El rasgo principal que diferencia a la gente de éxito

Todos queremos tener éxito. Todos queremos que nos vayan mejor las cosas y a todos —de una u otra manera— nos gustaría ser ‘referentes’ en algo.

Los ‘referentes’ son aquellas personas que se llevan los halagos porque son muy buenos y tienen pluses que otros no tienen, bien porque son grandes conferenciantes, o grandes negociadores, o grandes escritores, o grandes networkers, o grandes seductores, o grandes estrategas, o grandes vendedores…

Pues te diré el factor más importante para tener éxito, el rasgo principal que les diferencia:

La gente de éxito es EXPERTA en algo.

Y de aquí se extrae otra importante conclusión:

Para ser experto en algo hay que tener FOCO.

Es así de simple y así de sencillo. Quizás, por eso, cuatro autores incluidos en Aprendiendo de los mejores (Alienta, 9ª edición) coinciden en este planteamiento:

1. STEPHEN COVEY: «Tienes que decir cuál es tu máxima prioridad en la vida y tener el coraje de decir ‘no’ al resto de las cosas».

2. ROBERT KIYOSAKI: «La diferencia entre un experto y un amateur es el FOCO. Si quieres tener éxito, tienes que aprender a enfocarte».

3. STEVE JOBS: «Cuando decides construir algo tan grande como Apple tienes que renunciar a vivir otras vidas que te gustaría».

4. WILL SMITH: «Para tener un nivel de éxito excelente en algo, no puedes dispersarte y hacer múltiples cosas. Se requiere un foco obsesivo para conseguir aquello que quieres. Tienes que poner toda tu vibración, todo tu corazón y toda tu creatividad ahí».

Para tener éxito hay que tener FOCO. La palabra FOCO implica CONCENTRACIÓN; y la palabra concentrar significa «ser recogido en un centro», por tanto, cuando uno está concentrado está dirigiendo todo el flujo de energía a ese punto (centro), con lo que ello implica positivamente en nuestro rendimiento. La energía va donde pones tu atención, y si tu atención se dispersa, la energía también, con lo que ello implica negativamente.

En el libro El poder de mantenerse enfocado, de Jack Canfield, Mark Victor Hansen y Les Hewitt, se dice: «¿Conoces la razón número uno que detiene a las personas para obtener lo que realmente quieren? Es la falta de enfoque. La gente que se enfoca en lo que quiere, prospera. Nuestras investigaciones indican que tres de los desafíos más grandes a los que se enfrentan hoy día las personas son: presiones de tiempo, presiones financieras y la lucha por mantener un sano equilibrio entre el trabajo y el hogar. El poder de la concentración (de estar enfocado) le ayudará de muchas maneras. El éxito no consiste en hacer magia o en seguir recetas, sólo hay que aprender a concentrarse».

¿En qué te gustaría ser experto? Decídelo, y una vez decidido, concentra ahí tus energías y aparca la atención de otras cosas. El éxito es estudio y práctica. Estudia todo lo que puedas sobre lo tuyo; y después, practica todo lo que puedas sobre lo tuyo. Y entretanto, en el camino:

1. Observa a otros referentes con HUMILDAD para aprender. No caigas en la envidia. Debes tener admiración. La envidia lleva a la crítica a los demás; la admiración al aprendizaje.

2. Observa a ti con ESPÍRITU CRÍTICO para mejorar. No caigas en el orgullo pensando que ya lo sabes todo. Uno no pasa de amateur a experto en dos días. Son años de estudio y práctica, de ajuste, de perfeccionamiento que nunca concluye. Siempre hay cosas que pulir y mejorar.

¿Por qué es interesante ser experto en algo? Muy sencillo:

A las personas brillantes, les ofrecen oportunidades brillantes; a la gente normal, oportunidades normales;  a la gente mala, ninguna oportunidad.

Ángel Alegre (@dandolalata) del blog Vivir al máximo y al que conocí durante mi última visita a Barcelona para participar en el evento Social Media Care, escribía hace algún tiempo el post El secreto que nadie te cuenta para ser más productivo, donde decía: «¿Alguna vez has invertido una gran cantidad de recursos en construir algo que nunca te ha llegado a dar beneficios? Si te ves en este tipo de situaciones una y otra vez, lo que realmente necesitas es dedicar más tiempo a consolidar tus ganancias. Para crear un activo o mejorar cualquier área de tu vida necesitas hacer dos cosas: primero, la fase de expansión: invertir recursos (tiempo, dinero, energía) en empezar, aprender, construir, crecer, añadir o aumentar algo; y segundo, la fase de consolidación: atar cabos, cerrar proyectos, terminar y cosechar las ganancias que has conseguido hasta ese momento. Si quieres progresar de verdad, no sólo tienes que pensar en crear y expandirte. También necesitas dedicar tiempo de forma regular a consolidar tus ganancias. Ser un gran consolidador (sí, me he inventado la palabra) es lo que marca la diferencia entre el éxito permanente y la gloria pasajera».

La pregunta es inmediata: ¿Y por qué nos cuesta tanto consolidar? La respuesta te la da el propio Ángel: «Expandirse es mucho más cool que consolidar. Qué es más atractivo, ¿empezar una nueva startup innovadora o incrementar un 20% los ingresos de la aplicación web que creaste hace 6 meses? ¿Aprender nuevos pasos de baile o practicar una y otra vez los que ya conoces? ¿Utilizar técnicas de growth hacking para incrementar el tráfico a tu blog, o hacer tests A/B para optimizar las conversiones a tu lista de correo?».

Debes hacerte esta pregunta: ¿Eres de los que empiezas cosas o de los que terminas cosas? Lo primero está bien, porque implica que has pasado a la acción, pero lo que te garantiza el éxito es lo segundo.

Recuerda lo que hemos dicho muchas veces aquí: la dispersión siempre es aliada de la mediocridad, el ir picando de flor en flor sin consolidar nada. El éxito implica ser experto en algo, en acumular conocimiento y experiencia en un campo determinado, y eso sólo es posible concentrándose en algo de manera intensa. De hecho, cuando estás enfocado lo difícil es no tener éxito. En Tu futuro es HOY (Alienta, 2ª edición) el capítulo 7 está dedicado en exclusiva al FOCO. Y allí se recogen las siguientes palabras: «Coge una actividad cualquiera, cualquier arte, cualquier disciplina o cualquier habilidad. Cógela y llévala al límite, llévala más allá de lo que haya ido nunca, exprímela al máximo, entonces la introducirás en el reino de la magia».

Fuente: Conferenciante, escritor y formador en liderazgo y motivación. Autor del bestseller ‘Aprendiendo de los mejores’.

C. Marco

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Saber negociar es vivir mejor

Días atrás, en el post Las 3 habilidades claves de un emprendedor, decía que en mi experiencia, en el mundo de la empresa hay 3 habilidades a desarrollar que son las más importantes: habilidades de venta (porque todo es una venta); habilidades de networking (porque los negocios son relaciones); y habilidades de negociación (porque la vida es un conflicto continuo).

Hoy me detendré en la última de ellas, las habilidades de negociación. La vida es un conflicto continuo –con proveedores, clientes, empleados, partners…–, y la negociación surge precisamente porque existe un conflicto (diferencia) y, por tanto, hay que negociar. No hay conflicto cuando las dos partes están de acuerdo en algo o cuando una de las partes tiene poder para imponer su voluntad a la otra.

Si el conflicto es lo normal, la conclusión es que saber negociar es una necesidad imperante para avanzar con éxito. Y es que como dice un conocido empresario norteamericano:

«En la vida no consigues lo que quieres, consigues lo que negocias».

La vida es una negociación permanente, en lo profesional y en lo personal. Nos pasamos el día negociando. Todos los días hay negociaciones “formales” (de despacho), pero también otras “informales” (de calle). Muchas veces estamos negociando sin ni siquiera darnos cuenta de que estamos negociando. No saberlo puede ser contraproducente y volverse en nuestra contra. Como se dice en  Aprendiendo de los mejores (Alienta, 9ª edición): «saber negociar es vivir mejor, porque sabiendo negociar se consiguen muchas cosas que de otro modo no son posibles». El coste de no saber negociar es alto, y si sumásemos todo lo que dejamos de conseguir por ello, nos sorprenderíamos. Así pues, apuntamos solo algunos tips que te pueden ser de gran ayuda para negociar con éxito:

1. A mejor preparación, mejores resultados. Si lo sabes casi todo (nunca se sabe todo) sobre la otra parte, es más fácil contraargumentar y llevar las negociaciones a nuestro terreno. Hay que “ganar”por anticipado. Hacer los deberes, prepararse y estar mentalizado no solo para argumentar, sino para anticipar los argumentos de la otra parte y rebatirlos. Se trata ir de un paso por delante.

2. Saber lo que se quiere es lo primero. La mayoría de la gente no lo sabe. El objetivo de una negociación es ser capaz de terminar por adelantado. Antes de negociar es fundamental determinar dónde se quiere llegar. Parece obvio, pero no lo es. Cuando no se sabe lo que se quiere, uno queda demasiado expuesto a la otra parte que dirigirá la negociación a su antojo sin darnos margen de maniobra.

3. Controla las emociones en el proceso. Nunca hay que demostrar enfado, nunca hay que perder los estribos, es dar poder a la otra parte. Las salidas de tono nos ponen en desventaja, ya que para compensar esas reacciones habrá que ceder cosas. El autocontrol es esencial. No hay que olvidar que cada persona ve las cosas según sus paradigmas y creencias, y que las diferencias son lo normal en la vida, por eso se negocia precisamente.

4. Demostrar (y no hablar) es convencer. A la hora de argumentar, no hay que opinar sino demostrar. Los hechos, los datos, los estudios que avalan las afirmaciones son la credibilidad en nuestra negociación. Las opiniones son todas debatibles y es entrar en una espiral que no conduce a ningún lado; los hechos no se discuten. Tener capacidad de análisis es una ventaja para negociar con inteligencia.

5. La calidez en las relaciones facilita la negociación. Las negociaciones se rompen muchas veces por la tensión de la sala, debido a que las emociones dominan la reunión. La cordialidad y la calidez en las relaciones son esenciales para que las negociaciones marchen adelante. No hagas quedar mal a nadie ni quedes por encima de alguien. Es dañar su orgullo y se volverá en contra. Cuanto más tensa es una negociación, más esfuerzos hay que poner en que más relajado sea el entorno.

6. Para negociar bien, creatividad. Porque casi en cualquier negociación aparecen escollos que dificultan avanzar, y esos escollos se diluyen con creatividad; y la creatividad no es otra cosa que la habilidad para encontrar alternativas. Siempre pregúntate: ¿Cómo puedo conseguir lo que quiero conseguir? Siempre hay un camino, es cuestión de encontrarlo. Cuanto más desarrolles tu creatividad, más fácil será encontrar soluciones y negociar mejor.

7. Saber escuchar es clave. Y escuchar no es oír lo que el otro dice sino descifrar lo que realmente quiere. Hay que saber leer a la gente. Es una cuestión de sensibilidad que da ventaja. Cuanto mejor conozcas a quien tienes enfrente, mejor podrás satisfacer sus aspiraciones y negociar mejor. En cierta ocasión le preguntaban a Donald Dell, ex representante de Michael Jordan y otras caras conocidas del deporte, cuál era el secreto más importante para negociar bien. Y decía: «It´s not about making deals; it´s about human nature» (Esto no va de cerrar acuerdos sino de conocer al ser humano).

8. Si solo uno gana a corto plazo, los dos pierden a largo plazo. Hay ciertas personas que con su agresividad y manipulación hacen un abuso de la otra parte, generalmente de personas más débiles. Pero eso es herir el orgullo, quedar por encima y se alimentan resentimientos y rencores que brotan con el tiempo. Un acuerdo que no sea win/win siempre acaba saltando por los aires.

9. Relajarse en exceso penaliza. Por mucha experiencia y conocimiento que se tenga, siempre hay alguien que sabe más o se ha preparado mejor. La autocomplacencia y el exceso de relajación siempre acaban jugando malas pasadas. Toda negociación exige una cierta ocasión para cerrarla de manera solvente.

10. Tus alternativas determinan tu capacidad de negociar. Tu poder para negociar depende de tu capacidad para tener alternativas, para crearlas o aparentarlas. Si no tienes alternativas no queda más que aceptar lo que la otra parte sugiera. Y en ello hay, entre otros, un factor esencial: el factor tiempo. Como se recoge en Tu futuro es HOY (Alienta, 2ª edición): «Para negociar bien, la paciencia es nuestra aliada y las prisas uno de los mayores enemigos de cualquier negociación».

Fuente: Conferenciante, escritor y formador en liderazgo y motivación. Autor del bestseller ‘Aprendiendo de los mejores’.

C. Marco

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Una pregunta que siempre se hacen los Ganadores

Una de las figuras más relevantes del mundo del management es Jack Welch (@jack_welch), autor de un libro clave como es Winning (Ganar), con el subtítulo: las claves del éxito de uno de los ejecutivos más admirados del mundo, además de ser uno de los personajes incluidos en Aprendiendo de los mejores (Alienta, 9ª edición).

Hoy le traemos aquí, porque además de conocer las trincheras de los negocios —no hablaba desde la fría teoría— tiene muchas reflexiones y pensamientos certeros que nos pueden servir de brújula en nuestro quehacer diario. Una de esas reflexiones es la siguiente:

«Enfrenta la realidad tal y como es,  no como era o como te gustaría que fuese».

Quizás, por eso, cuando Jack Welch entraba en una reunión con su equipo directivo siempre les hacía la misma pregunta, que es una pregunta que todos los ‘ganadores’ se hacen:

— ¿Cuál es la realidad?

Y decimos esto porque uno de los graves pecados que se pueden cometer a la hora de lograr grandes gestas es negar la realidad, y todo hay que decirlo, el ser humano es especialista en negar la realidad, porque negar la realidad evita la autorresponsabilidad y tomar acción. Lo hemos dicho muchas veces:

Los resultados no mienten. Si tu vida no es como te gustaría que fuese,   hay algo que no sabes o no estás haciendo bien

Por decirlo de otra manera:

— Si quieres ganar 3.000 euros y ganas 1.000… hay algo que no sabes o no estás haciendo bien.

— Si quieres pesar 75 kilogramos y pesas 150… hay algo que no sabes o no estás haciendo bien.

— Si quieres un empresa ganadora y sólo da pérdidas… hay algo que no sabes o no estás haciendo bien.

— Si has publicado un libro y se vende poco… hay algo que no sabes o no estás haciendo bien.

Y así pasa con todas las cosas. Por eso, la gente con mentalidad ‘ganadora’ quiere saber la realidad y además rápido, porque entonces y sólo entonces, puede ajustar sus planes para enderezar el rumbo hacia el destino añorado.

T. Harv Ecker es conocido a nivel mundial por su bestseller Los secretos de la mente millonaria, donde explica cómo tenemos un patrón subconsciente de riqueza (pobreza) que determina nuestra salud financiera, porque ese patrón determina nuestra forma de pensar y de actuar, con lo que ello supone. Y dice:

«¿Cómo puedes saber para qué está programado tu patrón del dinero? Una de las formas más obvias es: mirar los resultados. Mira tu cuenta bancaria. Mira tus ingresos. Mira tu fortuna neta. Mira tu éxito con las inversiones. Mira tu éxito en los negocios».

Y añade:

«Recuerda que el primer elemento de todo cambio es la conciencia: obsérvate a ti mismo, sé consciente, observa tus pensamientos, tus miedos, tus creencias, tus hábitos, tus acciones e incluso inacciones. Ponte bajo un microscopio. Estúdiate».

No puedes cambiar lo que desconoces. Recuerda lo dicho: los resultados no mienten. Mira los resultados de tu vida, y si no son como te gustaría que fuesen, busca las causas, y una vez identificadas, ponte a trabajar en las soluciones. Y después vuelve a mirar los resultados para ver si son mejores o peores y estás en el buen camino.

Fuente:. Conferenciante, escritor y formador en liderazgo y motivación. Autor del bestseller ‘Aprendiendo de los mejores’.

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Quien no lo entrega todo, en realidad no da nada

 

Si hay una variable que define a la gente de éxito es el compromiso con sus metas; y el compromiso significa hacer lo que haga falta el tiempo que haga falta. El compromiso se tiene o no se tiene, no existe el compromiso a medias. El compromiso no se negocia, y quien no lo entrega todo, lo que entrega es nada. No es posible otra cosa para llegar lejos. El compromiso implica una determinación absoluta con nuestras metas.

En cierta ocasión, Will Smith, el actor de Hollywood protagonista de cintas como En busca de la felicidad o Siete almas, para explicar su ética del trabajo y compromiso con sus proyectos, ponía el siguiente ejemplo:

Aquí hay dos máquinas de correr de gimnasio. Yo me voy a subir en una y tú en otra, y solo puede ocurrir dos cosas: o tú te bajas antes o yo muero en la cinta.

Eso es compromiso: darlo todo por una causa. Vencer o morir. El compromiso no admite excusas, solo resultados. Y el compromiso de los ganadores se manifiesta en cinco áreas características. Esto es:

1. Son personas comprometidas con la excelencia. A la gente excelente le ofrecen oportunidades brillantes; a la gente normal oportunidades normales; y a la gente mala ninguna oportunidad. Aparca para siempre la mediocridad de tu vida. Siempre pregúntate cómo aportar más valor a lo que haces: más rápido, a mejor precio, con mejor calidad. No hagas las cosas para cumplir. Se nota, se siente… y se vuelve en tu contra. Tu trabajo es la expresión de tu persona. Recuerda: sé tan bueno en lo tuyo que los demás no puedan ignorarte. Cuando hagas algo (conferencia, post, taller, clase), dalo todo. La vida te devuelve lo que tú le entregas: cuanto más des y a más gente, más recibirás en forma de beneficios. Como dice David Schwartz, uno de los autores incluidos en Aprendiendo de los mejores (Alienta, 9ª edición): «La competencia nunca está en los niveles de excelencia; la competencia está en los niveles de mediocridad». Ofrecer valor añadido es una ventaja competitiva y una forma de diferenciarse del resto.

2. Son personas comprometidas con el aprendizaje. No puedes ganar “más” dando “menos”. Si quieres que tu vida mejore, tú tienes que mejorar. Nunca dejes de invertir en ti mismo y en tu negocio. Siempre dedica recursos a tu desarrollo personal (libros, seminarios, audiolibros, comidas con gente interesante) y a aquello a lo que haces: a mejorar la web, los canales de comercialización, las relaciones, la publicidad, lo que sea. Un porcentaje de los ingresos siempre deben estar destinados a inversión. Hoy día, quien no avanza, retrocede; quien no mejora, empeora. Dicho de manera resumida: ¿Quieres ser una persona que gane más ingresos que la media? Entonces conviértete en una persona superior a la media. Tu desarrollo personal es tu destino. Tu nivel de ingresos solo puede crecer hasta el nivel que crezcas tú.

3. Son personas comprometidas con las soluciones. La gente de éxito está orientada a las soluciones; la gente de no-éxito está orientada a las excusas. Y el problema de buscar excusas es que si uno las busca, siempre las encuentra. No es difícil encontrar a alguien a quien echarle el muerto: la crisis, el gobierno, la educación, los mercados financieros o lo que sea. La vida es una continua gestión de problemas, uno tras otro: con los proveedores, con los clientes, con los partners o con los colaboradores. En Tu futuro es HOY (Alienta, 2ª edición) escribíamos: «No tener problemas sí que es un problema, porque es indicativo de que no haces nada y eso es lo peor de todo. Los problemas nunca desaparecen, pero las soluciones tampoco. Es una cuestión de enfoque. Donde hay un problema hay una solución, porque un problema que no tiene solución no es un problema, y por tanto, para qué preocuparse. Se trata de poner el ciento por ciento de la atención en cómo encontrar alternativas a los obstáculos que aparezcan en tu camino».

4. Son personas comprometidas con el equipo. Ya lo dice un proverbio: «Si quieres ir rápido, ve solo; si quieres llegar lejos, ve con otros». Para tener éxito, no es suficiente tu talento, ni tu inteligencia, ni tu capacidad de trabajo. Los éxitos están basados en los equipos. Ningún ermitaño ha sido referente en nada en la vida. Por tanto, hay que tener una actitud positiva hacia la gente. Solo uno está muy limitado. Todos tenemos carencias que necesitamos compensar con las fortalezas de terceros. Lo que “no se sabe” gana siempre por goleada a lo que “se sabe”. Además, del contacto y roce con otra gente siempre brotan nuevas ideas. Muchas cuestiones se resuelven gracias a conversaciones informales. Cultiva y mima tu red de contactos que es como un jardín que hay que regar todos los días para que no se seque. Y ello implica tres cosas: mantener las relaciones (hay que estar en contacto), conectar con la gente (ser empáticos) y tener algo valioso (propuesta de valor) que aportar al resto.

5. Son personas comprometidas con la perseverancia. Nunca vas a encontrar todas las respuestas de inmediato. Ninguna biografía es una línea recta sino que el camino está plagado de obstáculos y dificultades. Lo pasarás mal, como todo aquel que ha llegado lejos. Cuando los resultados no acompañan siempre se pasa por momentos de duda y de bajón que ponen a prueba la confianza en uno mismo. Lo que tiene mérito es seguir adelante cuando no puedes más. La mayoría abandona. Es fundamental ser mentalmente fuerte, tener resistencia emocional. Quien resiste, vence. El éxito es una cuestión de perseverar cuando los demás han renunciado. El 90% del éxito es insistir: una y otra vez hasta llegar donde uno siempre quiso llegar. Ya lo decía Zig Ziglar: «No se desanime, a menudo es la última llave del llavero la que abre la puerta». Hay mucha gente con talento que ha fracasado por no ser perseverante, pero muy poca que con menos talento y mucha perseverancia no haya conseguido lo que se haya propuesto.

Sin un compromiso incondicional con tus metas, no ocurrirá nada “mágico” en tu vida. Las palabras del explorador W. H. Murray en una de sus primeras expediciones al Himalaya despejan todo tipo de dudas. Dice así: «Hasta que uno no se compromete, está presente la reserva, la posibilidad de echarse atrás, la eterna inoperancia. Hay una verdad esencial que concierne a todas las iniciativas y creaciones, y pasarla por alto desbarata incontables ideas y espléndidos planes; en el momento que uno se compromete definitivamente, la providencia también se pone en marcha, y de pronto todo parece favorable sin que haya explicación. Esa decisión pone en marcha una serie de imprevistos que pone en nuestro camino todo tipo de incidentes y encuentros, así como ayuda material que nunca nos habríamos atrevido a soñar».

Fuente:Conferenciante, escritor y formador en liderazgo y motivación. Autor del bestseller ‘Aprendiendo de los mejores’.

C. Marco

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Si quieres ser un líder, ofrécete voluntario

El liderazgo es, sin dudas, el tema más abordado entre los libros de management y gestión.

Cada año se publican numerosos títulos sobre la cuestión (ver sólo una relación en el siguiente link) y cuando se habla de liderazgo, siempre surge, de manera consciente o inconsciente, la clásica cuestión de si el líder nace o se hace.

A menudo, se tiende a creer que los grandes líderes son personajes especiales, mejores que el resto desde la cuna; personas tocadas por una varita mágica que les ha permitido ser seres superiores a otros. Es lo fácil y cómodo: si ellos están hechos de una pasta diferente y nosotros no, ya nos podemos ir a la cama y dormir tranquilos y así evitar tomar acción y poner la responsabilidad sobre nuestras espaldas.

En estos momentos ando leyendo el libro El auténtico norte (LID Editorial), de los profesores Bill George (Harvard Business School) y Peter Sims (Stanford Business School), cuyo subtítulo dice: La esencia del éxito de 125 líderes para ayudarte a encontrar tu rumbo. Allí, los autores escriben lo siguiente que despeja muchas dudas: «Después de leer tres mil páginas de transcripciones, nuestro equipo se sorprendió de que los líderes no identificaran ninguna característica universal, rasgo, destreza o estilo que les hubiera empujado al éxito, sino que su liderazgo se derivaba de sus historias vitales. Poniéndose a prueba constantemente mediante experiencias reales y reencuadrando sus historias vitales para comprender quiénes son, estos líderes desataron sus pasiones y descubrieron el propósito de su liderazgo».

Y añaden: «En lugar de esperar a encontrarse en lo más alto para convertirse en líderes, buscaron cualquier oportunidad de liderar y desarrollarse, y cada uno de ellos tuvo que enfrentarse a tribulaciones de gran seriedad en algunos casos».

Por mi parte, el otro día dejaba en twitter la siguiente reflexión:

El liderazgo es desarrollo y el desarrollo exige coraje para actuar; el liderazgo tiene que ver con la vida, con asumir experiencias

No es casual que el actor Robert Redford, con motivo de una entrevista, afirmase: «La sabiduría tiene que ver con tus experiencias, y es deseable que éstas incluyan la asunción de algunos riesgos. De joven, era mal estudiante y acabaron por expulsarme de la universidad. Me marché a Europa y viví una vida bohemia sin un centavo; ahí fue donde empezó mi verdadera educación».

El liderazgo no se enseña en las aulas, se aprende en la calle. Nadie nace líder, y el liderazgo se desarrolla a través de la universidad de la vida —la verdadera maestra— con valentía y determinación, y a poder ser, con compañeros de viaje experimentados que aporten dirección, orientación y feed-back. El propio Warren Bennis, quizás la persona que más ha estudiado el liderazgo a nivel mundial, fallecido en julio de 2014 y autor entre otras obras de Líderes: Estrategias para un liderazgo eficaz, también decía:

«Los líderes no surgen de la nada. Deben ser desarrollados, educados de tal manera que adquieran las cualidades del liderazgo».

Dentro de cada persona existe la ‘chispa’ del liderazgo, sólo hay que permitirle que vaya tomando forma a golpe de experiencias y paciencia. La pregunta, por tanto, es inmeditata: ¿Cómo desarrollar el liderazgo propio? De dos maneras:

1. Por iniciativa propia. Que es lo más aconsejable, aunque poca gente lo pone en práctica. Robert Kiyosaki, uno de los autores incluidos en Aprendiendo de los mejores (Alienta, 9ª edición), lo expresa con claridad meridiana: «Si quieres ser un líder, ofrécete voluntario en todas aquellas actividades que la mayoría de la gente que no quiere hacer. Crecer significa estar dispuesto a ser cada vez más responsable de ti mismo, de tus acciones, de tu educación continua y de tu madurez. Es cómodo no cambiar, es fácil seguir siendo el mismo, por eso, la mayoría de la gente sigue siendo ella misma toda la vida».

2. Por obligación. Muchas veces la adversidad obliga a sacar y desarrollar el líder que llevamos dentro. A veces, la mejor alternativa es no tener alternativas, porque entonces ya sólo queda una opción: tirar para delante. Blaise Pascal decía: «La adversidad tiene el don de despertar talentos que en la prosperidad hubiesen permanecidos ocultos». Desde la comodidad de la rutina es muy complicado desafiar a nuestros límites. Sin embargo, cuando nos vemos sacudidos por las circunstancias a salir de la zona de confort por la que nos movemos habitualmente, muchas cualidades y habilidades que no habían tenido la posibilidad de manifestarse lo acaban haciendo descubriendo así parcelas de nosotros mismos que desconocíamos.

¿Cuál es la conclusión de todo lo que hemos expuesto aquí?

1. Nadie nace líder.

2. Todo el mundo lleva dentro un líder en potencia.

3. El liderazgo no se enseña, se aprende (desarrolla).

4. Liderazgo es desarrollo y el desarrollo tiene que ver con las experiencias.

5. Si quieres ser un líder, asume la iniciativa: desafíate, rétate y provócate continuamente.

Lo demás queda en tus manos. En Tu futuro es HOY (Alienta, 2ª edición) escribíamos: «El liderazgo se cuece a fuego lento. No hay milagros ni atajos. Se necesita valentía, voluntad, paciencia y resistencia a la frustración. No se siembra hoy y se recoge mañana, es un camino que lleva su tiempo. Muchas veces hay que desaprender comportamientos y paradigmas, trabajar sobre otros nuevos y sufrir el proceso […] Detrás de cualquier logro importante hay mucha reciedumbre y capacidad de sacrificio».

Fuente: Conferenciante, escritor y formador en liderazgo y motivación. Autor del bestseller ‘Aprendiendo de los mejores’.

C. Marco

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El éxito está en tu inconsciente

 

Muchas veces habrás oído que tu calidad de vida depende de la calidad de tus pensamientos. Y esto es así porque la mente funciona del siguiente modo: tus pensamientos determinan tus sentimientos; tus sentimientos tus comportamientos; y tus comportamientos tus resultados.

Un pensamiento no es otra cosa que un impulso de energía que te lleva a actuar de una determinada manera. Nuestra mente ordena y el cuerpo hace. Una forma de pensar ganadora (grande) te lleva a tener comportamientos ganadores (grandes) y por tanto resultados ganadores (grandes)… y también lo contrario sucede. Pero aceptando esto, hay una pregunta que brota de manera inmediata: ¿Por qué unas personas piensan de una manera y otras personas de otra distinta?

La respuesta está en nuestras creencias que son el software de nuestro inconsciente. Y a esto conviene prestarle mucha atención porque condiciona nuestra vida de manera determinante. Creemos que a lo largo del día tomamos muchas decisiones de manera consciente, cuando no nos damos cuenta que todas esas decisiones –producto de lo que pensamos– están previamente condicionadas por nuestro inconsciente –lo que creemos–. Dicho de manera resumida: Tu inconsciente gobierna tu vida.

Por eso hay tanta gente que hace cursos, seminarios, másters… –y todo tipo de formación– pero su vida sigue siendo la mismo. Y esto es así porque sus creencias siguen siendo limitantes, de carencia y escasez. Se ha atacado el ‘efecto’ (lo externo) pero no la ‘causa’ (lo interno).

La pregunta que surge de manera inmediata es cómo puedo trabajar el inconsciente. Y para ello antes de nada, conviene apuntar algunas ideas al respecto:

1. La mente subconsciente funciona según el principio de autosugestión; y el principio de autosugestión abarca todos los estímulos que recibimos por los cinco sentidos, ya sean intencionados (voluntarios) o no intencionados (involuntarios).

2. La mente subconsciente no discute si algo es cierto/falso o bueno/malo, simplemente acepta lo que nosotros le ordenamos o absorbe del entorno como verdadero.

3. La mente subconsciente asume cualquier orden que se le dé con absoluta Fe de manera repetida una y otra vez.

4. El éxito para el dominio de la mente subconsciente estriba en: alimentarla de inputs positivos (a lo que aspiramos) y controlar/dominar los estímulos y las emociones negativas (lo que no deseamos ser). Cada input positivo suma y cada input negativo resta y lo contrarresta: lo relevante es el neto.

5. La habilidad de alcanzar e influir en el subconsciente es una cuestión de hábito y todo hábito se basa en la disciplina. La disciplina mental es la primera ley de la vida. Lo fácil es adoptar la postura cómoda: dejarse llevar en función del viento (circunstancias) que sopla en cada momento. Si no te haces cargo de tu mente, tu mente se hará cargo de ti.

6. Los estímulos negativos se controlan a través de la ‘atención consciente’. Nuestra mente consciente es el guardián de lo que accede al subconsciente y puede paralizar los pensamientos/emociones negativas por medio de la neutralización. Esto escribíamos en el capítulo 27 (Pensamientos) de Tu futuro es HOY (Alienta, 2ª ed.): «La atención consciente es pararte de manera consciente a neutralizar lo que no te conviene para elegir lo que te conviene. Hay un cuarto de segundo entre el momento en el que una persona siente un impulso y el momento en que actúa. Si te das ese cuarto de segundo te puedes cuestionar las decisiones y elegir lo mejor en cada momento». Nada puede llegar a la mente subconsciente sin nuestro consentimiento, por eso, ‘somos dueños de nuestro destino‘.

7. El éxito está en el control mental que reside en la vigilancia permanente de toda influencia (pensamientos/emociones) negativa. Hay que cercar, atrincherar y proteger la mente de lo tóxico (pobreza, escasez, limitación) que es lo que abunda en la masa y la sociedad. Cuida con las redes sociales y los medios de comunicación: hay mucho ruido.

8. Puedes controlar tu mente, pero la mayoría de la gente no ejerce este poder, y queda en manos de las circunstancias (inconsciente colectivo = masa). Así lo refleja Joseph Murphy: «El hombre que no es consciente de su propio poder espiritual está, por lo tanto, sujeto al inconsciente colectivo, la carencia y la limitación».

9. Importante: no somos víctimas de las circunstancias; somos víctimas de nuestra FE, de lo que creemos, esto es, de nuestras creencias incrustadas en nuestra mente subconsciente. Quimby decía: «El hombre es la expresión de sus creencias». Te conviertes en lo que crees, te guste o no.

10. Al Universo no le importa el tamaño de tus metas. Nada es mucho ni poco para el Universo porque para el Universo no existen ningún tipo límites: la frontera que separa lo posible de lo imposible es simplemente una creación de la mente (o sea, tú creas ese límite). No existen los límites, existen las limitaciones, que son creencias mentales. Te da lo que le pides.

11. Todo se basa en el siguiente principio: tu vida ‘exterior’ es un reflejo de tu mundo ‘interior’. Para que cambie tu vida por ‘fuera’ tienes que cambiar tú por ‘dentro’.

La forma de comunicarnos con esa Inteligencia Superior (Poder Supremo, Mente Universal o Fuente) que ordena el Universo es a través de la mente subconsciente. El subsconsciente es la fuerza divina; el subconsciente es lo que eres. Por eso, no atraes a tu vida lo que quieres (conscientemente), sino lo que eres (inconscientemente). Todo lo que allí se deposita se convierte en creencia y se materializa en el plano físico (material), porque nuestras actitudes y comportamientos vienen determinados por esas creencias. Como dice Thomas Troward en La ciencia mental:

«Existe una correspondencia entre nuestra propia actitud mental (subconsciente) y las fuerzas invisibles de la naturaleza. Nuestro pensamiento de cualquier cosa forma un prototipo espiritual de ella, constituyendo así un núcleo o centro de atracción de todas las condiciones necesarias para su eventual externalización por una ley de crecimiento inherente al propio prototipo».

Y añade:

«La ley es siempre la misma: nuestros pensamientos  forman un prototipo espiritual que, si se deja intacto (no cambiamos a cada instante), se reproducirá en las circunstancias externas. Pero según el tipo de prototipo que formamos, atraeremos lo negativo con la misma ley que atraemos lo positivo».

Somos nuestros pensamientos (estímulos) dominantes que se transforman en creencias en nuestro subconsciente que emiten una frecuencia (vibración) que se envía al Universo y que nos responderá con las personas, circunstancias y situaciones precisas (positivas o negativas) para que eso se haga realidad. No es casual que Napoleon Hill en Piense y hágase rico apunte:

«Nuestros cerebros se magnetizan con los pensamientos que dominan nuestra mente y que, por medios con los que no estamos familiarizados, estos ‘imanes’ atraen hacia nosotros las fuerzas, las personas y las circunstancias de la vida que están en armonía con la naturaleza de nuestros pensamientos dominantes. El Universo transforma, por algún mecanismo, en realidad física nuestros pensamientos dominantes».

Somos conciencia creadora porque somos nuestra atención: en lo que te concentras es lo que atraes. Da igual lo que quieres, lo importante es en lo que pones atención: allí donde va tu atención va tu vida. Esto es: Da igual si quieres cosas positivas pero tu mente se centra en lo negativo; lo relevante no es lo que quieres sino en lo que pones tu atención

Y eso es habitualmente lo que pasa: que estamos centrados en lo que no queremos y en emociones netativas (críticas, quejas, reproches, rencores, envidias…) que son como tomarse veneno espiritual para nuestra vida. La Física Cuántica lo dice claro: la realidad no existe; la realidad la estamos creando a cada instante con la frecuencia que desprendemos desde nuestro inconsciente que es el almacén de nuestros pensamientos dominantes. Por eso, como decía Wayne W. Dyer: «Cuando cambiamos nuestra forma de mirar las cosas, las cosas que miramos cambian». Cuando alteramos nuestra forma de pensar alteramos las cosas que nos ocurren. Las personas somos energía vibrando en diferentes frecuencias.

En definitiva, o controlas tu mente o tu mente te controla a ti. Entrenar y dominar la mente es la habilidad más importante para el éxito y la felicidad, porque todos nuestras acciones/movimientos son el producto de lo que la mente dicta: la mente ordena y el cuerpo hace. El éxito es un estado mental sostenido a lo largo del tiempo. Y todo hay que decirlo: la mente tiende de manera natural a lo negativo, por eso se exige determinación, esfuerzo y coraje para lograrlo, pero en ello nos va la vida.

Dos personajes incluidos en Aprendiendo de los mejores (Alienta, 9ª edición) reflejan lo apuntado, tu vida es el reflejo de tu inconsciente. El primero es Earl Nighingale quien afirmaba: «Cualquier cosa que plantemos en nuestra mente subconsciente y nutramos con repetición y emoción, un día se convertirá en realidad»; el segundo es Emmet Fox quien decía: «Su principal tarea en la vida es crear dentro de usted el equivalente mental de lo que quiere hacer realidad y disfrutar en el mundo».

A raíz de lo visto, podemos concluir dos características del subconsciente:

1. Su fuerza creadora: lo que se convierte en creencia en tu subconsciente (interior) se acaba manifestando en forma de realidad física (exterior). El reino espiritual está dentro de nosotros y así como lo concebimos, así se acaba convirtiendo en un hecho tangible. Tu vida es un reflejo exacto y perfecto de lo que albergas dentro de ti.

2. Su principio de funcionamiento: que es la autosugestión, y por tanto, en la medida que tomamos conciencia de esto podemos convertirnos en aquello que deseamos. La mayoría no es consciente de su poder y el resultado no es difícil de predecir, quedar en manos de las circunstancias (entorno). Así lo refleja Thomas Troward:

«Los no instruidos tienen poca o ninguna opción: forman su concepto de acuerdo con la tradición que han recibido de otros, y hasta que no aprendan a pensar por sí mismos, tendrán que respetar y aceptar los resultados de esa tradición. Y seguirán así, hasta que admitan que las leyes naturales no admiten ninguna excepción [es para todos igual], y que por defectuosa que la idea tradicional sea, su aceptación implicará una reacción correspondiente a la Mente Universal, que se refleja en la vida externa de la persona. Pero aquellos que entiendan la Ley de la materia, no tendrán a quien echar la culpa, sino a sí mismos, si no obtienen todos los beneficios posibles de la misma».

Para quienes saben cómo funcionan las leyes mentales sólo hay un camino: la autorresponsabilidad. Tu éxito en la vida depende de la relación que tengas con tu mente subconsciente. Somos dueños de nuestro destino en la medida que somos dueños de nuestro subconsciente, teniendo en cuenta que el Universo es un catálogo de infinitas posibilidades, y que la creencia en la limitación es la única cosa que causa la limitación. Si no trabajas tu inconsciente, tus posibilidades de éxito son limitadas. No cambiarás tu vida a menos que cambies tu inconsciente. Lo primero es tener el control de uno mismo. O con otras palabras: El control de tu vida depende del control de tu mente subconsciente. Trabaja tu inconsciente y tu inconsciente trabajará para ti.

Fuente: Conferenciante, escritor y formador en liderazgo y motivación. Autor del bestseller ‘Aprendiendo de los mejores’.

C. Marco

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Y tú, ¿sabes cuál es tu propósito de vida?

Uno de mis libros preferidos de networking es Nunca comas solo de Keith Ferrazzi. Aquí he hablado en distintas ocasiones sobre él, por ejemplo en 50 claves para un networking eficaz.

Hoy le vuelvo a citar otra vez, porque en sus páginas el autor cuenta algo relevante. Creemos que las personas que logran cosas extraordinarias son personas con habilidades extraordinarias —la mayoría creen que son innatas— o que esos pocos son los elegidos por el universo para cumplir una misión especial. Tal vez esas habilidades sean el resultado del estudio y de la práctica como consecuencia de algo previo: la vocación (vinculada a un propósito de vida). Así, Keith Ferrazzi dice lo siguiente:

«James Champy, considera que el éxito es sobre todo, una cuestión que depende de nuestros sueños. En su libro Ambición: Los secretos de los grandes líderes, Champy concluyó que las habilidades de líderes como Ted Turner, Michael Dell o Jack Welh son menos importantes que el hecho de que todos ellos poseen una vocación clara que los motiva en todo lo que hacen».

El propio Ferrazzi con palabras suyas explica:

«Las ambiciones humanas son como las carpas japonesas. Crecen en proporción al medio en que se encuentran. Nuestras ambiciones crecen según el tamaño de nuestros sueños y el conocimiento de nuestra vocación. Trazarse metas y revisar nuestro progreso en cuanto a alcanzarlas es menos importante, a mi juicio, que el proceso de decidir emocionalmente qué quieres hacer».

Ese ‘decidir emocionalmente lo que quieres hacer’, es el próposito, la visión, lo que vendría a ser el sentido, el para qué, en definitiva, la vocación personal. Ya sabes: quien tiene un porqué para vivir siempre acaba encontrando el cómo. En el fondo, es el mensaje central del libro El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl o el mensaje de Harold Kushner en Cuando a la gente buena le pasan cosas malas, donde escribe:

«Nuestras almas  no están hambrientas de fama, confort, riqueza o poder. Estas recompensas crean casi tantos problemas como resuelven. Nuestras almas están hambrientas de significado, de saber cómo vivir para que el mundo sea por lo menos un poco distinto tras haber pasado nosotros por él»

En Tu futuro es HOY (Alienta, 2ª edición) también recogemos las siguientes palabras de James Allen, autor de Como un hombre piensa, así es su vida:

«Aquellos que no tienen un propósito central en su vida son una presa fácil de un buen número de preocupaciones, miedos, problemas, y de la autocompasión. lo cual les conduce, como si hubieran planeado de un modo seguro y deliberado, hacia su propio fracaso, infelicidad y perdición. Un hombre debe concebir un propósito legítimo en su corazón y plantearse lograrlo. Tiene que convertir ese propósito en su máximo deber, y se debe dedicar a conseguirlo sin permitir que sus pensamientos se alejen divagando entre efímeras fantasías anhelos e imaginaciones».

Sin un propósito definido es fácil quedar a la deriva y nunca dar lo mejor de uno mismo siendo víctima de la pereza, de la resignación o del cansancio. Uno cumple el expediente, la papeleta, pero poco más. Propósito de vida y compromiso incondicional van de la mano.

Hace unos días, mi colega Ángel Sanz [@proyectowow], al que he invitado en un par de ocasiones a dos eventos de Aprendiendo de los mejores (Alienta, 8ª edición), en su columna semanal de los sábados del diario Expansión, con el título Hola Sísifo comentaba lo siguiente: «En la famosa academia militar de Westpoint, en 2004 se realizó un estudio muy interesante con la nueva promoción de cadetes. Es de sobra conocido que los primeros 2 meses de instrucción tienen que pasar por un proceso que pretende identificar a ‘los más débiles’ y eliminarlos. Para ello les obligan a pasar por una serie de situaciones límite que pone a prueba su capacidad. Un altísimo porcentaje no lo supera. El estudio analizó 1.200 rookies que fueron medidos previamente por su capacidad intelectual (resultados de la selectividad y notas medias) por su capacidad física y mental (pruebas de fuerza, velocidad y resistencia) y por lo que se llamaba ‘Grit’ que es su capacidad de mantenerse fiel a un objetivo a largo plazo sin desistir. Pues bien, el resultado de este estudio fue que el mejor indicador para prever si un cadete iba a ser capaz de superar este período de exigencia extrema o no, era el ‘Grit’. No era una cuestión de talento, ni de físico ni de dureza mental sino de lo importante que era para ellos estar en West Point, o lo que terminar el programa en West Point iba a aportar para cumplir con su propósito. Para tener altos niveles de ‘grit’ todo empieza por saber para qué se hacen las cosas, cuál es el objetivo final. El siguiente paso es que ese objetivo trascienda. Que no sea personal, que no sea individual que sirva para algo. Un cadete de West Point tiene muchas más posibilidades de pasar el período de prueba si tiene el convencimiento de que su misión es defender a su país que si lo hace por tener un puesto en el Pentágono. Sin embargo, la consecuencia es que el que llega a West Point con un propósito que le trasciende tiene muchas más posibilidades de terminar en el Pentágono que aquel que lo tiene como objetivo personal.»

De las palabras de Ángel Sanz hay que destacar dos cosas que van unidas: primera, ese para qué, ese propósito, ese sentido de vida tan necesario; segunda, ese próposito tiene que ver con aportar valor a la gente (ver post La palabra más importante para tener éxito) algo que trasciende a uno mismo y genera un resultado tangible en los demás (motivación trascendente).

Quizás por eso José Silva, creador del Método Silva decía: «Si quiere que una meta ocurra en su vida, asegúrese de que no sólo le ocurra a usted sino a dos personas más»; o el actor Will Smith: «Si no estás haciendo que la vida de alguien sea mejor estás desperdiciando tu tiempo».

Toda persona debería buscar su propósito o visión a largo plazo, que es lo que da sentido a la vida, y que luego se concreta y materializa en metas a corto y medio plazo para bajarlas a tierra. El propósito es un slogan genérico pero ambicioso que marca siempre el rumbo y que reposa en planes y acciones detallados para ir avanzando hacia ese fin.

Fuente:Conferenciante, escritor y formador en liderazgo y motivación. Autor del bestseller ‘Aprendiendo de los mejores’.

C. Marco

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