel difícil de cumplir. Tiendo a compararlo con el “trickster” , a quien reconocemos por su comportamiento no convencional. Rompe las reglas y expectativas normales y nos muestra que el mundo no es lo que creemos que es, y que no somos quienes pensamos que somos. Puede darnos una idea de lo que también puede ser posible, más allá de lo que pensábamos hasta ahora.
  • El “cultivador de inteligencia colectiva” es el agente que se asegura de que los conocimientos y experiencias que están dispersos en la comunidad de aprendizaje sean compartidos para que el grupo pueda construir sobre él.
  • El “capturador del Zeitgeist” sitúa los viajes de aprendizaje en el contexto de los paradigmas actuales. Conecta a las personas y las iniciativas con las tendencias contemporáneas, u organiza las condiciones bajo las cuales puede surgir la conciencia de las realidades emergentes del Zeitgeist.
  • El “conector de capital social” se ocupa de las relaciones y dinámicas de creación de valor social en la comunidad. Si queremos aprender y crear más allá de lo que cualquier individuo pueda ser capaz de hacer por sí mismo, el capital social del grupo necesita crecer increíblemente fuerte. Puede tomar métodos no convencionales para hacer que surja y no hay procedimiento prescrito o mecánico a seguir, para que lleve a un grupo a desarrollarlo. Por lo tanto, posee un papel específico en la ecología del aprendizaje.
  • El “minero de significado” facilita el proceso de creación de significado y la creación de un lenguaje compartido de las experiencias de aprendizaje. Esta puede ser la tarea más importante de los agentes de aprendizaje, ya que es aquí donde el conocimiento se hace en lugar de descargarlo. También es algo que los estudiantes no pueden naturalmente hacer por sí mismos, ya que la calidad del significado adquirido depende de la conciencia, profundidad y conexión del contexto al que se relacionan las experiencias personales. Al seguir la idea de una vida vivida y entendida al revés, el significado viene después de la experiencia. La educación industrial cree que el significado viene pre-fabricado y puede ser aplicado a un contexto futuro, mientras que la educación knowmádica encuentra situaciones desconocidas que tienen que ser convertidas en sentido todo el tiempo.
  • El “evaluador” diseña y ayuda a diseñar la forma en que el aprendizaje se mide y se evalúa como una forma de retroalimentación, que otorga una idea del crecimiento de un aprendiz, más que un examen. Cuando las vías de aprendizaje se personalizan y siguen un camino impredecible en el que se crean nuevos conocimientos, la evaluación debe co-diseñarse. Junto con el estudiante, el evaluador determina en qué términos y parámetros, y de qué forma la medición tiene lugar.

Conclusión:

La enseñanza en la Sociedad Knowmad no es un trabajo de enseñanza regular. Es un llamado a traer la realidad nuevamente al aprendizaje. La búsqueda es una forma. Lo que considero que será de profunda influencia en la práctica del aprendizaje y la escolarización es el encuentro con un camino impredecible. Se necesita un knowmad para guiarnos en ese camino. Cuanto menos certeza tengamos acerca de las externalidades de la vida, que de forma inevitable un mundo globalizado trae consigo, más necesitaremos ser capaces de confiar en nuestras vidas internas. Creo que una pedagogía de la resistencia es esencial es el desarrollo de esa confianza, lo que significa que la enseñanza implicará un papel considerablemente mayor para un Bildung. No sólo Bildung se expresa como autocultivo cultural o intelectual, como Von Humboldt lo intentó, sino también como un compromiso práctico y creativo con el mundo en el cual los estudiantes forman parte activa.

Orquestar este diálogo con un mundo aún no sostenible, es lo que la enseñanza en una sociedad knowmad debe ser, acerca si se trata de ser una sociedad habitable. El propósito de esta educación sería tanto el desarrollo de futuros resilientes, como el aprendizaje para crear un nuevo significado. La capacidad de crear sentido de forma personal y colectiva sentido y dar sentido a la vida se ha vuelto mucho más importante al final de la era industrial donde todo puede significar cualquier cosa y todo el mundo puede convertirse en cualquier persona. Crear relevancia, en otras palabras, es el mayor desafío. Al mismo tiempo, una parte de nuestro camino está guiado por los acontecimientos del mundo, su economía cambiante, su composición social y cultural, así como su ecología mermada. Mucho de lo que es relevante está determinado por la necesidad de rediseñar los sistemas en los que vivimos y las pistas que surgen de un compromiso sincero con estos sistemas.

El aprendizaje de la coreografía no consiste, por lo tanto, en enseñar un tema, sino en crear las condiciones para que los estudiantes hagan la diferencia, ya sean químicos, economistas, ingenieros o agentes publicitarios. Se necesita más que un plan de estudios para hacer eso. Sobre todo, se necesita más que un maestro. Requiere de alguien que pueda guiar la búsqueda de relevancia y significado a través del desarrollo necesario de la capacidad personal. Esto lleva la enseñanza mucho más allá de cualquier tema en particular y se extiende hacia donde sea necesario para ayudar al estudiante a encontrar libertad y propósito en sus aspiraciones personales y colectivas.

Fuente: Thieu Besselink. https://educationfutures.com/

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¿A qué nos dedicaremos cuando podamos vivir sin trabajar?

Consideremos el siguiente experimento mental, propuesto por Tim Urban:

Imaginen que disponemos de una máquina del tiempo con la que viajamos a 1750, una época sin electricidad ni telecomunicaciones, en la que las máquinas el transporte depende de la fuerza animal o humana. A nuestra vuelta, traemos un habitante de aquel año hasta el presente, exponiéndolo a la tecnología actual, automóviles, aviones, telecomunicaciones, dispositivos móviles, medicina actual, fotografía, vídeo, GPS, videoconferencia y tantos otros avances. El choque psicológico sería tan brutal que podría literalmente, volverle loco.

Si nuestro invitado quiere repetir el experimento, partiendo de 1750, ¿cuántos años tendría que retroceder para que el choque que recibiera su hombre del pasado fuera similar al que sufrió él? Volver hasta 1500 no sería suficiente: los cambios producidos no fueron, ni mucho menos, tan radicales como para que una persona de 1500 no pudiera entenderlos. Probablemente, tendría que retroceder hasta el 12.000 A.C., antes de la revolución de la agricultura, para causar un verdadero trauma a su invitado.

Esta tendencia de fuerte aceleración del cambio tecnológico es lo que Ray Kurzweil llama “Ley de los Retornos Acelerados” y tiene una consecuencia muy importante: nuestra experiencia anterior sobre la velocidad del cambio tecnológico no nos prepara para estimar correctamente la velocidad con que este cambio se producirá en nuestro futuro y siempre tendemos a subestimarla.

Si hay una tecnología que puede revolucionar nuestra sociedad y tener un impacto dramático en la economía, esta es la Inteligencia Artificial”

Si hay una tecnología que puede revolucionar nuestra sociedad y tener un impacto dramático en la economía, esta es la Inteligencia Artificial (IA). Algunos expertos consideran la IA como “EL problema a resolver” o “la última solución”, en el sentido de que, una vez conseguida una IA suficientemente avanzada, ésta podría resolver todos los demás problemas de la Humanidad.

El avance de la tecnología de IA ha sido también muy acelerado, especialmente en los últimos años, con hitos como Deep Blue, el programa de IBM que consiguió vencer por primera vez a un campeón mundial como Kasparov, Watson, que consiguió proclamarse vencedor de Jeopardy o AlphaGo (DeepMind), que batió al campeón mundial de Go Lee Sedol.

Todas estas hazañas fueron considerados como “objetivos inalcanzables para una máquina” hasta el momento en el que la máquina las alcanzó. Sin embargo, la opinión general parece seguir siendo que la IA nunca alcanzará a los humanos.

Los expertos son casi unánimes en la opinión de que la IA no sólo alcanzará, sino que pronto superará a la inteligencia humana”

Mientras tanto, los expertos son casi unánimes en la opinión de que la IA no sólo alcanzará, sino que pronto superará a la inteligencia humana. Hoy ya estamos rodeados de IA, de propósito especializado, como es el caso de Siri, Google o Amazon. Es lo que se llama ANI (Artificial Narrow Intelligence). Se trata de sistemas que ejercen funciones sorprendentes, pero en un ámbito muy concreto y que, por tanto, no nos parecen nada del otro mundo. La generalización de estos sistemas, la AGI (Artificial General Intelligence) llegaría a equipararse con el cerebro humano. Según la gran mayoría de los expertos, ese será el momento de despegue de las AI, que, por un proceso de automejora, llegarán al estado de ASI o Artificial Super Intelligence.

A partir de ahí, parece que hablemos de ciencia ficción. Se plantean muchas incógnitas, empezando por las intenciones que una ASI podría tener, incluyendo, quizás, el fin de la Humanidad tal como la conocemos. En cualquier caso, dejemos este terreno de la alta especulación.

En este proceso, han desaparecido gran cantidad de puestos de trabajo, pero han ido apareciendo otros de mayor nivel, más creativos, que seguían requiriendo nuestros cerebros humanos”

Desde la Revolución Industrial, pasando por la de la informática, las máquinas han ido sustituyendo a los seres humanos, primero como fuente de energía, luego en trabajos mecánicos físicos, más tarde en trabajos administrativos, técnicos y científicos, mejorando todo lo que los humanos pueden hacer. En este proceso, han desaparecido gran cantidad de puestos de trabajo, pero han ido apareciendo otros de mayor nivel, más creativos, que seguían requiriendo nuestros cerebros humanos.

Esta evolución se ha apoyado mayoritariamente en un sistema económico más o menos capitalista (o como ustedes deseen llamarlo) que compensa el esfuerzo del trabajo con el pago de un dinero que permite el consumo de los bienes producidos. Mantener el equilibrio entre lo producido y lo consumido requiere mecanismos a veces perversos, como el consumismo o la obsolescencia programada y deja al margen a aquellos que no pueden conseguir el puesto de trabajo que les permita ser miembros de pleno derecho del sistema.

¿Qué ocurrirá cuando la casi totalidad del trabajo lo realicen las máquinas y se puedan producir todos los bienes necesarios a un precio despreciable? Por supuesto, esto es una utopía, pero ya hay autores, como Guillermo Arosemena (Economía de la Abundancia), que lo anticipan, no partiendo de un deseo de justicia social o del ideal de un paraíso en la tierra, si no en la observación de la evolución de la tecnología.

Por supuesto, las cosas pueden salir mal, nunca hay que subestimar nuestra capacidad como especie para tomar las decisiones equivocadas. El cambio no será fácil ni exento de problemas y todo puede fracasar, pero la posibilidad es real. Hasta ahora, la Humanidad ha conseguido superar todos los obstáculos, aun de manera parcial y a veces chapucera, pero lo cierto es que el Mundo, en conjunto, jamás ha estado en una situación mejor que la actual, considerando criterios económicos y hasta de bienestar social.

Quizás, dentro de poco, podamos vivir sin trabajar. ¿A qué nos dedicaremos?”

¿Podría ser el final de la maldición bíblica del trabajo? Algunos países, como Finlandia o Noruega están ya haciendo experimentos limitados con la renta básica universal, impulsados por gobiernos conservadores. Quizás, dentro de poco, podamos vivir sin trabajar. ¿A qué nos dedicaremos? No cabe duda de que vamos a tener mucho trabajo para decidir cómo adaptar nuestra sociedad y nuestros modelos económicos a esta nueva situación.

Fuerte: Miguel A. Juan, Socio Director de S2 Grupo.

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